“Y viste como es, arreglan así nomás y con estas lluvias se rompe peor”. La frase pertenece a un conductor de una app de viajes de pago mientras transitaba la golpeada Ruta Nacional 11, en su tramo que conecta Santa Fe con Recreo.
La seguidilla de lluvias expone a la golpeada Ruta Nacional 11 entre Santa Fe y Recreo
Hundimientos, baches y pozos de grandes proporciones. Banquinas convertidas en un lodazal reducen los espacios de maniobras. Pese a todo, el tránsito es intenso a toda hora.


La expresión apareció en consonancia con uno de los sectores más averiados, entre Monseñor Rodríguez y Facundo Quiroga, donde se confunden los límites jurisdiccionales y confluye un intenso tránsito de vehículos de todo tipo.

Camiones con acoplados, furgones, colectivos de corta, media y larga distancia, camionetas con y sin doble cabina, autos, motos, bicicletas y, algunas veces, carros tirado a caballo; todos se apropian del camino, es la principal vía de acceso a los barrios de la zona.

Pero está deteriorado y las lluvias consecutivas exponen el problema. Inconveniente que no es nuevo y que fue “solucionado” muchas veces, con el mismo final: se vuelve a romper.

Sirven como ejemplo los dos 250 metros comprendidos entre Quiroga y Rodríguez, entre el fin de Santa Fe y el inicio de Recreo para graficar la cuestión. Hundimientos, descalces, roturas, pozos son moneda corriente y obligan a conductores a realizar maniobras de esquive y aminorar la marcha. Por momentos, se circula a paso de hombre y se generan atolladeros de decenas de vehículos.
Las banquinas y calles de acceso a barrios, fábricas, galpones y negocios de la zona en su gran mayoría son de tierra o un mejorado pétreo que no resiste el paso del tiempo. Así, con la seguidilla de precipitaciones se convierten en un lodazal de difícil y peligrosa circulación.

El Niño interpela
Queda comprobado en los hechos que este corredor vial de suma importancia para el área metropolitana de la capital santafesina necesita una reparación integral. El Litoral abordó el tema en los últimos años y los inconvenientes en la zona se repiten.
La novedad es que todo parece indicar que la llegada del fenómeno meteorológico conocido como El Niño traerá aparejado un incremento en los niveles de lluvia para la región. Todo lo cual, se esperan jornadas de agua y barro para este sector.

El Niño interpela, no sólo en cuestiones de riesgo hídrico, sino también en infraestructura en general. La rotura de los caminos, en este caso de la RN 11, por falta de mantenimiento se convierte en un riesgo constante para aquellos que la circulan a diario.
Cabe señalar que cada tanto, Vialidad Nacional, oficina del cual depende la jurisdicción de la ruta, realiza tareas de reparaciones, corte de yuyos, etc. Arreglos que efectivamente no alcanzan a solucionar el problema de fondo.

El extraño caso de un caótico semáforo
En agosto pasado, El Litoral contó la curiosidad de un semáforo que genera más caos vehicular del que evita. Particularmente, el dispositivo de control está ubicado en la intersección de Rodríguez y la RN 11.
El citado artículo describe la situación que a diario se registra en el lugar, que tranquilamente puede ser descrito como un embudo. Las cuatro esquinas que conforman la intersección tienen elementos de importancia y confluyen cientos de vehículos a toda hora.

Sin embargo, lejos de ordenar el semáforo es un obstáculo. En un radio de pocos metros confluyen instituciones y comercios de importancia. A saber, una escuela, una comisaría, un centro de salud municipal, un supermercado mayorista, locales más chicos, una parada de colectivos y el acceso a dos barrios, Cabaña Leiva y Nuevo Horizonte.

A todo ese movimiento, se le suma el transporte mediano y grande de carga, que va y viene hacia la circunvalación oeste. Todo lo cual, convierte a la zona en un gran embudo. Para peor, el semáforo funciona gran parte del día en intermitente y cuando se activa complica aún más el tráfico.
Así las cosas, con el amarillo que prende y apaga, al paso lo “gana” el vehículo más grande o el conductor más intrépido; con el riesgo latente de un siniestro vial. En cuestión de metros, confluyen vías en sentido norte - sur y oeste - este.








