La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana y modifica, a una velocidad difícil de dimensionar, las formas de trabajar, estudiar, comunicarse, informarse y tomar decisiones. En ese escenario, la Iglesia santafesina propone abrir un espacio de discusión que no se limite a las posibilidades técnicas de estas herramientas, sino que coloque en el centro una pregunta de carácter social: qué lugar ocupa la persona humana en medio de la transformación tecnológica.
“Magnífica Humanidad”: la Iglesia santafesina propone debatir el lugar de la persona frente al avance de la IA
El encuentro se realizará este sábado 26 de septiembre, de 9 a 14, en el Auditorio de ATE. Bajo el lema “Magnífica Humanidad: más allá del algoritmo”, reunirá a representantes sindicales, empresariales, políticos, educativos, sociales y comunitarios para discutir el futuro del trabajo, el bien común y la vida en comunidad.

Ese será el eje de la Jornada Social Santafesina 2026, que se realizará este sábado 26 de septiembre, de 9 a 14, en el Auditorio de ATE, ubicado en San Luis 2854, bajo el lema “Magnífica Humanidad: más allá del algoritmo”. La participación será abierta y gratuita, con inscripción previa.
La convocatoria es impulsada por el arzobispo de Santa Fe de la Vera Cruz, monseñor Sergio Fenoy; el obispo auxiliar, monseñor Matías Vecino, y el Equipo Arquidiocesano de Pastoral Social. La propuesta reúne a personas provenientes de los ámbitos social, sindical, empresarial, político, educativo, comunitario, pastoral e institucional, además del público en general.
La profesora Melisa Seimandi, delegada episcopal para la Pastoral Social de la Iglesia santafesina, explicó que el encuentro busca dar continuidad a un proceso de reflexión que se viene desarrollando desde hace tres años. “Esta propuesta, que venimos llevando adelante por tercer año consecutivo desde la pastoral social, propone una reflexión sobre las transformaciones sociales, culturales y tecnológicas que atraviesan nuestra vida cotidiana y sobre el modo en que queremos habitar este tiempo”, señaló.
Para Seimandi, la intención es que la jornada no sea una exposición exclusivamente académica ni una discusión reservada a especialistas. “Esta jornada busca abrir una conversación que permita analizar el presente para construir un futuro mejor, colocando la dignidad humana y el bien común en el centro de las decisiones”, sostuvo. Y resumió el espíritu de la convocatoria con una definición que atraviesa toda la propuesta: “No queremos escuchar a expertos, sino escucharnos entre todos”.
Por eso, la invitación alcanza a sectores sindicales, empresarios, políticos, educadores, organizaciones sociales y al público en general. “La invitación es amplia a sectores del ámbito sindical, empresarios, políticos, educadores, diferentes organizaciones sociales y público en general vinculado al territorio que conozca de primera mano las necesidades de la vida civil y social”, explicó la delegada episcopal.
La pregunta que queda detrás del algoritmo
El lema de esta edición está tomado de la encíclica Magnifica Humanitas, publicada por el papa León XIV el 15 de mayo pasado y cuyo subtítulo es precisamente “Sobre la custodia de la persona humana en el tiempo de la inteligencia artificial”. El documento dedica buena parte de su desarrollo a analizar la relación entre tecnología, poder, trabajo, democracia, educación, vínculos sociales y dignidad humana.
En la encíclica, León XIV plantea que la discusión sobre inteligencia artificial no puede quedar reducida a si una determinada tecnología funciona o no funciona. El interrogante, sostiene, es más profundo: qué tipo de sociedad se está construyendo a partir de esas herramientas y quién tiene capacidad para decidir sobre ellas.
En uno de los pasajes centrales del documento, el Papa sostiene que es necesario proteger el “primado de la persona”, de modo que sea siempre “la inteligencia humana, con su conciencia y su libertad, la que guíe las innovaciones técnicas y establezca con responsabilidad su uso y sus límites”.

La advertencia está vinculada con otra preocupación que atraviesa la encíclica: la concentración del poder tecnológico. León XIV señala que el control de plataformas, infraestructuras, datos y capacidad de cálculo está, en muchos casos, en manos de grandes actores económicos y tecnológicos. Cuando ese poder se concentra, advierte, pueden crecer las dependencias, las exclusiones y las desigualdades.
Por eso, el documento propone mirar la inteligencia artificial también desde categorías como bien común, solidaridad, justicia social, subsidiariedad y dignidad de la persona.
Incluso plantea una afirmación particularmente contundente: “No podemos considerar a la IA como moralmente neutra”. El argumento es que todo sistema incorpora decisiones y prioridades: qué mide, qué deja afuera, qué optimiza y cómo clasifica personas y situaciones.
La cuestión, entonces, no sería solamente cómo utilizar correctamente una herramienta, sino también quién la diseña, con qué criterios, qué información utiliza y quién asume la responsabilidad cuando una decisión automatizada produce un resultado que afecta a una persona.
El futuro del trabajo
Uno de los ejes de la jornada santafesina será el futuro del trabajo, una cuestión que ocupa un lugar importante en Magnifica Humanitas.
La encíclica reconoce que la automatización, la robótica y la inteligencia artificial pueden liberar a las personas de tareas pesadas, repetitivas o peligrosas. Pero advierte que el avance tecnológico también puede generar nuevas formas de precarización, vigilancia y pérdida de autonomía laboral.
En ese punto, León XIV plantea que “es necesario diseñar sistemas centrados en la persona y no sólo en el rendimiento”.
El texto también sostiene que el trabajo no puede ser entendido únicamente como un medio para obtener ingresos. Es, además, un espacio de expresión, relaciones, cooperación y participación social. Por eso afirma: “El trabajo sigue siendo una dimensión fundamental de la experiencia humana; no es sólo un medio de subsistencia, sino también un espacio de expresión, de relaciones y de contribución a la comunidad”.

Desde esa mirada, el desafío de la inteligencia artificial no consiste únicamente en determinar cuántos empleos puede reemplazar o qué tareas puede realizar una máquina. También obliga a discutir qué tipo de trabajo se quiere preservar, cómo se distribuyen los beneficios de la productividad y qué ocurre con quienes quedan desplazados por las nuevas tecnologías.
La encíclica propone, en ese sentido, que las respuestas no sean idénticas para todos los territorios. “Las soluciones, por tanto, deben encontrarse a nivel nacional y local, involucrando a las comunidades intermedias”, afirma León XIV.
Es una perspectiva que conecta directamente con la propuesta de la Jornada Social Santafesina: llevar una discusión global a la realidad concreta de las comunidades y de las instituciones locales.
Política, bien común y poder tecnológico
El segundo eje será la política para el bien común. Allí aparece otro de los grandes interrogantes planteados por la encíclica: qué papel deben desempeñar los Estados, las instituciones y las comunidades frente a un desarrollo tecnológico que avanza muchas veces más rápido que las normas destinadas a regularlo.
León XIV reclama responsabilidad y controles, pero advierte que no alcanza con invocar genéricamente la ética. Según sostiene, son necesarios “marcos jurídicos adecuados, vigilancia independiente, educación de los usuarios, una política que no renuncie a su tarea”.
La encíclica también señala que el avance de la inteligencia artificial puede incrementar el poder de quienes ya cuentan con recursos económicos, conocimientos y acceso a grandes cantidades de datos. Esa concentración, plantea, puede incidir sobre los consumos, la información, las dinámicas económicas e incluso los procesos democráticos.
Así, el debate sobre tecnología deja de ser exclusivamente tecnológico y pasa a involucrar cuestiones de ciudadanía, participación y poder.
Una comunidad que no sea reemplazada por una pantalla
El tercer gran tema es la vida en comunidad. Allí aparece otra dimensión de Magnifica Humanitas: la necesidad de preservar los vínculos humanos en una época atravesada por redes digitales y sistemas capaces de mediar cada vez más relaciones.
En la parte final de la encíclica, León XIV reivindica precisamente aquellos espacios donde la presencia física continúa teniendo un valor que no puede ser sustituido por una herramienta tecnológica: “la mesa compartida, la comunidad cristiana que se reúne, la visita a quien está solo, el servicio a los pobres”.

La preocupación no supone un rechazo de la tecnología. Por el contrario, el documento reconoce sus posibilidades y plantea que puede contribuir al desarrollo humano. El punto de discusión está en evitar que la eficiencia tecnológica termine convirtiéndose en el único criterio para organizar la vida social.
En otro pasaje, León XIV sintetiza esa preocupación al afirmar que “más poderoso no significa necesariamente mejor” y advierte sobre el riesgo de que el desarrollo tecnológico aumente los medios disponibles sin que crezca en igual medida la humanidad.
Cuatro comisiones para discutir el presente
La jornada tendrá una dinámica de conversatorio entre los participantes y se organizará en cuatro comisiones, que permitirán abordar la problemática desde distintas perspectivas: “La comunidad como refugio”; “La política como arte del bien común”; “El valor de la persona en la actividad económica”; y “El saber al servicio de la persona”.
Según explicó Seimandi, el encuentro contará además con invitados de los ámbitos político, educativo, social y de organizaciones como Cáritas. El panel de apertura estará
a cargo de la doctora Carmen González, profesora y doctora en Filosofía, mientras que el cierre estará encabezado por monseñor Sergio Fenoy.
La propuesta busca así que el debate no quede circunscripto a quienes trabajan directamente con inteligencia artificial. La pregunta por sus efectos atraviesa el mundo laboral, la educación, la economía, la política, las relaciones sociales y la vida cotidiana.
“No temamos ensuciarnos las manos”
En ese contexto adquiere particular sentido el lema elegido para la jornada santafesina. En la conclusión de la primera parte de la encíclica, León XIV hace un llamado a participar activamente de las transformaciones de este tiempo. “No temamos ensuciarnos las manos en la obra de nuestro tiempo”, escribe, para luego convocar a trabajar poniendo “al ser humano en el centro de nuestras decisiones”.
La frase resume también el espíritu que la Iglesia santafesina busca imprimirle al encuentro: no mirar la revolución tecnológica desde afuera, sino generar un espacio donde distintos sectores puedan discutir sus efectos concretos y pensar respuestas desde sus propios ámbitos.
“La jornada estará dividida en cuatro comisiones”, explicó Seimandi, al describir una dinámica que apunta justamente a poner en diálogo distintas experiencias y saberes. La intención, según remarcó, es que quienes participen puedan aportar desde el territorio y desde las situaciones concretas que atraviesan sus comunidades.
Continuidad
La jornada del sábado forma parte, además, de un proceso que la Iglesia santafesina viene desarrollando desde 2023, cuando impulsó el “Pacto Social para abrazar al pueblo que sufre”.
A partir de aquella iniciativa se fueron sucediendo jornadas y espacios de diálogo destinados a reunir a representantes de distintos sectores de la sociedad civil. La propuesta de 2026 busca darle continuidad a esa experiencia, pero incorporando uno de los grandes fenómenos que atraviesan actualmente a todos esos ámbitos: la transformación tecnológica.
La Arquidiócesis plantea que las mesas de trabajo de este sábado permitirán compartir experiencias, perspectivas e iniciativas en torno a distintas dimensiones del vínculo entre tecnología y sociedad. Las conclusiones serán reunidas posteriormente en un documento que se compartirá con los participantes, las instituciones y la comunidad.

El camino santafesino se vincula, a su vez, con la Semana Social organizada por la Comisión Episcopal de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Argentina. El equipo de Santa Fe participó de la última edición, realizada en Córdoba bajo el lema “Puentes para el bien común”.
En una ciudad donde la discusión sobre tecnología ya atraviesa desde el trabajo y la educación hasta la comunicación, la gestión pública y los vínculos cotidianos, la Iglesia santafesina propone ahora detenerse durante una mañana para discutir una cuestión que la encíclica de León XIV formula en términos más amplios: cómo hacer que el progreso tecnológico no se convierta en un fin en sí mismo y siga siendo una herramienta al servicio de una vida humana digna.








