En Santa Fe el dengue dejó una huella sanitaria difícil de ignorar. Después de una temporada 2024-2025 en la que la provincia llegó a acumular miles de casos confirmados, y con el Aedes aegypti instalado en buena parte del territorio, investigadores argentinos trabajan sobre una estrategia diferente: en lugar de combatir al mosquito directamente, buscan que sea el propio organismo de una persona o un animal vacunado el que genere anticuerpos capaces de afectar su supervivencia.
Una vacuna busca que el propio mosquito sea el blanco contra el dengue
Científicos del CONICET lograron reducir en laboratorio la supervivencia del Aedes aegypti mediante anticuerpos generados en bovinos. El trabajo, publicado en la revista Vaccine, abre una línea experimental que podría complementar las estrategias tradicionales de control del vector.

El avance fue desarrollado por especialistas del Conicet y de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), junto con investigadores de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) y de la UBA-Conicet. Los resultados fueron publicados en agosto en la revista científica Vaccine. El estudio constituye, por ahora, una prueba de concepto: todavía no existe una vacuna disponible para personas ni una fecha estimada para su eventual aplicación sanitaria.

La idea es tan sencilla como novedosa: que el mosquito, al picar a una persona vacunada, ingiera junto con la sangre anticuerpos dirigidos contra estructuras fundamentales de su organismo. Esos anticuerpos podrían interferir con su fisiología y disminuir sus posibilidades de sobrevivir el tiempo suficiente como para transmitir un virus.
“En lugar de atacar directamente al mosquito mediante un insecticida, el objetivo es que el propio hospedador (personas o animales) genere, a partir de una vacuna, anticuerpos contra proteínas importantes para la fisiología del insecto que reduzcan de forma significativa su supervivencia después de la alimentación sanguínea”, explicó Gabriel Briones, investigador del Conicet en el Instituto de Investigaciones Biotecnológicas (IIBIO-CONICET-UNSAM) y uno de los responsables del trabajo.

El estudio se concentró en el intestino del Aedes aegypti. Allí se forma, después de que el mosquito ingiere sangre, una estructura denominada matriz peritrófica, que interviene en la digestión y en la protección del epitelio intestinal.
A partir de regiones seleccionadas de tres proteínas vinculadas con esa estructura, el equipo desarrolló mediante ingeniería genética un antígeno recombinante denominado PT-3. Con él inmunizaron bovinos para generar anticuerpos específicos.

Luego llegó la prueba decisiva. Los mosquitos no fueron colocados sobre los animales vacunados. Las hembras de Aedes aegypti se alimentaron mediante un sistema artificial, a través de una membrana, con sangre suplementada con suero obtenido de los bovinos inmunizados. Como grupo de control se utilizó suero de los mismos animales antes de la inmunización.
El resultado fue significativo: los mosquitos que ingirieron sangre con anticuerpos contra PT-3 presentaron una reducción de la supervivencia respecto de los grupos de control. La mayor mortalidad se produjo durante los primeros tres días posteriores a la alimentación, precisamente cuando el intestino atraviesa una intensa actividad digestiva.
“Reducir la supervivencia del mosquito es un factor crítico para la transmisión: cuanto más tiempo vive una hembra infectada, mayores son las posibilidades de que complete el período necesario para convertirse en un vector infectante y de que posteriormente se alimente de diferentes personas”, explicó Idalia Pérez Leyva, primera autora del trabajo.

El mecanismo apunta, por lo tanto, a cortar uno de los eslabones de la cadena de transmisión. Una hembra que adquiere el virus al alimentarse de una persona infectada necesita sobrevivir el tiempo suficiente para que el virus se replique y llegue a las estructuras desde las cuales podrá transmitirlo durante nuevas picaduras. Si su supervivencia se reduce, también disminuyen esas oportunidades.
Un problema que Santa Fe conoce de cerca
El hallazgo adquiere especial relevancia para Santa Fe, una de las provincias que más sufrió la epidemia de dengue de 2024. Según antecedentes difundidos por El Litoral a partir de los registros epidemiológicos, durante ese año se contabilizaron 61.446 casos confirmados en la provincia, de los cuales 19.298 habían sido confirmados por laboratorio.
La temporada siguiente también tuvo una fuerte incidencia. En mayo de 2025, el Boletín Epidemiológico Nacional registraba 7.777 casos confirmados en Santa Fe desde el comienzo de la temporada 2024-2025, entre dengue y dengue durante la gestación. De ese total, 7.479 no tenían antecedente de viaje, una señal de la circulación autóctona del virus en el territorio provincial.

La ciudad de Santa Fe también ingresó en ese mapa. A mediados de febrero de 2025, cuando todavía no se habían detectado casos autóctonos en la capital provincial, El Litoral daba cuenta de 83 casos confirmados en Santa Fe desde agosto de 2024, distribuidos principalmente en los departamentos Rosario, Castellanos, San Lorenzo, San Cristóbal y Belgrano. Poco después, se detectó el primer caso autóctono en la ciudad de Santa Fe y se activó el correspondiente operativo de bloqueo.
En la temporada 2025-2026, en cambio, el escenario provincial fue mucho más favorable. El informe epidemiológico de Santa Fe correspondiente a mayo de 2026 indicaba que no se había detectado circulación autóctona y que se habían confirmado dos casos importados, uno por DEN-2 y otro por DEN-3.

La propia Provincia informó posteriormente que la temporada 2025-2026 cerró sin casos autóctonos y con esos dos casos importados bloqueados rápidamente. En paralelo, el programa Objetivo Dengue había superado las 171.000 dosis aplicadas y mantenía una estrategia de vacunación focalizada, vigilancia epidemiológica, control vectorial y producción de repelente.
Ese contraste no implica que el problema haya desaparecido. La presencia del Aedes aegypti y la posibilidad de que ingresen casos desde otras regiones mantienen abierta la puerta a nuevos brotes cuando las condiciones ambientales favorecen la proliferación del mosquito.
Una herramienta más, no un reemplazo
Justamente allí aparece el potencial de la investigación del Conicet. Los científicos no plantean reemplazar el descacharrado, la eliminación de recipientes con agua, el control de criaderos ni el uso de insecticidas, sino sumar una herramienta a ese conjunto de estrategias.
Laura Basile, investigadora del Conicet y también integrante del equipo, señaló que las vacunas dirigidas contra el vector podrían convertirse en una alternativa complementaria frente a algunas limitaciones del control convencional, entre ellas la dificultad de eliminar todos los criaderos en los ambientes urbanos y la aparición de resistencia a determinados insecticidas.

El equipo ya había obtenido resultados preliminares con un antígeno precursor en experimentos realizados con ratones. Esos animales también fueron inmunizados y sus sueros posteriormente utilizados en sistemas de alimentación artificial de los mosquitos. Los resultados alentaron el desarrollo del antígeno quimérico PT-3 y su evaluación en bovinos.
La investigación publicada ahora demostró que los anticuerpos generados pueden ser ingeridos por los mosquitos durante la alimentación y producir un efecto biológico sobre ellos. El trabajo científico, sin embargo, no demostró todavía que esta estrategia reduzca la transmisión del dengue en condiciones reales ni que pueda utilizarse en seres humanos.

De hecho, los investigadores remarcan que quedan numerosas etapas por delante: mejorar el diseño de los antígenos, comprobar su eficacia y seguridad, determinar cuánto dura la respuesta inmunitaria y atravesar las etapas preclínicas, clínicas y regulatorias correspondientes.
Pero el concepto podría ir incluso un paso más allá. Gabriel Briones planteó la posibilidad de que, en el futuro, un antígeno como PT-3 no necesariamente tenga que constituir una vacuna independiente, sino que pueda evaluarse como componente de una vacuna destinada a generar inmunidad contra los propios virus transmitidos por el Aedes.
La idea sería actuar sobre los dos protagonistas indispensables de la transmisión: el virus y el mosquito.

Por ahora, ese escenario pertenece al terreno de la investigación. Lo que los científicos consiguieron demostrar es el primer eslabón: que es posible inmunizar a un hospedador para producir anticuerpos que, una vez ingeridos por el Aedes aegypti, reduzcan de manera significativa su supervivencia después de alimentarse.
Aunque la última temporada terminó sin circulación autóctona, la experiencia dejó una certeza sanitaria: mientras el Aedes aegypti siga presente, el dengue seguirá siendo una amenaza que exige vigilancia y prevención sostenidas.








