El río avanzó sobre las viviendas y sus habitantes tuvieron que salir como pudieron, cargando las pocas pertenencias que lograron rescatar. Del otro lado del terraplén Garello, en Colastiné Norte, comenzaron a levantar nuevos refugios con postes, chapas y lonas. Son pescadores, changarines y sus familias, acostumbrados a vivir cerca del río, pero sorprendidos esta vez por la rapidez con la que llegó el agua.

A la altura de la intersección del terraplén con calle Los Zorzales, en inmediaciones de la toma de agua del río Colastiné, la creciente dejó a varias familias sin sus hogares. En el lugar, los ranchos improvisados se convirtieron en un refugio de emergencia para quienes debieron abandonar las viviendas que ocupaban sobre la orilla, por fuera del anillo de defensa contra inundaciones.

La urgencia ahora pasa por conseguir agua potable, alimentos y un lugar donde hacer sus necesidades. Hay niños y niñas, además de adultos mayores, que atraviesan la emergencia en un sector sin infraestructura sanitaria y expuesto a la presencia de mosquitos, otros insectos y serpientes.
“Hace cinco días están pidiendo agua, no tienen agua, algo esencial”, contó Natalia Rodríguez, vecina de Colastiné Norte e integrante del movimiento Amor y Patria, quien se acercó espontáneamente para asistir a las familias. Según relató, los pobladores llevan varios días intentando reorganizar su vida cotidiana sin contar con los elementos básicos para hacerlo.

“La situación es muy triste”, resumió Rodríguez. Y describió las condiciones en las que encontró a los vecinos: “Son personas que han sido pescadores toda la vida y que viven al lado del río y que se autoevacuaron solos como pudieron, sin ninguna ayuda del Estado, ni de Provincia ni de Municipio”.

La mujer aseguró que son ocho las familias que necesitan asistencia y pidió una respuesta concreta de las autoridades. “Lo que le estamos pidiendo al intendente es que puedan mandar recursos”, señaló. Entre las prioridades mencionó el agua potable, los baños químicos y la asistencia alimentaria, además de elementos de higiene y productos para combatir los insectos.
“En dos días la teníamos en el tobillo”
Javier Enrique conoce desde chico la dinámica del río y las dificultades de vivir en la costa. Su casa era de material y estaba ubicada junto a la orilla del Colastiné, del lado exterior del terraplén. Pero esta vez el agua avanzó con una rapidez que no esperaba.
“Estaba viviendo acá, de este lado del terraplén, en una casita de material, y ya el agua la teníamos en dos días en el tobillo”, relató. Ese mismo día -durante el fin de semana- debió trasladarse con su familia y empezar a armar un refugio precario en un terreno más alto, del otro lado de la defensa.

“Nos vinimos con una carpita y, en dos días, pudimos armar el refugio de mi tío y el mío. Nos tuvimos que mudar y hasta ahora estamos acarreando cosas”, explicó mientras señalaba las construcciones improvisadas que se levantan en el lugar. A un costado correteaban entre el agua un puñado de chicos, mientras que otra niña ayudaba a su madre con el traslado de lo poco que tienen.
La mudanza no significó dejar atrás las dificultades. Por el contrario, a la pérdida de la vivienda se sumó la falta de servicios básicos. “Lo que estamos necesitando es agua. No tenemos nada de agua”, insistió Enrique. También pidió leche y alimentos para los chicos, y un baño químico para las familias.
“Nos estamos reuniendo todos los vecinos para hacer una olla popular porque hay varios chicos”, contó. La situación se agrava porque algunos pobladores perdieron embarcaciones y pertenencias cuando el agua avanzó durante la noche, lo que también afecta su posibilidad de trabajar y conseguir ingresos.

Enrique advirtió, además, sobre el peligro que representa la presencia de animales en el sector. Según dijo, los vecinos recibieron información sobre el posible traslado de cientos de caballos a terrenos próximos a sus refugios. Temen que el movimiento de los animales provoque la aparición de serpientes en las inmediaciones de las precarias viviendas.
“¿Sabés la cantidad de víboras que salen cuando pisa el animal? Van a salir el viboraje”, alertó. La preocupación es especialmente grande por la cantidad de niños que permanecen en el lugar.

El vecino aseguró que, hasta el momento de la entrevista, no había recibido asistencia estatal. “No vino nadie, nadie, nadie”, afirmó.
Una creciente que los sorprendió
Enrique nació y creció en Colastiné Norte. Conoce las crecidas y sabe que, cuando el río sube, las primeras viviendas afectadas son las que se encuentran sobre la orilla, por fuera de las defensas, donde está prohibido. Sin embargo, sostuvo que el ritmo de esta creciente lo tomó por sorpresa.

“Siempre, siempre, siempre. Y bueno, no venimos de este lado del terraplén”, dijo al recordar las inundaciones anteriores. Según explicó, en otras oportunidades pudo permanecer en su casa y trasladarse progresivamente hacia sectores más altos a medida que avanzaba el agua. “Yo la creciente pasada me quedé abajo y le tuve que ir corriendo más arriba, más arriba, pero siempre nos corrió el agua. Ahora no pensé que se iba a venir así en dos días”, relató.
La escena actual vuelve a poner en evidencia la vulnerabilidad de quienes habitan terrenos ribereños bajos, expuestos directamente a las variaciones del río. Las familias reconocen que viven fuera del área protegida por el anillo de defensa, pero reclaman que esa circunstancia no las deje sin asistencia durante la emergencia.

“Nosotros entendemos que no se puede habitar ahí, pero también entendemos que es obligación del municipio y del Estado dar herramientas y solucionar la realidad de estas familias hoy”, planteó Rodríguez.
La respuesta de la Municipalidad
Consultada por la situación, la Municipalidad de Santa Fe aseguró que tiene identificadas a las personas afectadas y que sus equipos de asistentes sociales ya concurrieron al sector. No obstante, existe una diferencia entre el relevamiento oficial y la cantidad de familias que contabilizan los vecinos: mientras Rodríguez señaló que son ocho, el municipio informó que tiene registradas cuatro familias en la zona.

“Tenemos relevada a la gente que está atravesando esta situación en la zona de la toma de agua de Colastiné Norte. Son cuatro familias que viven en la orilla, por fuera del anillo de defensa, a donde está prohibido habitar”, indicaron desde el gobierno local.

La Municipalidad agregó que está al tanto del traslado de los pobladores hacia el otro lado del terraplén, en un sector que consideran más seguro frente al avance del agua. “Nuestros equipos de asistentes sociales ya fueron al lugar. Estamos al tanto de que se mudaron al otro lado del terraplén, a una zona más segura”, señalaron.
Además, anunciaron una medida inmediata para responder a uno de los reclamos principales. “Esta tarde van a llevarles bidones con agua”, afirmaron.
Mientras esperan esa asistencia, los vecinos continúan levantando sus refugios y tratando de recuperar las pertenencias que quedaron en las viviendas inundadas. El pedido más urgente es contar con agua potable, alimentos y baños químicos para atravesar los próximos días en condiciones mínimas de higiene y seguridad.
Un sector marcado por la convivencia con el río
El episodio ocurre en un punto de la costa santafesina donde la relación entre el río y las defensas contra inundaciones tiene una larga historia. El terraplén Garello fue construido originalmente en 1992, a la altura de la toma de agua y de la confluencia de los ríos Ubajay y Colastiné. Desde entonces, distintos sectores de la defensa debieron ser reparados debido a la erosión provocada por la fuerza del agua.

El Litoral documentó en reiteradas oportunidades los problemas que presenta esa infraestructura. Hubo intervenciones y refuerzos en 2009, 2011, 2014 y 2016, mientras que en años posteriores los vecinos volvieron a advertir sobre desmoronamientos y deterioros en distintos tramos. En septiembre de 2025, el Gobierno provincial informó que había reparado una fisura en el talud, entre las calles Macluras e Ibirá Pitá, mediante tareas de relleno y compactación.
La zona de la toma de agua tiene, además, una importancia que excede al barrio: desde allí se capta agua del río Colastiné para abastecer a la planta potabilizadora de Aguas Santafesinas que distribuye agua de red a la ciudad de Santa Fe.

Pero la situación de las familias que viven junto a la orilla plantea otro aspecto de la emergencia. El anillo de defensa protege sectores habitados, aunque deja por fuera terrenos bajos donde algunas personas construyeron sus viviendas. Cuando el río crece, esos pobladores quedan entre los primeros afectados y deben buscar refugio en zonas más elevadas.

En enero de este año, vecinos de Colastiné Norte habían advertido sobre asentamientos irregulares, problemas de mantenimiento y riesgos para la defensa hídrica en inmediaciones del terraplén Garello. Los reclamos reflejaban una problemática que se repite: la ocupación de sectores vulnerables, la exposición a las crecidas y la necesidad de respuestas sostenidas.
Una nueva reunión del comité de emergencia
En este contexto, este lunes por la tarde, desde las 18, está prevista una nueva reunión del comité de emergencia hídrica de la Municipalidad de Santa Fe. El encuentro había sido programado inicialmente para el viernes, pero fue postergado.
La convocatoria tiene como objetivo evaluar las distintas situaciones que se vienen registrando en la ciudad ante el avance del agua y coordinar las respuestas necesarias.

En Colastiné Norte, mientras tanto, las familias esperan que la asistencia anunciada se concrete y que llegue también el resto de los elementos que reclaman. En los ranchos levantados junto al terraplén, el problema inmediato es mucho más básico que cualquier planificación: conseguir agua para tomar, comida para los chicos y un baño para poder pasar la noche en un lugar que, aunque está más alto que sus antiguas viviendas, continúa expuesto a los riesgos de vivir en la costa.






