Advierten por las altas temperaturas, las palometas y los golpes de calor
Debido a las altas temperaturas en la ciudad, brindan una serie de recomendaciones ante la aparición de ciertos síntomas relacionados al golpe de calor. En las playas hay que prestar atención a las banderas antes de ingresar al agua. En las últimas 48 horas hubo 5 heridos por ataques de palometas.
La playa de la costanera este. Foto: Fernando Nicola
El calor volvió a instalarse en Santa Fe. No es solo una sensación pegajosa que se cuela en las siestas largas y en las noches sin viento: es una advertencia. Tanto el Ministerio de Salud de la Provincia como la Municipalidad de Santa Fe encendieron las alertas ante un nuevo período de temperaturas elevadas que afecta a la capital y la región, con impactos que pueden ir de leves a moderados en la salud, pero que requieren atención constante y, sobre todo, prevención.
En estos días de sol inclemente, el cuerpo habla antes de quebrarse. La sed persistente, el mareo, el dolor de cabeza, las náuseas o una temperatura corporal que supera los 39 grados son señales que no deben ignorarse. Las autoridades sanitarias insisten en hábitos simples y decisivos: hidratarse sin esperar a tener sed, evitar la exposición directa al sol entre las 10 y las 16, reducir la actividad física intensa y buscar refugio en espacios frescos y ventilados. En los adultos, el consumo diario de al menos dos litros de agua se vuelve una regla básica de supervivencia urbana.
La playa de la Costanera Este, uno de los lugares predilectos para pasar el verano en la ciudad. Foto: Malena Rodríguez
Pero el calor no afecta a todos por igual. La ola térmica expone con mayor crudeza a quienes ya están en situación de vulnerabilidad: personas mayores de 65 años, bebés, niños y niñas, personas embarazadas o en período de lactancia, quienes padecen enfermedades crónicas, tienen sobrepeso, trabajan a la intemperie o viven en situación de calle. En ellos, el golpe de calor puede llegar más rápido y con consecuencias más severas. Por eso, el cuidado debe ser cercano, casi artesanal: ofrecer líquidos de manera permanente a los chicos, vestirlos con ropa liviana y clara, mojarlos con frecuencia, protegerlos del sol y asegurarse de que permanezcan en ambientes ventilados.
En el caso de los bebés, la atención se vuelve todavía más minuciosa. Amamantar con mayor frecuencia, controlar la irritación de la piel por el sudor en pliegues y, a partir de los seis meses, ofrecer agua potable fresca sin esperar a que la pidan. En las personas adultas mayores, en tanto, se recomienda evitar salidas en soledad y directamente no exponerse al exterior si el calor genera mareos o malestar, porque el riesgo se potencia con cada grado que sube el termómetro.
La Playa Costanera Este Santa Fe se presenta como una opción perfecta Créditos. Malena Rodriguez
Saber cómo actuar ante un golpe de calor también puede marcar la diferencia. La indicación es clara: llevar a la persona a un lugar fresco y sombreado, recostarla boca arriba, aflojarle la ropa y aplicar compresas frías en cabeza, cuello, nuca y pecho. Si está consciente, ofrecerle agua o bebidas de rehidratación; si no lo está, activar de inmediato el sistema de emergencias. El tiempo, en estos casos, no es un detalle menor.
Tarde de playa en el balneario Costanera Este. Foto: Manuel Fabatía
Palometas
El calor, además, altera la vida del río. En playas y balnearios de la ciudad y del resto del área metropolitana -Rincón, Sauce Viejo-, las altas temperaturas favorecen la presencia de cardúmenes de palometas, peces que en estas condiciones se vuelven más agresivos.
No es un recuerdo lejano: a principios de enero de 2026 -al igual que el año pasado-, durante la primera ola de calor del año, más de 30 personas —al menos 33, entre ellas un niño de 11 años— fueron atendidas por mordeduras en la Costanera Este, el único balneario habilitado, y entre el jueves y viernes volvieron a atacar a cinco bañistas -dos el jueves y tres el viernes-, de acuerdo al reporte de los Guardavidas.
"Los ataques del viernes fueron entre las 17 y las 19, en el momento en el que bajaba por la laguna un embalsado de camalotes que se desprendió aguas arriba producto del repunte del río", indicaron los guardavidas. "Ni antes ni después del paso del embalsado hubo otros ataques", agregaron, por lo que suponen que las palometas en cardumen viajaban junto a la vegetación acuática.
Las heridas, similares a un “sacabocado”, generan sangrado abundante pero rara vez revisten gravedad. Aun así, obligaron a izar banderas rojas y restringir el baño.
Por eso, la recomendación es tajante: respetar siempre las indicaciones de los guardavidas. Y, ante una mordedura, salir del agua de inmediato —la sangre atrae a más peces—, lavar la herida con agua y jabón, comprimirla y buscar atención médica.
La imagen corresponde a la playa de la Costanera Este de la ciudad de Santa Fe. Crédito: Fernando Nicola
El verano en Santa Fe es una postal conocida: río, sol, siesta y veredas ardidas; playas, SUP y kayaks o velas, lanchas y cruceros, para un chapuzón al agua. Pero detrás de esas postales hay un recordatorio insistente de que el calor no es solo paisaje, sino un factor de riesgo que exige cuidado colectivo y decisiones cotidianas. En tiempos de temperaturas extremas, escuchar al cuerpo, cuidar a los más vulnerables y atender las señales del entorno es también una forma de atravesar el verano sin que el sol pase factura. Y poder disfrutar así de un verano bien santafesino.
En Santa Fe, el calor cae sobre el asfalto de la Costanera, se refleja en la laguna Setúbal y se cuela en la siesta como una presencia insistente. El río, que convoca y seduce, también advierte; el cuerpo, expuesto, aprende a medir sus propios límites. En ese cruce entre paisaje y experiencia, las recomendaciones sanitarias no suenan ajenas: hidratarse, buscar sombra, respetar las banderas, escuchar a los guardavidas. Es una pedagogía mínima del verano, casi doméstica, que recuerda —como en la literatura de Juan José Saer— que en esta geografía el exceso nunca es gratuito y que atravesar el calor con cuidado es, también, una forma de conocer y respetar el lugar que se habita.