Las inundaciones forman parte de la historia de Santa Fe. Pero para una familia, que el agua pueda llegar no debería significar necesariamente improvisar. Con esa premisa fue elaborada “Antes de que llegue el agua. Guía de preparación familiar frente al riesgo hídrico”, un documento nacido desde la práctica profesional que propone una serie de medidas concretas para que los hogares puedan anticiparse a lluvias intensas, crecidas de ríos y ascenso de las napas.
Antes de que llegue el agua: una guía santafesina propone preparar a las familias frente al riesgo hídrico
Profesionales vinculados a la gestión hídrica, la arquitectura y el ambiente elaboraron una guía de preparación familiar frente a inundaciones. El documento plantea que conocer el territorio, reducir la vulnerabilidad y contar con un plan pueden hacer la diferencia antes, durante y después de una emergencia. Su distribución es libre.

Cabe recordar que el mes pasado y en el mismo sentido, la Municipalidad de Santa Fe lanzó el programa "Comunidad Preparada", una iniciativa que apunta a fortalecer la cultura de la prevención frente a inundaciones provocadas por lluvias intensas o por una eventual crecida del río. Mientras que el Gobierno Provincial viene desplegando políticas de Estado para estar mejor preparados en todos los sentidos para hacer frente al fenómeno El Niño, que entró en vigencia en la región.
El principal objetivo de los talleres es que cada hogar elabore su propio Plan de Contingencia Familiar, una herramienta sencilla que permite organizar las acciones antes, durante y después de una emergencia. El documento municipal propone definir previamente un punto de encuentro, establecer una ruta segura para llegar hasta allí y asignar responsabilidades específicas a cada integrante del grupo familiar. También recomienda identificar los riesgos existentes dentro de la vivienda y mantener preparada una mochila de emergencia.

Esta otra guía que nace desde la práctica profesional fue escrita por Jorge Luis Rico, Agustín Botteron, Danisa Don y Jorge Marega, profesionales con experiencia en zonas de riesgo hídrico del Litoral argentino, tanto desde el ámbito privado como desde la gestión pública. La edición estuvo a cargo de Botteron y el diseño editorial fue realizado por AVEC Estudio Creativo.
El punto de partida del documento es sencillo: el riesgo hídrico no es solamente el agua, la lluvia o la inundación, sino la combinación entre una amenaza y la vulnerabilidad de las personas y las viviendas. Mientras la amenaza no puede ser controlada por una familia, sí existen acciones que permiten reducir su vulnerabilidad.
En ese sentido, la guía busca trasladar el foco desde la reacción frente a la emergencia hacia la preparación previa. “Vivir cerca del agua —detrás de un terraplén, en una planicie aluvial, en un barrio bajo— no es necesariamente vivir en peligro, siempre que se disponga de información, preparación y herramientas adecuadas”, plantea el documento.

"Uno de las contribuciones clave de esta guía es que incorpora dos fases alejadas del evento hídrico en sí, tanto antes como después, en las que se pueden hacer obras o modificaciones en la vivienda para disminuir el impacto y las pérdidas por las inundaciones", resalta Botteron.
Cinco momentos para prepararse
La propuesta organiza las acciones en cinco fases, que van desde meses antes de una posible inundación hasta la reconstrucción posterior.
La primera etapa, “Meses antes”, está destinada a adaptar la casa y organizar a la familia. Entre otras recomendaciones, plantea conocer la cota del terreno, observar cómo se comporta el agua durante lluvias fuertes, consultar la memoria de los vecinos sobre inundaciones anteriores y reconocer los puntos vulnerables de la vivienda.
También propone medidas concretas como elevar el tablero eléctrico y los tomacorrientes, instalar válvulas de corte en las cloacas, sellar los ingresos bajos de la vivienda, fijar los depósitos de gas, limpiar cunetas y desagües y disponer de espacios elevados para guardar objetos sensibles.
La segunda fase, “Semanas o días antes”, comienza cuando los pronósticos y las alertas indican que puede producirse un evento importante. Allí adquieren protagonismo el plan familiar, los roles de cada integrante y el conocimiento de los sistemas oficiales de alerta.

La guía recomienda identificar los organismos responsables de emitir alertas, conocer los caminos seguros, los puntos de encuentro y los centros de evacuación, y recorrer previamente esas vías para no depender exclusivamente del GPS durante una emergencia.
También propone establecer quién se ocupará de los niños, adultos mayores o personas con discapacidad, quién llevará el bolso de emergencia, quién desconectará la electricidad y cerrará el gas y quién mantendrá la comunicación con un contacto externo.
El bolso para las primeras 72 horas
Uno de los elementos centrales de la preparación es el bolso de emergencia, que debe permanecer armado, cerrado y en un lugar accesible. La guía plantea que debe contener lo indispensable para afrontar aproximadamente 72 horas.
Entre los elementos recomendados aparecen documentación personal y familiar, agua —con un mínimo de tres litros por persona—, alimentos no perecederos, medicamentos habituales, botiquín, repelente, linterna, radio a pilas, cargador portátil, ropa de abrigo e impermeable, dinero en efectivo, elementos de higiene y datos médicos y de contacto de familiares. Si hay niños, también recomienda incorporar algunos de sus juguetes preferidos.
La preparación también debe contemplar a las mascotas, incluyendo alimento y medicamentos.
Cuando la alerta ya fue emitida
La tercera instancia corresponde al momento en que el agua comienza a llegar. La guía identifica una serie de señales que no deberían ignorarse: el ascenso sostenido de ríos, arroyos o lagunas; el afloramiento de agua desde el suelo; desagües que dejan de escurrir o comienzan a devolver agua; la evacuación de vecinos de zonas más bajas y las alertas emitidas por los organismos oficiales.
En ese momento aparece una de las decisiones más difíciles: evacuar o permanecer en la vivienda.
El documento no plantea una respuesta única. Señala que la decisión depende de las características de cada familia, de la vivienda y de la magnitud del evento. Entre los factores que pueden indicar la necesidad de evacuar menciona la presencia de niños pequeños, adultos mayores o personas con movilidad reducida, una vivienda de planta baja sin un nivel superior seguro, lluvias intensas con rápida acumulación de agua, una orden oficial de evacuación o la falta de reservas suficientes para permanecer varios días sin servicios.
Si se evacúa, la guía recomienda hacerlo antes de que el agua ingrese a la vivienda, llevar el bolso de emergencia, documentación y medicamentos esenciales, desconectar la electricidad, cerrar el gas y dirigirse por los recorridos previamente definidos.
También advierte sobre los riesgos de circular por calles inundadas: no recomienda atravesar corrientes de agua de más de 30 centímetros de profundidad y señala que un vehículo puede perder tracción y ser arrastrado cuando el agua alcanza determinados niveles.
Y después de la inundación, el riesgo continúa
Una de las características del documento es que no termina con la evacuación ni con el descenso del agua. La cuarta fase está dedicada al regreso a la vivienda.
La guía advierte que el hecho de que el agua haya bajado no significa que la vivienda sea segura. Antes de ingresar recomienda esperar la autorización oficial, observar desde el exterior posibles grietas, hundimientos o daños estructurales y utilizar calzado impermeable y guantes.
También remarca que no debe encenderse la electricidad ni manipularse el tablero hasta que la instalación sea revisada por un profesional.

El agua de inundación, además, debe considerarse contaminada. Por eso se recomienda extremar las medidas de higiene, descartar alimentos que hayan tenido contacto con el agua y desinfectar las superficies afectadas. También se aconseja registrar mediante fotografías y videos los daños antes de limpiar o reparar, especialmente cuando existen seguros o trámites de asistencia.
La quinta fase propone “reconstruir mejor”. La idea es aprovechar las reparaciones para reducir la vulnerabilidad de la vivienda ante futuros eventos: elevar pisos, trasladar instalaciones eléctricas, utilizar materiales más resistentes en las partes bajas de las paredes, mejorar el drenaje del terreno e incorporar válvulas y sistemas de protección que no se hayan instalado previamente.
El riesgo también se puede conocer antes
El documento incorpora un autodiagnóstico para que cada familia pueda identificar sus condiciones de exposición. Entre las preguntas aparecen si la vivienda o el barrio se inundaron anteriormente, si está detrás de un terraplén, si el terreno se encuentra por debajo de la calle, si hay cursos de agua cercanos, si las napas suelen estar altas y si existen problemas de drenaje.

También plantea preguntas vinculadas con las características de cada familia: presencia de adultos mayores, niños pequeños, personas que necesitan medicación refrigerada, personas con atención médica frecuente y mascotas. El cuestionario pregunta además si existe un lugar seguro para evacuar, si la familia conoce la cota de la vivienda y si sabe hacia dónde dirigirse en caso de emergencia.
El contexto de El Niño
La guía dedica un capítulo específico al fenómeno El Niño-Oscilación del Sur (ENSO) y a su relación con las condiciones hídricas de la región. Allí señala que El Niño favorece precipitaciones superiores a lo normal en el sur de Brasil, Paraguay, Uruguay y el Litoral argentino.
El documento, que cita un informe del Centro de Predicción Climática de la NOAA fechado el 24 de agosto de 2026, plantea que el fenómeno ya se encuentra activo y que existe una elevada probabilidad de un evento muy fuerte durante los meses siguientes, es decir, hacia fin de año y principios de 2027. Los autores aclaran, sin embargo, que esas condiciones no significan que una inundación catastrófica sea inevitable, sino que constituyen un escenario que vuelve especialmente relevante la preparación.

El antecedente de la inundación de Santa Fe de 2003 ocupa también un lugar central en la explicación. La guía recuerda que el ingreso del Salado a la ciudad afectó a decenas de miles de viviendas y a una enorme cantidad de personas, y utiliza aquella experiencia para remarcar la importancia de contar con sistemas de alerta, comunicación y planes familiares antes de que llegue el agua.
Prepararse no es vivir con miedo
El mensaje final de los autores busca correrse del alarmismo. La preparación, sostienen, no implica vivir permanentemente bajo la amenaza de una inundación, sino recuperar capacidad de decisión frente a un fenómeno que puede producirse.
Para los autores, contar con información sobre el territorio, conocer las vulnerabilidades de la vivienda, organizarse con la familia y los vecinos y saber cuáles son las fuentes oficiales de información permite transformar una situación potencialmente caótica en un escenario para el que existen respuestas previstas.

La guía reúne además recursos para consultar información sobre alertas, niveles de los ríos, cartografía y gestión del riesgo, entre ellos el Instituto Nacional del Agua, el Servicio Meteorológico Nacional, Prefectura Naval Argentina, el Sistema Nacional de Información Hídrica y el visor de Recursos Hídricos de Santa Fe.
La conclusión de Antes de que llegue el agua sintetiza su propuesta: la preparación comienza mucho antes de que aparezca el agua. Y, en una ciudad y una región acostumbradas a convivir con ríos, lluvias intensas y humedales, conocer cómo se comporta el territorio puede ser una de las primeras herramientas para reducir el riesgo.








