Hace veinte mil años, donde hoy viven miles de familias entre San José del Rincón, Colastiné Norte y Arroyo Leyes, no había calles, barrios ni defensas. Tampoco existía la laguna Setúbal tal como se la conoce hoy. En cambio, un campo de dunas, similar a los que actualmente pueden verse en algunas regiones áridas del país, dominaba el paisaje de la costa santafesina.

Ese viaje hacia un pasado remoto fue el punto de partida del conversatorio "Prehistoria e historia del paisaje de Rincón", que brindó este sábado el geólogo e investigador de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas (FICH-UNL), Carlos Ramonell, en la sede de la Vecinal Rincón Centro.
La actividad formó parte del cierre de la asignatura optativa "Patrimonio y desarrollo sostenible en San José del Rincón", de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU-UNL), y reunió a integrantes del Concejo Municipal de Rincón, funcionarios de Aguas Santafesinas, representantes de la Municipalidad, vecinalistas, docentes, estudiantes y vecinos.

Pero la charla trascendió el interés académico. En una región donde vuelve a crecer la atención sobre la evolución del fenómeno El Niño y las posibles consecuencias hidrológicas para el Litoral, Ramonell propuso una idea sencilla y, al mismo tiempo, profunda: para anticipar el futuro primero hay que entender cómo nació el territorio.
"No se trata solamente de contar una historia geológica. Se trata de explicar por qué hoy pasan las cosas que pasan", resumió el experto ante un atento auditorio.
Un desierto en medio del Paraná
Quien recorre hoy la Ruta Provincial 1 encuentra un paisaje característico del litoral: bosques ribereños, lagunas, riachos, humedales, albardones, canales y viviendas que se suceden desde Colastiné Norte hasta Arroyo Leyes, y más allá al norte también, en las distintas localidades del corredor costero.
Sin embargo, según explicó Ramonell, esa franja elevada sobre la que crecieron las localidades costeras no fue construida por el río Paraná. "La zona sobreelevada que está en el medio de la planicie de inundación del Paraná corresponde a los vestigios de un campo de dunas eólicas que se formó durante la última glaciación global que ocurrió en nuestro planeta hace 20.000 años", explicó.
Aquella última glaciación afectaba principalmente a la Cordillera de los Andes y modificó profundamente el clima de buena parte de Sudamérica. "Era un paisaje parecido al de algunos campos de médanos que hoy pueden verse en Catamarca o San Juan, alimentado por las arenas del río Paraná que debió haber mermado sus caudales respecto de los de hoy día", comparó el geólogo.

Con el paso de miles de años el Paraná fue reocupando la región, pero aquellas antiguas dunas nunca desaparecieron completamente. Permanecieron como una especie de "isla" elevada dentro de la enorme planicie de inundación.
Por esa razón Rincón, Colastiné Norte y Arroyo Leyes suelen mantenerse por encima de las crecidas ordinarias del río, aunque los eventos extraordinarios pueden superar esa protección natural.

“A diferencia del grueso de la planicie de inundación, que tiene una cubierta limosa y arcillosa, esta zona tiene un característico suelo arenoso”, describió Ramonell. “Esto ocurre justamente por su origen, es decir, por haber sido dunas”, agregó para explicar que dicha característica “hace que durante las inundaciones del Paraná el agua circule muy fácilmente y pueda ingresar a terrenos bajos por debajo del suelo, es decir, por el ascenso del nivel freático, a diferencia de un suelo arcilloso, en el que se manifiesta de otra manera”.
El viento sigue gobernando el agua
Para Ramonell, comprender ese origen permite responder muchas preguntas cotidianas que suelen atribuirse únicamente a la lluvia o al crecimiento urbano. "Las dificultades en el drenaje del área están asociadas a que se construye sobre un paisaje que fue modelado por el viento, no por el agua", explicó el experto.
Mientras los ríos organizan naturalmente una red de cauces que facilita el escurrimiento, las dunas generan un relieve irregular que dificulta la circulación superficial. "El viento hace una morfogénesis que muchas veces inhabilita el flujo del agua ya que no sigue las pendientes regionales", señaló Ramonell.

Por eso, durante lluvias intensas o cuando coinciden precipitaciones con niveles elevados del Paraná, aparecen anegamientos cuya distribución parece caprichosa. "Tenemos esa distribución de encharcamientos y anegamientos de cierta forma caótica cuando vienen épocas de lluvias intensas o el río está muy alto", afirmó.
Incluso algunos problemas urbanos encuentran allí su explicación. "Por qué se forman pozos en las calles cada tanto también tiene que ver con la falta de compactación de esos terrenos por ese modelado eólico característico de las dunas", sostuvo.
Una geología que sirve para tomar decisiones
Lejos de quedar restringido a los laboratorios universitarios, ese conocimiento ya fue utilizado para resolver obras de infraestructura, como la reciente obra del gasoducto metropolitano. Ramonell contó durante la charla cuál fue la experiencia del equipo de trabajo y cómo sirvió todo ese conocimiento para construir el ducto por debajo de la laguna Setúbal.
La exposición también repasó cómo evolucionaron el río Colastiné, el riacho Santa Fe, el arroyo Leyes y la propia laguna Setúbal, apoyándose en mapas históricos —entre ellos uno de 1856 que reconstruye el antiguo trazado del Colastiné— y en investigaciones geomorfológicas desarrolladas durante décadas.

Además, Ramonell vinculó esos estudios con el Inventario Nacional de Humedales elaborado para el tramo santafesino del río Paraná, una herramienta que busca aportar información científica para orientar el ordenamiento territorial y la planificación de obras.
Una laguna que nunca deja de cambiar
Uno de los capítulos más interesantes estuvo dedicado a la laguna Setúbal. Ramonell contó por qué existe y cuál va a ser su transformación futura. Según explicó, el sistema continúa modificándose por procesos naturales vinculados al avance del delta del Leyes, a los cambios en los cauces y también a los efectos que dejó la histórica bajante registrada entre 2019 y 2022.

Aquella sequía extraordinaria, ampliamente documentada por El Litoral, dejó al descubierto bancos de arena, alteró la navegación, modificó ambientes acuáticos y aceleró procesos geomorfológicos cuyos efectos todavía son estudiados por especialistas. "Veremos qué incidencia tienen para el futuro de la zona los cambios que se están produciendo", señaló el experto.
Mirar el cielo sin olvidar el suelo
La conferencia brindada este sábado adquiere una actualidad particular porque los principales centros internacionales de monitoreo climático coinciden en que El Niño ya se encuentra instalado y existen altas probabilidades de que continúe fortaleciéndose durante los próximos meses, con escenarios que incluso contemplan la posibilidad de alcanzar una intensidad muy fuerte hacia fines de 2026.
Los especialistas recuerdan, sin embargo, que la presencia de un evento intenso no implica automáticamente que todas las regiones experimenten los mismos impactos. Los efectos sobre las precipitaciones y los caudales dependen de numerosos factores regionales.

En la provincia de Santa Fe, los grandes episodios de El Niño estuvieron asociados históricamente a lluvias superiores a lo normal y a importantes crecidas del sistema Paraná, como ocurrió en distintos momentos de las últimas décadas. Por eso, organismos provinciales, universidades y municipios comenzaron a reforzar el monitoreo y la planificación preventiva.
Ramonell recordó que hay que atender y a la vez ser cautelosos con los pronósticos para no caer en alarmismos: “El grueso de las aguas de la próxima crecida de verano del Paraná aún no han precipitado sobre la cuenca”. Igualmente, el conocimiento del relieve natural cobra una importancia estratégica. Porque el agua no responde solamente a cuánto llueve o cuánto crece el río. También responde al suelo sobre el que circula.
Del megaterio a las ciudades del siglo XXI
La charla concluyó con un recorrido todavía más profundo en el tiempo. "La presencia de una megafauna fósil que se encuentra en el subsuelo profundo de la Setúbal y del canal de acceso a Santa Fe, con elefantes, megaterios, gliptodontes, toxodontes y caballos americanos, nos permite comprender una historia del paisaje de decenas de miles de años", explicó.

Ese registro paleontológico constituye una de las evidencias de un territorio que nunca dejó de transformarse. "Vendría a ser una suerte de pasado y presente del paisaje de Rincón y su entorno”, dijo Ramonell, y para destacar luego que esa información “brinda perspectivas para predicciones futuras", resumió.
El mensaje final fue, quizá, el más actual de toda la exposición. En tiempos donde la discusión pública suele concentrarse en obras, defensas o pronósticos meteorológicos, Ramonell recordó que el primer mapa para entender la costa santafesina fue escrito mucho antes de que existieran las ciudades: cuando el viento, hace veinte mil años, dibujó las dunas sobre las que hoy viven miles de santafesinos.






