A 13 días del descarrilamiento en barrio Sargento Cabral, arrancó la remoción de los vagones del Belgrano Cargas
Este viernes 2 de enero por la mañana, comenzó el operativo para enderezar y retirar cinco vagones del Belgrano Cargas que descarrilaron el 20 de diciembre. La tarea la realizan personal de Trenes Argentinos Cargas y una empresa privada de Santo Tomé con dos grúas de gran porte, en una maniobra compleja por el peso de la carga y la cercanía con viviendas.
Vecinos denunciaron daños, olor por la soja y falta de explicaciones oficiales.
El movimiento empezó temprano y se sintió como una señal de alivio en la cuadra. En la ciudad de Santa Fe, más precisamente Vélez Sarsfield al 5100, después de casi dos semanas con los vagones volcados al costado de las vías, este viernes comenzó el operativo para despejar la zona y reordenar la formación del Belgrano Cargas que transportaba soja.
El punto exacto del trabajo es el mismo que quedó marcado desde la noche del 20 de diciembre: la traza ferroviaria a la altura de Vélez Sarsfield y Pedro de Vega, en barrio Sargento Cabral, a pocos metros de casas y con vecinos que convivieron durante 13 días con la postal del descarrilamiento.
A 13 días del descarrilamiento, arrancó la remoción de los vagones del Belgrano Cargas.
Grúas desde Santo Tomé y un operativo “de peso”
Para llevar adelante la remoción llegaron dos grúas de gran porte provenientes de Santo Tomé. Se trata de maquinaria privada contratada para una maniobra de alta complejidad, en un tramo urbano donde cada movimiento exige coordinación y seguridad.
La dificultad central está dada por el peso de la formación: son cinco vagones cargados con soja, y cada uno tendría un peso estimado de 65 mil kilos. Es decir, toneladas que no se acomodan con rapidez ni con recursos menores: requieren equipamiento especializado y un esquema de tareas previas para trabajar sin margen de error.
Según se informó en el lugar, el procedimiento demandará al menos dos o tres días. La secuencia consiste en enderezar los vagones sobre la traza ferroviaria, reubicarlos en la línea y retirarlos definitivamente de la zona afectada, con el objetivo de normalizar el sector.
El operativo no se limita al levantamiento. Para poder enderezar los vagones fue necesario primero separarlos entre sí, ya que quedaron enredados y “tomados” por el propio golpe del descarrilamiento. Esa instancia previa es clave: libera espacio y permite que las grúas trabajen con ángulos y tensiones controladas.
También hubo que cavar. En algunos tramos, las vías eran prácticamente inexistentes a la vista por la gran cantidad de tierra acumulada. Ese detalle explica parte de las demoras: antes de levantar, hay que preparar el terreno de maniobra y asegurar condiciones mínimas para que el peso no vuelva a jugar una mala pasada.
Así levantaban el vagón.
En paralelo, se observaban tramos intervenidos y reparaciones en la traza, con sectores donde el descarrilamiento torció rieles y arrancó durmientes. La logística incluye, en los hechos, recomponer una infraestructura que quedó severamente dañada por el desplazamiento de la formación.
El vagón a un metro de una casa, prioridad del operativo
Entre los cinco vagones, uno fue el que concentró la mayor preocupación vecinal: el que quedó a prácticamente un metro de una vivienda construida presuntamente de forma indebida, ya que tiene una ampliación sobre el terreno fiscal que pertenece al ferrocarril.
La vivienda y el vagón que fue enderezado este viernes. Flavio Raina.
A diferencia de los otros, que cayeron más próximos a la traza, ese quedó en una posición que pudo haber tenido consecuencias mucho más graves.
Por eso fue el primero en ser levantado. Para esa maniobra se utilizaron las dos grúas en simultáneo, con un trabajo combinado: mientras una máquina sostenía y generaba tensión para “alivianar” parte del conjunto, la otra tomaba el vagón más cercano a la casa y lo elevaba con precisión.
La operación se completó en pocos minutos. Para el barrio fue un punto de inflexión: de ver un vagón inmóvil y amenazante a verlo moverse, levantarse y empezar a alejarse de la línea de las viviendas.
El vagón quedó enderezado.
La voz de los vecinos
Sin declaraciones oficiales de quienes estaban a cargo de las tareas, fueron los vecinos los que pusieron palabras a lo que se vivió durante estos días. César, vecino del barrio desde hace 50 años, siguió el operativo desde cerca y sintetizó la magnitud del trabajo.
“Es descomunal lo que han hecho, estuvieron trabajando todos estos días y hoy por fin pudieron levantar los vagones”, dijo. Y sumó una idea que repitieron varios en la cuadra: “Nunca pasó algo así”.
Mirta vive a un metro de donde quedó uno de los vagones. Su testimonio sirve para dimensionar lo que el operativo intenta cerrar: no solo el episodio ferroviario, sino el miedo instalado en quienes estuvieron más cerca del impacto.
“Hoy estuve más ansiosa que estos días porque el movimiento que hacen estas grúas para parar los vagones es impresionante”, relató. Describió el estado en que quedaron los vagones —“están todos acostados”— y advirtió que incluso había uno con ruedas desplazadas, lo que complica el enderezamiento.
El cargamento de uno de los vagones quedó tendido en el pasto.
Mirta enumeró daños concretos: “Se destruyó todo… los árboles que cuidábamos entre los vecinos se destrozaron”. Y aportó un dato sensible por el paso del tiempo: “Empezaba a haber olor también… la semilla de la soja se estaba pudriendo dentro de los vagones”.
La vecina también marcó un punto que atravesó el reclamo informal del barrio: “Nadie vino a dar ningún tipo de explicación… nadie vino a preguntar nada”. Según contó, lo que supieron en estos días fue por comentarios de empleados, de la policía y de quienes custodiaban el lugar.
En su relato, además, aparece la idea de que “podía haber sido mucho peor”. Recordó que esa noche el ruido fue como un terremoto, que se movió todo y que, por una combinación de circunstancias, no hubo heridos: “Ese día no había autos estacionados… esa noche no había nadie”.
En el lugar trabajó el personal de Trenes Argentinos.
Custodia, costos y el barrio como escenario
Mientras se desarrollan las tareas, los vagones y su carga se mantuvieron bajo custodia. Hubo seguridad privada en el lugar para resguardar tanto la formación como los granos transportados hasta que el área quede completamente despejada.
En el operativo trabajan al menos 20 personas entre el personal de Trenes Argentinos y la empresa privada Cafaro SRL, oriunda de Santo Tomé, a cargo de las grúas. El despliegue, además, refleja el costo económico del episodio: el alquiler de las grúas fue estimado en torno a 45 millones de pesos, a lo que se suman los trabajos de reparación y normalización del sector.
El descarrilamiento dejó durante casi dos semanas una postal inusual en pleno tejido urbano. Generó preocupación vecinal y también curiosidad: hubo gente que se acercó a fotografiar los vagones volcados, como si el barrio se hubiera convertido —sin quererlo— en un punto de interés.