"Si el pintor desea ver bellezas que le encanten, le corresponde a él crearlas, y si desea ver monstruos espantosos, ridículos o realmente lastimosos, él és el amo y señor de ellos". Leonardo Da Vinci.
La increíble historia de "La dama del armiño", el cuadro de Da Vinci que llega a Netflix
La obra fue creada a fines del siglo XV. Estuvo desaparecida durante siglos, sobrevivió guerras y saqueos de los nazis. Ahora inspira una nueva serie de Netflix que continúa el universo de "La casa de papel" y "Berlín".

La película "La mujer del cuadro", de 1944, cuenta la obsesión que provoca en un profesor (Edward G. Robinson) la observación del retrato de una mujer hermosa. Llega a tal punto que el hombre, de mediana edad, llega a hacer cosas inesperadas que lo introducen en una espiral inmanejable.
Esta introducción permite reparar en una característica de las buenas obras de arte: nunca permanecen quietas mientras haya un "receptor" dispuesto a dialogar con ellas. Aunque cuelguen detrás de un vidrio blindado o estén en la penumbra de un museo, cargan una biografía secreta de guerras, robos, desapariciones y, como decíamos, obsesiones humanas.
Algunas fueron mutiladas, otras perseguidas, otras convertidas en botines políticos. En ese territorio donde el arte se vuelve objeto de deseo, aparece "La dama del armiño", de Leonardo da Vinci que la nueva serie de Netflix, "Berlín y la dama del armiño", que se estrena el 15 de mayo, ubica en el centro de un golpe criminal.
Aunque no se pudo chequear con la producción de la serie, intuimos que la elección del cuadro obedece a que el genio renacentista pintó allí algo inquietante. El rostro de Cecilia Gallerani parece escuchar una amenaza. El animal está alerta. Todo parece suspendido un segundo antes de que ocurra algo.
Ese clima de tensión aparece en buena parte de la obra de Leonardo. Sus cuadros nunca terminan de explicarse. Siguen abiertos, como si escondieran un mensaje que el tiempo todavía no logró descifrar pese al empeño de los estudiosos.

Antes de la Mona Lisa
Cuando Leonardo pintó "La dama del armiño", hacia 1489, todavía faltaban años para que iniciara la Mona Lisa, su obra más famosa. Sin embargo, muchas de sus obsesiones visuales ya estaban allí: la ambigüedad, el movimiento contenido, la idea de que un retrato podía mostrar una vida interior.
Esteban Iborio observa que "la composición es un retrato en tres cuartos de perfil, algo innovador para la época. Muestra con ello movimiento y al mismo tiempo, la imperturbabilidad solemne de una estatua antigua. Típico de da Vinci es la imperceptible sonrisa en los labios. El pintor prefería sugerir las emociones más que presentarlas de forma explícita".
Leonardo desconfiaba de las imágenes estáticas. Sus estudios anatómicos, sus investigaciones sobre óptica y su obsesión por la circulación de la sangre aparecen traducidos en pintura. Cecilia no posa. El cuerpo mira hacia un lado mientras el rostro responde a otro estímulo. Es muy sugerente.

Para Álex Sala, "La dama con armiño" es "una Gioconda antes de la Gioconda". Desde su óptica, las similitudes entre ambos retratos llaman la atención, "la postura, las técnicas experimentadas e, incluso, los colores utilizados, antes de que los barnices aplicados a La Mona Lisa oscurecieran el conjunto y degradaran sus brillantes tonos originales".
La comparación no es exagerada. También la Mona Lisa terminó convertida en un objeto atravesado por delirios históricos. En 1911, el italiano Vincenzo Peruggia la robó del Louvre y la escondió durante más de dos años en un departamento parisino. El escándalo transformó la pintura en mito. Hasta entonces, era una obra admirada por especialistas; después del robo, pasó a ser un ícono mundial.
Ese episodio alteró para siempre la relación moderna con el arte, dado que el cuadro ya no era solamente una obra maestra, sino una pieza perseguida por el crimen, la prensa y la fascinación colectiva.

El armiño y los códigos del Renacimiento
La presencia del armiño en la obra de Leonardo todavía genera interpretaciones cruzadas. En apariencia, el animal simboliza pureza. Pero en el Renacimiento los símbolos rara vez tenían un único significado.
Sofía Vargas explica que "el armiño, con su pelaje blanco e invernal, se consideraba un símbolo de pureza. Da Vinci estaba fascinado por el animal, y realizó varios dibujos del mismo en la misma época que el retrato".
Y agrega: "uno de estos bocetos muestra a un armiño rindiéndose ante un cazador como representación de estos ideales virtuosos. Al hacer que el sujeto sostenga un armiño blanco, Da Vinci hacía referencia a la pureza de la mujer".

Sin embargo, el animal también remitía a Ludovico Sforza, duque de Milán y amante de Cecilia Gallerani, la modelo. Leonardo ocultó así una referencia política dentro del retrato. El cuadro tiene un sistema de capas: debajo de la elegancia cortesana aparecen el deseo, el poder y la propaganda.
Ese juego de claves escondidas no es raro en la historia del arte. Algo similar ocurre en "Las Meninas", donde Diego Velázquez convirtió un retrato real en un laberinto sobre la mirada y el poder. O en "El jardín de las delicias", cuya iconografía todavía provoca discusiones.
El cuadro que sobrevivió
La historia de "La dama del armiño" parece escrita para una serie de ficción. Tras la muerte de Cecilia Gallerani, el cuadro desapareció durante siglos. Recién reapareció en Polonia a comienzos del siglo XIX, cuando fue adquirido por la familia Czartoryski.

Laura G. Torres resume el recorrido. "El cuadro, de incalculable valor artístico, estuvo desaparecido tras la muerte de Cecilia Gallerani y reapareció en Polonia en 1800, cuando lo adquirió el príncipe Adam Jerzy Czartoryski", indica.
"Al igual que el país, repartido su territorio entre Rusia, Prusia y Austria, el cuadro vivió momentos convulsos: entre guerras e invasiones, la obra fue ocultada y trasladada a otros países, de Polonia a Francia, de Francia a Polonia y a Austria", sigue.
"Hasta los nazis la confiscaron para el proyectado museo de Adolf Hitler en Linz, aunque pudo ser interceptada. Acabada la guerra, el cuadro fue llevado a Alemania y luego fue devuelto a sus propietarios", cierra.

Durante el siglo XX, Hitler imaginó construir en Linz el mayor museo del mundo. Para eso, el nazismo desplegó un saqueo sistemático de obras maestras europeas. Miles de pinturas fueron robadas, ocultadas o revendidas. Muchas todavía permanecen desaparecidas.
La historia del arte europeo está llena de episodios similares. "El grito" fue robada en varias ocasiones; una de ellas, a plena luz del día. "La ronda de noche" sufrió ataques vandálicos. Detrás de cada obra célebre aparece una certeza, el arte siempre estuvo cerca de la violencia humana.
El sueño de poseer lo imposible
En "Berlín y la dama del armiño", Pedro Alonso retoma el personaje nacido en "La casa de papel" y traslada la acción a Sevilla. Berlín y Damián reúnen a la banda para fingir el robo del cuadro de Leonardo mientras planean una operación más compleja vinculada al Duque y la Duquesa de Málaga.

La serie comprende algo: las grandes pinturas ya no funcionan como patrimonio cultural. También son símbolos de prestigio, sobre todo en una economía hiper centrada en el dinero.
Leonardo sabía que una imagen podía sobrevivir si lograba conservar una pregunta sin respuesta. Tal vez por eso sus cuadros continúan regresando en nuevas formas culturales, desde novelas conspirativas hasta series de streaming. La fascinación sigue intacta porque sus personajes nunca terminan de mostrarse del todo.








