Una vez que las mujeres sean trasladadas, la histórica Unidad Penal N° 4 dejará de funcionar como cárcel. El edificio, sin embargo, no quedará abandonado. Será refuncionalizado para albergar distintas dependencias vinculadas con la Secretaría de Asuntos Penales.
Qué pasará con el viejo edificio de la cárcel de mujeres de la ciudad de Santa Fe
En paralelo a la apertura de la unidad penitenciaria en la localidad de Recreo, el gobierno provincial ya definió el destino del inmueble ubicado en el extremo sur de la capital provincial.

La decisión responde también al crecimiento que experimentó el sistema penitenciario santafesino. “Pensemos que estamos frente a un servicio penitenciario que en estos escasos dos años y medio pasó de 8.000 presos a 12.500 y que con la inauguración de Recreo tendrá 13.500”, señaló Masneri.
“Entonces, la necesidad de crecimiento de las áreas vinculadas a la Secretaría de Asuntos Penales es muy importante”, agregó.
La funcionaria también se refirió a las internas de jurisdicción federal que actualmente permanecen alojadas en dependencias provinciales. Según explicó, deberían ser alojadas en establecimientos federales y existe un diálogo permanente con el Servicio Penitenciario Federal para concretar esos traslados. “Todas las semanas salen internas a dependencias federales”, indicó.
En paralelo, la provincia prepara cambios en el sistema de responsabilidad penal juvenil. A partir del 5 de septiembre comenzará a funcionar el nuevo esquema, que contempla la baja de la edad de responsabilidad penal.
En el caso de las mujeres, el alojamiento continuará concentrado exclusivamente en Rosario, con un cupo de 12 plazas, mientras que para los varones habrá un lugar de privación de libertad en Santa Fe y otro en Rosario.

El desafío de las 7.200 plazas
Recreo es parte de un plan más amplio de expansión de la infraestructura penitenciaria provincial. La administración de Pullaro se propuso construir 7.200 plazas carcelarias en un período reducido, con la intención de responder al crecimiento de la población penitenciaria y terminar con el alojamiento prolongado de detenidos en comisarías.
La nueva Unidad N° 9 representa uno de los pasos centrales de ese programa.

Para Masneri, el impacto será mayor que el simple traslado de personas de un edificio a otro. “Esta cárcel era muy importante”, afirmó. Y resumió el objetivo en tres efectos: “Esta cárcel realmente va a venir a traer mucho orden, posibilidad de más control en las cárceles y de policía en la calle”.
La frase sintetiza la apuesta oficial: que los detenidos dejen de ocupar espacios policiales, que los agentes puedan regresar a las tareas de prevención y que el Servicio Penitenciario disponga de establecimientos concebidos para custodiar, educar y resocializar.








