En Colastiné Sur, la preocupación por una posible creciente del Paraná no espera a que el agua llegue. Mientras los pronósticos climáticos advierten sobre la evolución del fenómeno El Niño y su posible impacto sobre las lluvias y los niveles de los ríos de la región, los vecinos de uno de los sectores más vulnerables de la ciudad de Santa Fe comenzaron a organizarse para tratar de amortiguar las consecuencias de una eventual inundación.
Colastiné Sur: vecinos limpiaron canales y reforzaron defensas ante el temor de una nueva inundación
La comunidad de uno de los sectores más expuestos de la ciudad comenzó a tomar medidas preventivas por cuenta propia mientras coordina asistencia del Estado. La memoria de las crecientes, especialmente la última de 2015-16, vuelve a ocupar un lugar central. “Tenemos que estar organizados antes de que llegue el agua. No podemos empezar a pensar qué hacemos cuando ya estamos inundados”, plantea la vecinalista Marcela Fernández.

El Servicio Meteorológico Nacional (SMN) informó en julio que las condiciones del sistema ENSO eran consistentes con una fase cálida o El Niño y estimó una probabilidad cercana al 100% de que esa fase se mantuviera durante el trimestre julio-agosto-septiembre. A su vez, la NOAA elevó en agosto a más del 90% la probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad muy fuerte durante el último trimestre del año, aunque la intensidad de El Niño no permite por sí sola determinar cómo será una inundación particular en Santa Fe.

En ese escenario, la comunidad barrial de Colastiné Sur vuelve a mirar hacia sus terraplenes, canales y reservorios. Pero también hacia su propia memoria, la de uno de los barrios más antiguos de la ciudad, fundado como Puerto Obligado o Puerto Preciso el 31 de diciembre de 1662.
“Tenemos mucha preocupación y angustia adelantada por la posible llegada de El Niño y las inundaciones”, resume Marcela Fernández, vecinalista de Colastiné Sur. El temor no se limita a los daños materiales: entre los vecinos existe también la preocupación de tener que abandonar sus viviendas y quedar expuestos a robos.

“Tenemos miedo de que si tenemos que dejar nuestras casas, además de perder nuestras cosas por el agua, después tengamos que lamentar que nos roben lo poco que nos quedó”, explica Fernández. Y no lo dice exagerando. Ya les ocurrió durante inundaciones pasadas. Incluso hubo usurpaciones.
Dos Colastiné Sur frente al agua
El barrio presenta dos realidades hídricas muy diferentes. El sector ubicado al sur de la Ruta Nacional 168 cuenta con un anillo de defensa contra inundaciones. Allí, el problema no desaparece: el terraplén, las filtraciones, las napas y el funcionamiento del sistema de drenaje son factores que pueden condicionar la protección.
Al norte de la ruta, en cambio, se encuentra un sector asentado sobre un albardón de cota insegura, en inmediaciones del Club de Caza y Pesca, sobre la calle Puerto Preciso. Es la zona que históricamente recibe primero el impacto de las crecientes y que puede comenzar a inundarse con niveles del Paraná próximos al umbral de evacuación.
Durante la creciente de 2015-2016, la mayoría de los evacuados de Colastiné Sur habitaban sus viviendas al norte de la Ruta 168, en la zona indefensa. El agua llegó a cubrir el camino de acceso y algunos vecinos permanecieron en los primeros pisos de sus casas, a los que solo podían acceder desde la ruta mediante embarcaciones, como lanchas y canoas de pescadores.

En febrero de 2016, cuando el Paraná se acercaba a los 6 metros, Colastiné Sur evidenció que es uno de los puntos vulnerables del sistema de defensas de Santa Fe. Por aquellos días hubo 131 personas evacuadas.
La experiencia más reciente todavía permanece en la memoria de los habitantes. “El antecedente más fuerte que tenemos es el de 2015-16. Fue muy complicado”, recuerda Fernández. Sin embargo, destaca que aquella vez la situación pudo ser contenida gracias a una enorme movilización comunitaria.
“En ese momento trabajamos todos juntos. Estuvo el gobernador Lifschitz, estuvo Escajadillo (Defensa Civil), estuvieron los bomberos voluntarios, los soldados, las escuelas, las iglesias de todos los credos. Llegamos a tener 200 personas trabajando sobre el terraplén”, recuerda.

Para la vecinalista, aquella experiencia dejó una enseñanza que hoy vuelve a cobrar valor: el conocimiento de quienes viven en el lugar puede ser tan importante como los estudios técnicos cuando se trata de decidir dónde y cómo intervenir.
Canales, terraplén y una columna en medio del agua
Por eso, mientras realizan gestiones ante las autoridades, los vecinos comenzaron a avanzar con tareas preventivas por sus propios medios. “Mandamos notas a todas las autoridades que tienen injerencia para pedir el desmalezamiento del terraplén y que se revisen todas las partes que necesiten reparación o refuerzo”, señala Fernández.
En materia de defensas, el Gobierno de la provincia realizó recientemente un trabajo integral sobre el anillo de defensa de Colastiné Sur, que incluyó tareas de alteo, relleno, estabilizado y coronamiento del terraplén.

La Municipalidad de Santa Fe, por su parte, informó a El Litoral que viene realizando tareas de repaso y limpieza de los canales y cunetas internas del barrio, con el objetivo de favorecer un escurrimiento más rápido del agua hacia las estaciones de bombeo. Según indicó el municipio, en los próximos días sus cuadrillas volverán a intervenir en la zona.
Los trabajos forman parte de una estrategia más amplia de mantenimiento del sistema de protección hídrica de la ciudad. Santa Fe cuenta actualmente con 54 puntos operativos de bombeo, entre estaciones fijas y equipos móviles que pueden ser trasladados y puestos en funcionamiento en los lugares donde resulten necesarios ante un evento de lluvias importantes.
En Colastiné Sur existe una estación fija de bombeo, mientras que el sistema se complementa con equipamiento móvil que permite reforzar la capacidad de extracción de excedentes hídricos de acuerdo con las necesidades que plantee cada emergencia.

Desde la Municipalidad señalaron que, al comienzo de la actual gestión, se detectó que cerca del 30% del sistema presentaba algún tipo de deficiencia, entre ellas problemas en estaciones, defensas y desagües, además de bombas fuera de funcionamiento. A partir de entonces, se llevan adelante tareas de mantenimiento, recuperación y puesta a punto de la infraestructura, con el objetivo de fortalecer la capacidad de respuesta ante un eventual escenario asociado a El Niño.
También se realiza el mantenimiento y control de los equipos para garantizar su funcionamiento ante un evento hídrico y se avanza en la incorporación de bombas de respaldo. La intención es contar con equipamiento disponible frente a eventuales fallas, particularmente en situaciones en las que puedan producirse cortes de energía.
La prevención municipal también incluye el trabajo directo con los vecinos. A través del programa “Comunidad Preparada”, se realizan capacitaciones en distintos barrios sobre protocolos de actuación ante emergencias hídricas y la elaboración de un Plan de Contingencia Familiar. En Colastiné Sur, el taller se realizó el 29 de junio.

Mientras tanto, la organización vecinal continúa. “Estamos limpiando y profundizando los canales que van hacia la casa bomba. Nos estamos organizando entre nosotros porque no podemos esperar a que llegue la Municipalidad”, sostiene Fernández.
Uno de los reclamos puntuales tiene que ver con una columna de media tensión ubicada dentro de un canal. Según Fernández, la vecinal viene reclamando a una empresa que retire esa estructura porque, sostiene, obstaculiza el escurrimiento.
La preocupación se extiende también a los reservorios y terrenos fiscales ubicados junto a la Ruta 168. Los vecinos pretenden que se impida allí el movimiento de suelo y la construcción de nuevas viviendas.
Esos espacios, explica la vecinalista, tienen una función de emergencia que la comunidad conoce por experiencia: durante las inundaciones son utilizados para instalar refugios transitorios y concentrar a familias que deben abandonar sus hogares.

“Esos terrenos son nuestros lugares de refugio cuando tenemos una emergencia. No puede ser que ahora se ocupen para hacer casas de fin de semana y que, cuando llegue una inundación, no tengamos dónde llevar a nuestra gente”, reclama.
Una historia escrita con inundaciones
Fernández conoce esa realidad desde hace décadas. Vive en la zona desde hace 53 años y asegura que la memoria del barrio permite reconocer los lugares donde el agua puede avanzar, donde se corta un camino y qué sectores necesitan ser reforzados antes de que llegue una creciente.
La historia reciente del barrio confirma buena parte de esos recuerdos.
En diciembre de 2015, cuando el Paraná llegó a 5,90 metros, el municipio recomendaba evacuar Colastiné Sur. Las viviendas ubicadas por fuera del anillo de defensa ya estaban bajo agua y sus habitantes retiraban camas, colchones y otras pertenencias.

Aquella vez, El Litoral documentó incluso filtraciones dentro del sector defendido. Una vivienda comenzó a recibir agua a través del suelo pese a encontrarse dentro del anillo de defensa.
La zona del Club de Caza y Pesca sufrió varias inundaciones y los antiguos habitantes conocen perfectamente el comportamiento del río. Allí puede comenzar a entrar agua con una altura cercana a los 5,50 metros.

Pero el problema no es sólo el río. También hubo momentos en los que el conflicto se generó por la falta de escurrimiento. En otras crecientes, vecinos reclamaron más bombas para extraer el agua acumulada y señalaron que las napas habían colapsado, mientras la Vecinal advertía sobre construcciones realizadas sobre el canal de guarda.
La memoria de los vecinos como mapa
Para Fernández, esa experiencia acumulada debería ser tenida en cuenta al momento de planificar nuevas obras. “Nosotros no queremos ponernos en contra del gobierno. Queremos colaborar desde nuestra experiencia y desde lo que sabemos del lugar”, afirma. Y agrega: “Queremos que nos escuchen porque somos nosotros los que sabemos dónde entra el agua, dónde se acumula, qué canal funciona y cuál necesita una intervención”.
La organización comunitaria también busca trascender la coyuntura. Los vecinos impulsan la creación de un comité de emergencia que reúna a instituciones de distintos puntos de la costa para coordinar respuestas ante una eventual inundación. “Tenemos que estar organizados antes de que llegue el agua. No podemos empezar a pensar qué hacemos cuando ya estamos inundados”, plantea Fernández.
La preparación tiene incluso una dimensión simbólica. Los vecinos trabajan sobre el terraplén también para una procesión con la imagen del Niño Jesús de Praga, patrono de Colastiné Sur. “Tenemos que trabajar, organizarnos y también tener fe”, dice la vecinalista.

En Colastiné Sur, la preparación ante una posible creciente combina así dos herramientas que los vecinos consideran inseparables: la infraestructura y la organización comunitaria. De un lado, canales, bombas, terraplenes, reservorios y defensas; del otro, una comunidad que conoce el comportamiento del agua porque lo ha padecido durante generaciones.
A esa organización se suma ahora el despliegue de las distintas áreas del Estado. La Provincia intervino sobre el anillo de defensa y la Municipalidad mantiene y refuerza canales, estaciones y equipos de bombeo, además de capacitar a los vecinos para actuar ante una emergencia. La cuestión central, para una zona históricamente expuesta, es que esas acciones estén preparadas antes de que una eventual creciente o un período de lluvias intensas ponga a prueba nuevamente el sistema.

La historia del barrio muestra que ninguna defensa es completamente ajena al riesgo. En 2015-2016, incluso el sector protegido sufrió filtraciones y el área ubicada fuera del anillo debió ser evacuada. Ahora, ante el nuevo escenario climático, los vecinos prefieren adelantarse.
“Si tenemos que enfrentar otra inundación, queremos estar preparados. Pero también queremos que el Estado escuche lo que nosotros aprendimos durante todos estos años”, cierra Fernández.
En Colastiné Sur los vecinos conviven con el agua, forma parte de la memoria colectiva, por ello la prevención empieza mucho antes de que el río alcance el terraplén.








