Santa Fe ya no es la misma ciudad que hace quince años. Tampoco lo es la forma en que sus habitantes nacen, crecen, estudian, trabajan, forman una familia, alquilan o compran una vivienda y se desplazan por las calles. Una serie de cambios que durante años pudieron parecer aislados comienzan ahora a mostrar un patrón común: la capital provincial atraviesa una profunda transformación demográfica, social, económica y urbana.
Santa Fe cambia: menos nacimientos, hogares más chicos y una ciudad cada vez más envejecida
Un nuevo informe de Santa Fe Cómo Vamos revela profundas transformaciones demográficas, habitacionales, laborales y de movilidad. La capital provincial crece cada vez más lento y por primera vez registró crecimiento vegetativo negativo. A la vez, se consolida como polo universitario y científico, aunque persisten fuertes desafíos en empleo, vivienda y servicios.

Eso es lo que subyace del informe “La ciudad de Santa Fe en transformación. Tendencias sociodemográficas, urbanas y económicas”, elaborado por el programa Santa Fe Cómo Vamos, una iniciativa que reúne a la Municipalidad de Santa Fe, la Bolsa de Comercio y las tres principales universidades de la ciudad: la Universidad Nacional del Litoral (UNL), la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) y la Universidad Tecnológica Nacional, Facultad Regional Santa Fe (UTN-FRSF). El estudio reúne series históricas y datos censales de los últimos quince años para identificar procesos estructurales y anticipar los desafíos que deberán afrontar las políticas públicas.
El dato que sintetiza buena parte de este proceso es demográfico. La ciudad llegó a 408.572 habitantes en el Censo 2022, pero entre 2010 y ese año creció apenas un 4,4%. Para poner esa cifra en perspectiva, entre 1947 y 1960 la población había aumentado un 29%. El fenómeno tampoco se limita a Santa Fe: mientras la capital creció 4,7% si se considera la población en viviendas particulares, el Aglomerado Gran Santa Fe aumentó 9,1% entre 2010 y 2022, impulsado por localidades como Santo Tomé, Recreo, San José del Rincón, Sauce Viejo y Arroyo Leyes.
La expansión hacia el área metropolitana se observa con claridad en los números. Santo Tomé pasó de 65.694 a 75.133 habitantes; Recreo, de 14.205 a 19.016; San José del Rincón, de 10.133 a 14.019; Sauce Viejo, de 8.097 a 14.393, y Arroyo Leyes, de 3.012 a 4.810.

Menos nacimientos y más adultos mayores
Pero el cambio más profundo aparece cuando se observa qué tipo de población tiene Santa Fe. La tasa de natalidad cayó de 21,8 nacidos vivos cada mil habitantes en 2014 a 8,7 en 2025, mientras que la mortalidad llegó a 10,6 por cada mil habitantes. La consecuencia es inédita para la ciudad: en 2025 se registró por primera vez un crecimiento vegetativo negativo, es decir, hubo más muertes que nacimientos. El gráfico histórico del informe ubica el saldo vegetativo de ese año en -1,9 por mil.
La transformación también se advierte en la estructura por edades. Entre 1991 y 2022, los menores de 14 años pasaron de representar el 30,7% al 20,4% de la población. En sentido inverso, las personas de 65 años y más aumentaron del 9,1% al 12,6%. El índice de envejecimiento pasó de 45,2 en 2010 a 61,5 en 2022: es decir, hay 61,5 personas mayores de 65 años por cada 100 menores de 15. Ese valor supera al registrado en la provincia (60,1) y en el país (53,4).
El envejecimiento, además, no se distribuye de manera uniforme. Los distritos Centro y Este presentan los índices más altos, con 124,5 y 101,2, respectivamente. El fenómeno obliga a pensar en nuevas demandas para los sistemas de salud, protección social, cuidados y planificación urbana.
Hogares más pequeños y más inquilinos
La ciudad también está cambiando puertas adentro. Entre 2010 y 2022, los hogares santafesinos pasaron de 124.927 a 149.903, un crecimiento del 20%, muy superior al aumento de la población. Al mismo tiempo, los hogares integrados por una o dos personas pasaron de representar el 43,7% al 52,3% del total.
El fenómeno tiene un fuerte correlato habitacional. En 2022, el 63,8% de los hogares era propietario de su vivienda, pero los hogares inquilinos ya representaban el 23,4%, frente al 17,6% de 2010. En términos absolutos, pasaron de 22.026 a 35.149. Dentro de ese universo, los hogares de una o dos personas representaban el 66,8%, y los unipersonales llegaron al 40,1%.
También crecieron los departamentos. Aunque las casas siguen siendo el tipo de vivienda predominante, su participación cayó del 78,2% al 74,5% entre 2010 y 2022, mientras que los departamentos pasaron del 20,3% al 22,8%. El Centro concentra la mayor proporción de departamentos, con el 56,6%, seguido por el distrito Este, con 17,9%.
El informe encuentra allí una posible relación entre varios procesos: envejecimiento, hogares más pequeños, estudiantes que llegan a la ciudad y una creciente demanda de viviendas de menor superficie y próximas a los centros universitarios.

Una ciudad con servicios, pero con cuentas pendientes
El crecimiento de los hogares también modifica la demanda de servicios públicos. El 93,8% de los hogares dispone de acceso a agua potable, pero la cobertura es sensiblemente menor en cloacas —61,9%— y gas natural de red —50,9%—.
Hay otro dato revelador: entre 2010 y 2022, mientras la población aumentó 4,4%, la cantidad de usuarios residenciales conectados a agua potable y cloacas creció 14,9%; los usuarios de energía eléctrica aumentaron 21,1% y los de gas, 18,4%. La explicación no está solamente en que haya más habitantes, sino en que hay más hogares y una estructura residencial diferente.
En materia social, el informe registra una mejora general en el indicador de Necesidades Básicas Insatisfechas: la población que residía en hogares con al menos una NBI bajó del 8,8% en 2010 al 7,8% en 2022. Sin embargo, persisten fuertes diferencias por edad: los menores de 14 años siguen siendo el grupo más afectado, aunque su incidencia bajó del 17% al 14,7%. Entre los mayores de 65 años, en cambio, aumentó del 1,8% al 3,2%.
Mujeres: más universidad, pero no el mismo acceso al trabajo
Uno de los capítulos más significativos del informe se refiere a las trayectorias de vida de las mujeres. La matrícula de las tres principales universidades de la ciudad aumentó 67,2% entre 2008 y 2024. Pero el crecimiento fue mucho más marcado entre las mujeres: pasaron de representar el 53,9% de los estudiantes al 60,6%. La matrícula femenina aumentó 88,2%, frente al 42,7% de crecimiento entre los varones.
La mayor presencia femenina en las aulas, sin embargo, no tiene un correlato equivalente en el mercado laboral. La tasa de empleo promedio para el período 2007-2025 fue del 48,9% entre los varones y del 32,5% entre las mujeres, una brecha de 16,4 puntos porcentuales.
También cambiaron las decisiones vinculadas con la maternidad. El embarazo adolescente pasó del 18,6% de los nacimientos en 2014 al 8,5% en 2025, mientras que los embarazos tardíos aumentaron del 13,9% en 2012 al 20,9% en 2025. El informe vincula esta tendencia con un proceso más amplio de postergación de los proyectos reproductivos, asociado, entre otros factores, a la prolongación de los estudios, la búsqueda de estabilidad económica y la consolidación de carreras profesionales.

Santa Fe, polo de conocimiento
En medio de esta transformación, hay un área donde Santa Fe exhibe una tendencia particularmente fuerte: la generación y atracción de conocimiento.
La matrícula universitaria crece de manera sostenida y la ciudad atrae estudiantes de localidades que están incluso fuera del Gran Santa Fe. A esto se suma una expansión de la oferta de posgrado: entre 2011 y 2024, las especializaciones pasaron de 33 a 56; las maestrías, de 28 a 42, y los doctorados, de 18 a 24.
El sistema científico también se expandió. Entre 2015 y 2024, la cantidad de investigadores y becarios del CONICET en la ciudad creció 59,2%, al pasar de 838 a 1.334 profesionales: 685 investigadores y 649 becarios. Habrá que analizar y cuantificar más adelante qué está ocurriendo hoy con los recortes financieros a la ciencia y la educación, y sus consecuencias.
Ese capital humano encuentra además un correlato en la matriz exportadora. Las Manufacturas de Origen Industrial (MOI) representaron en promedio el 71,2% de las exportaciones santafesinas entre 2012 y 2025, frente al 28,3% de las Manufacturas de Origen Agropecuario. Aunque el volumen exportado cayó de 40.245 toneladas en 2010 a 11.400 en 2025, el valor total se mantuvo alrededor de los 40 millones de dólares anuales y el valor promedio por tonelada pasó de unos 1.000 a 3.000 dólares.
Un mercado laboral más independiente y más informal
La economía local presenta, de todos modos, señales más complejas. El comercio continúa siendo el principal generador de empleo privado registrado: concentra el 24,2% de los puestos, seguido por enseñanza (13,3%), servicios de asociaciones y personales (10,4%), industria manufacturera (10,3%) y construcción (10,2%).
Pero el comercio perdió empleo respecto de comienzos de la década pasada. En diciembre de 2025 tenía 15.486 trabajadores registrados, un 2% menos que en 2011. A la vez, la tasa promedio de locales desocupados pasó del 12,7% entre 2015 y 2020 al 17,6% entre 2021 y 2026. El informe también señala que el salario real promedio del sector privado registrado en la provincia acumuló una caída del 9,9% entre 2015 y 2025.
En el Gran Santa Fe también creció con fuerza el cuentapropismo. Entre 2007 y 2025, la participación de los trabajadores por cuenta propia pasó del 19,2% al 29,2% del empleo, mientras que el empleo asalariado bajó del 73,5% al 65,8%. El dato adquiere otra dimensión cuando se observa la informalidad: alcanza al 64,2% de los cuentapropistas, frente al 32,3% de los asalariados.
La construcción tampoco logró sostener el dinamismo de otros años. En 2025 se declararon 170.649 metros cuadrados en permisos de edificación privada, un 39,2% menos que los 280.271 metros cuadrados de 2008 y uno de los valores más bajos de la serie.
Más vehículos, menos pasajeros
La transformación también se ve en las calles. Entre 2012 y 2025, el parque automotor creció 43,1% y llegó a 239.149 vehículos. La tasa de motorización pasó de 42 a 53 vehículos cada 100 habitantes. Pero el crecimiento fue especialmente fuerte entre las motos: pasaron de 15 a 20 cada 100 habitantes, mientras que los automóviles aumentaron apenas de 22 a 23.
Al mismo tiempo, el colectivo perdió aproximadamente 30,8% de sus pasajeros respecto de 2011: pasó de más de 41,1 millones de usuarios a 28,5 millones en 2025. Aunque todavía no recuperó los niveles previos a la pandemia, continúa siendo el medio de transporte más utilizado por los hogares santafesinos: el 26,8% lo utiliza frecuentemente y otro 29,2%, de manera ocasional.
Aparecieron, además, nuevas alternativas. Las plataformas digitales de viajes ganaron presencia y el sistema de bicicletas públicas “Las Bicis” registró un aumento del 94,5% en sus usuarios activos entre 2023 y 2025, aunque todavía con una participación reducida en el conjunto de los desplazamientos.

Una ciudad que necesita anticiparse a sí misma
El conjunto de los datos dibuja una ciudad en transición. Santa Fe crece poco en términos poblacionales, pero cambia mucho en su composición. Tiene menos niños, más adultos mayores, menos nacimientos, más hogares pequeños y más personas que alquilan. Tiene más mujeres en las universidades, pero todavía una marcada brecha laboral. Genera más conocimiento científico y atrae estudiantes, aunque su economía muestra dificultades para sostener el empleo y el dinamismo comercial.
También consume y se desplaza de otra manera: hay más motos y automóviles, menos pasajeros en colectivos y un crecimiento acelerado de nuevas formas de movilidad.
El desafío que plantea Santa Fe Cómo Vamos no es solamente registrar esas transformaciones. El objetivo es que esos datos sirvan para anticipar qué ciudad será necesario construir en las próximas décadas. Vivienda, infraestructura, transporte, empleo, educación, cuidados y protección social aparecen como áreas donde las políticas públicas deberán adaptarse a una población y a unas formas de habitar que ya están cambiando.
El propio informe reivindica, en ese sentido, la producción sistemática de información pública como condición para comprender los procesos de largo plazo y tomar decisiones basadas en evidencia. Santa Fe Cómo Vamos lleva más de quince años construyendo esa serie de indicadores a partir de un trabajo conjunto entre Estado, universidades, sector privado y sociedad civil.
La fotografía que surge de esta edición es clara: Santa Fe no enfrenta solamente el desafío de crecer. En buena medida, enfrenta el desafío de adaptarse a una ciudad que ya está cambiando. O ya cambió.








