El lunes 14 de mayo de 1979, El Litoral publicó una reseña que permite ver cómo el arte europeo de posguerra cruzó el Atlántico y encontró un lugar en las salas del Museo Municipal de Artes Visuales de Santa Fe.
Arrigo Poz: el pintor de las llanuras friulanas que expuso en Santa Fe en mayo de 1979
En una muestra realizada en el Museo Municipal de Artes Visuales y reseñada por Jorge Taverna Irigoyen, el artista italiano presentó una obra inspirada en la memoria rural del Friuli, el expresionismo de posguerra y una experimentación con el color y el simbolismo.

El artista era Arrigo Poz, pintor nacido en Castello di Porpetto, provincia de Udine, en 1929. El texto, firmado por el crítico Jorge Taverna Irigoyen, trataba de resumir en pocos párrafos el trabajo de un artista que traía consigo décadas de búsquedas y la memoria de la llanura friulana.
La muestra fue auspiciada por la Federación de Sociedades Friulanas de la República Argentina. Que, en aquellos años, era un "puente" entre la diáspora italiana radicada en el país y la tierra de los abuelos.

Entre el campo y la vanguardia italiana
Para entender lo que Santa Fe vio en aquel mayo del 79, conviene saber de dónde venía Poz. Su infancia transcurrió en Bicinicco, una localidad del Friuli oriental donde comenzó a dibujar casi desde que aprendió a escribir.
El mundo campesino que lo rodeó, con sus ritmos, sus silencios, sus rostros curtidos sería sustancia en su obra, además, obviamente, de escenografía. En 1946, a los diecisiete años, conoció a Giuseppe Zigaina, uno de los pintores del movimiento neorrealista italiano, y frecuentó su taller durante cinco años.
A través de Zigaina, Poz se incorporó a los debates culturales que animaban el Friuli de la posguerra, participando en los encuentros de intelectuales que se reunían en Udine. Esos años no fueron cómodos. Debido a su situación familiar, debió rendir los exámenes del Liceo Artístico de Venecia en condición de libre, sin poder asistir a clases.

Esa formación discontinua lo obligó a buscar sus propios caminos. Aprendió técnicas de decoración pictórica junto a Silvio Pavon, de San Giorgio di Nogaro, y trabajó con él en la restauración de la catedral de Latisana. La parroquia le prestó una habitación junto al jardín de infantes parroquial; ahí instaló su primer taller.
El giro expresionista
A fines de la década del cincuenta, Poz comenzó a desprenderse de las influencias del neorrealismo para construir un lenguaje propio. El proceso fue gradual: mayor autonomía en el trazo, intensificación cromática, una estilización que no abandonaba la figura pero la cargaba de tensión interior.
En 1960 se mudó con su familia a Udine. Allí empezó a recibir encargos de instituciones religiosas: vitrales, mosaicos, frescos para iglesias del Friuli. Las grandes superficies, la relación con la luz, la demanda de un lenguaje simbólico accesible lo llevaron a una síntesis que marcaría su obra posterior.

En 1969 realizó las vidrieras para el templo de Cargnacco. En los setenta decoró con mosaico el atrio de la Basílica de las Gracias de Udine. Su figura fue ganando reconocimiento: expuso en Udine, Florencia, Milán, Verona, Novara.
Es dable pensar que, en algún momento de esa trayectoria, el puente tendido por la comunidad friulana en Argentina lo llevó hasta Santa Fe.
Lo que vio Taverna Irigoyen
Según se puede entrever en la reseña de Taverna Irigoyen en El Litoral, identificó en Poz a un artista de la baja llanura friulana, portador de una carga "entre nostálgica y trágica" que hacía su pintura "particularmente agridulce a los ojos del contemplador".

La muestra incluyó trabajos al pastel, técnica mixta y litografías. Las obras al pastel ("Cristos", "Tragedia", "Terremoto", "Lluvia sobre los desperdicios") eran, según el crítico, las que mejor expresaban el caudal expresivo de Poz: "vigoroso y de directos impactos". Las litografías, le parecieron un aporte menor al conjunto.
Lo que Taverna subrayó como virtud central era la capacidad de Poz para desarrollar "una luz-color afianzada sobre formas de lírico simbolismo". Una formulación que captura algo esencial: en Poz, el color organiza. Los rojos y azules intensos, usados en contraste, estructuran el espacio pictórico y condicionan la lectura de la imagen.
En las décadas posteriores
Poz siguió trabajando hasta el final de su vida. En 2000 y 2001 fue llamado como maestro a la Escuela Mosaicistas del Friuli. En 2010, con motivo de sus ochenta años, la región Friuli-Venecia Julia y los municipios de Pavia di Udine y Bicinicco organizaron una muestra antológica.

Fueron aproximadamente noventa obras reunidas bajo el título "Nel Cuore della Storia del Friuli", con catálogo publicado por Silvana Editoriale en italiano e inglés. Murió en Risano, provincia de Udine, el 27 de marzo de 2015. Sus obras en vidrieras y mosaico todavía pueden verse en varias iglesias de la capital friulana.








