Cada 20 de junio se celebra el Día de la Bandera, en homenaje a su creador, Manuel Belgrano. La efeméride tiene que ver con el aniversario de su fallecimiento. Pero, en rigor, el símbolo patrio data del 27 de febrero de 1812, cuando el prócer lo desplegó por vez primera a orillas del río Paraná.
Del cuadro con un error histórico a la bandera hecha de luz: cinco obras de arte inspiradas en Belgrano
Una acuarela que agregó una segunda bandera, inexistente en los registros históricos, un óleo convertido en ícono y una instalación de tubos fluorescentes forman parte de una historia poco conocida del arte argentino y sus símbolos patrios.

¿Qué tiene que ver con el arte, que da sentido a esta sección? Es que hubo muchos creadores que tomaron a Belgrano y la bandera como inspiración. Aunque esos óleos, acuarelas, instalaciones lumínicas y collages son una reconstrucción posterior, que llegó mucho después del hecho.
Hay cinco aproximaciones artísticas que marcan un interesante recorrido, desde el óleo que Pedro Blanqué generó en 1895 hasta la instalación con fluorescentes que Sergio Avello abrió a principios de este siglo.

Cada una de ellas propone una lectura distinta del mismo símbolo patrio. Lo que sigue es un repaso por esas piezas, su contexto de producción y la disputa interpretativa que cada una abrió a su manera.
Belgrano idealizado
En 1895, el catalán Pedro Blanqué terminó "Juramento de la Bandera a orillas del Río Paraná", encargado por la Municipalidad de Rosario. Se conserva en el Museo Histórico Provincial "Dr. Julio Marc".
Blanqué había llegado a la ciudad en 1880. En Rosario fundó una academia de dibujo y pintura, formó discípulos como Emilio Caraffa y se convirtió, según el historiador Pablo Montini, en una de las piezas fundamentales del primer circuito artístico santafesino.

Su Belgrano no responde a un archivo documental, es una escenificación idealizada, creada casi un siglo después del hecho, cuando la efeméride empezaba a pensarse como uno de los pilares de la identidad nacional en construcción.
El error que se volvió tradición
También en el Museo Marc, una acuarela de Guillermo da Re retoma la misma escena hacia 1900, apenas unos años después que Blanqué.
Da Re comete, sin embargo, algunos "errores": angosta el cauce del Paraná hasta volverlo casi un arroyo, y agrega una segunda bandera flameando en una isla que, según el registro documental, nunca existió.

La bendición que decoró el poder
Mientras Blanqué y Da Re trabajaron la jura desde el costado del paisaje, el pintor italiano Luis De Servi eligió en 1912 otro momento del mismo ciclo fundacional: la bendición de la Bandera Nacional de la Libertad Civil.
De Servi llegó al Río de la Plata en 1885 y se especializó en el retrato de las clases dirigentes y en la pintura histórica de encargo oficial. Eso explica el tono de su Belgrano, más cercano a la pintura de Estado, pensada para legitimar un poder que necesitaba imágenes solemnes de su propio origen.
La obra de De Servi pertenece a esa pintura histórica que cumplió, en el cambio de siglo, la función pedagógica de instalar a los héroes patrios en el imaginario escolar.

La bandera como territorio doméstico
Un siglo más tarde, la artista visual Nora Iniesta propuso una ruptura con esa tradición pictórica. En 2021 inauguró en el Museo del Bicentenario de Buenos Aires la exposición "Abanderada", con más de setenta obras construidas con baberos bordados, individuales de mesa, papeles a lunares, estampitas y carreteles de hilo.
Iniesta, egresada de las Escuelas Nacionales Manuel Belgrano y Prilidiano Pueyrredón y formada en grabado en la Slade School of Fine Art de Londres, cambió la pregunta sobre el símbolo patrio de la épica al de la infancia y lo doméstico.
La bandera que nunca termina de encenderse
La quinta obra es una instalación lumínica. "Bandera", de Sergio Avello, está creada con fluorescentes blancos y celestes que un secuenciador enciende y apaga por franjas, hasta alcanzar, por unos segundos, el encendido completo de la insignia, antes de que el ciclo vuelva a comenzar.

Entre el óleo de Blanqué y la instalación de Avello hay más de un siglo de historia argentina, pero también una historia paralela de las preguntas que el arte le hizo al símbolo patrio.








