Oculto a la vista de todos, un tesoro sobrevive al paso del tiempo en la ciudad de Santa Fe. Es probable que alguna vez haya recibido alguna mano de pintura pero está ahí, para que cualquier vecino lo aprecie. Como toda joya secreta, no fue fácil encontrar datos certeros sobre la misma. Pistas desparramadas, partes de un puzzle costoso de reconstruir.

Se trata de un pedazo de la historia ferroviaria santafesina, que muchos hicieron fuerza para que desaparezca y apenas algunos románticos todavía la sostienen. Literalmente, un fragmento de la derribada estación del Ferrocarril Francés (ex FF.CC a Las Colonias), ubicada donde hoy está la Terminal de Ómnibus “Manuel Belgrano”, subsiste como parte de las instalaciones de una escuela de la ciudad.

En concreto, son partes de la reja que estaba instalada en el tapial del frente de la antigua estación de trenes sobre calle Belgrano. La estructura de hierro fue a parar al perímetro de la Escuela Normal Superior N°32 “Gral. José de San Martín”, ubicada en la manzana formada por las calles Saavedra, Monseñor Zazpe, San Lorenzo y Moreno.
La verja se anexó al colegio como parte del muro que la rodea y las rejas que alguna vez estuvieron en la estación del FF.CC, fueron reubicadas sobre los laterales y la parte posterior. Hoy subsisten en calles Moreno y Monseñor Zazpe. Los barrotes de hierros se acomodan de a 10 y luego aparece otro un poco más grueso. Todos terminan en punta de flecha.

Un puzzle complejo
El reciente anuncio de refacciones en el histórico inmueble escolar despertó la atención de uno de esos apasionados y protectores del patrimonio cultural, histórico y edilicio de Santa Fe. El arquitecto Marcelo Allasia, impulsor de las redes sociales “Santa Fe Antiguo”, se comunicó con El Litoral para dar cuenta de este “tesoro oculto” a la vista de todos.

La punta de un extenso ovillo para desentrañar. El primer indicio de la existencia de este valioso elemento de la historia patrimonial santafesina. El propio Allasia compartió otra pieza importante: los planos originales del edificio escolar, que se encuentran guardados en el Servicio de Información y Documentación Histórica del Centro de Gestión Documental de la Municipalidad de Santa Fe.

Más que un precio económico, el “pedazo” de la desaparecida estación del FF.CC tiene un valor sentimental y cultural que va más allá del hierro: la estructura fue parte de uno de los edificios más imponentes, bellos y queridos que tuvo la capital provincial (y que tristemente fue demolido).

Confirmar el dato llevó tiempo. La historia corrió a modo de anécdota entre los muros del colegio y “salió” en el momento preciso. Justo a tiempo llegó el mensaje del impulsor de “Santa Fe Antiguo”, que dio pie a la ronda de consultas.
Por un lado, El Litoral contactó a la Dra. Arquitecta Adriana Collado quien señaló que las rejas no son del momento en que se construyó el establecimiento. Llegaron más pistas, la bitácora se fue completando.

“Aunque las rejas de la Estación tenían un formato muy común para su época (1890 circa); no eran ninguna rareza. Es decir, las que están en la escuela Normal podían ser de la Estación o de cualquier otro edificio de la misma época. La herrería de esa época era diferente, las propias rejas originales de las ventanas de la escuela lo muestran”, afirmó la especialista.
Por otro lado, este medio se comunicó con las autoridades de la Escuela Normal quienes gentilmente iniciaron un rastreo interno para dar con las pruebas necesarias. El corredor hacia conocer la historia se aclaraba. La investigación propia del colegio arrojó luz al final del camino.

Al respecto, Hernán Rossi, docente de la institución compartió un extracto de una investigación realizada donde abordó el tema. "Cuando el interventor Jorge Nocetti Campos ordenó el desmantelamiento total en 1962, gran parte del valioso material de valor arquitectónico del edificio (rejas, aberturas, mármoles y tejas importadas) fue rematado como chatarra o material de rezago", señala el trabajo.
Y agrega: "Mientras que otra porción se perdió debido a los robos y el descontrol durante las tareas de demolición. Afortunadamente las rejas perimetrales fueron destinadas a circundar nuestra querida Escuela Normal en sustitución del alambrado retenido por postes de madera sobre calles Buenos Aires (actualmente Monseñor Zaspe), Moreno y San Lorenzo".
El texto compartido por el docente también recuerda que "a finales de la década de los 90's se construyó el gimnasio y los tramos de rejas sobre calle San Lorenzo, que se extendían por toda la cuadra, se perdieron".

Preservarlas, en nombre de la historia
Como se puede apreciar, esta microhistoria enlaza a dos construcciones que marcaron épocas importantes en la capital santafesina. Una, en siglo XIX, que dio la bienvenida a la modernidad y la conexión vía ferrocarril; la otra, que abrió las puertas a la educación de calidad para la comunidad local.
Estas simples pero enfáticas razones alcanzan para elevar la voz y solicitar a las autoridades pertinentes que resguarden estos elementos históricos. Que los conserven y que los puedan exhibir como tales.

Es el anhelo de la comunidad educativa de la propia escuela, representada por el citado docente y la vicerectora Rosa García quienes amablemente compartieron con El Litoral información sobre esta historia; y de los protectores del patrimonio arquitectónico de la ciudad.
Como antecedente similar, se puede mencionar lo ocurrido con la estructura de rejas que poseía el predio de la Estación Belgrano sobre calle Avellaneda, que fueron reubicadas en las instalaciones del Club Centro Gallegos, emplazado en Av. Galicia 1.300.

La escuela
Creada en 1906, la escuela abrió sus puertas el 23 de junio de ese año. El acto contó con la presencia del gobernador de la provincia, Dr. Freyre, y del ministro de Instrucción Pública de la Nación, entre otras autoridades y personalidades.
En sus primeros años funcionó en una propiedad alquilada que había pertenecido al Dr. Néstor de Iriondo, inmueble que actualmente es sede social del Jockey Club.
El proyecto de contar con un edificio propio atravesó distintas etapas. Entre 1918 y 1922 se intentó emplazarlo en el lugar que actualmente ocupa la plaza Colón, aunque aquella iniciativa finalmente no prosperó.

La concreción llegó en 1927, cuando se obtuvo un terreno delimitado por las calles Saavedra, San Lorenzo, Moreno y Buenos Aires, en un sector que por entonces formaba parte de los suburbios de la ciudad.
El 26 de septiembre de ese año se colocó la piedra fundamental. Sin embargo, la construcción comenzó recién en 1933 y demandó tres años hasta su inauguración, concretada el 28 de octubre de 1936.
Según consta en el libro “Inventario - 200 obras del patrimonio Arquitectónico de Santa Fe”, el proyecto estuvo a cargo del arquitecto Alberto Belgrano Blanco, mientras que la construcción fue dirigida por el ingeniero Pablo Tenerani. La propuesta arquitectónica se estructura a partir de una planta central.
Las tiras de aulas y galerías se articulan alrededor de distintos patios, una organización que combina las necesidades educativas con una distribución ordenada de los espacios.
El edificio se desarrolla en dos niveles. En la planta baja se encuentran el ingreso y las áreas administrativas, además de la biblioteca y el aula magna, que conforman el cuerpo transversal del conjunto.
Tres tiras perpendiculares concentran aulas y el patio cubierto. A su vez, dos cuerpos separados por galerías alojan, respectivamente, la casa del director y otro grupo de aulas.
En la intersección de las galerías se ubican las escaleras. Desde el exterior, estos sectores adquieren especial presencia mediante dos torres rematadas con cúpulas. En la planta alta se distribuyen nuevas aulas y los núcleos sanitarios.

La estación
La fijación en 1884 de la estación central del Ferrocarril Provincial estimuló el desarrollo de Santa Fe. Su edificio primitivo, levantado tras rellenar terrenos bajos cerca del puerto, debió ser ampliado por el constante aumento del servicio. Su cuerpo central y las reformas en su ala izquierda marcaron el eje edilicio a partir del cual se expandió la planta urbana.
La estación central actuó como núcleo operativo de las líneas que conectaron a Santa Fe con las colonias agrícolas de la provincia. Su intensa actividad motivó además el traslado de oficinas de administración al antiguo edificio de calle San Luis, frente a plaza España (hoy Registro Civil), afianzando el perfil de la ciudad como centro de decisiones económicas y ferroviarias.

Alrededor de la estación y sus dependencias se levantaron depósitos, talleres y muelles que transformaron la fisonomía del sector. La dinámica diaria del complejo ferroviario impulsó la urbanización del barrio Candioti y la instalación de aserraderos y fundiciones, atrayendo a una gran masa de trabajadores e inmigrantes que poblaron las inmediaciones de la terminal.

Como edificio emblemático del progreso técnico, la estación sirvió de punto de convergencia entre la navegación del puerto y el transporte terrestre. Las instalaciones de la terminal facilitaron el movimiento incesante de pasajeros y cargas, convirtiéndose en el símbolo físico de una época que modernizó la producción y las comunicaciones en el interior santafesino.

Vaivenes políticos y económicos de mediados del siglo XX echaron por tierra a la vieja estación. Se la derrumbó casi por completo y en su lugar se levantó la terminal de ómnibus, todo un mensaje que aún por estos días perdura: por estos lares, el colectivo prima sobre el tren.






