La maternidad ocupa un lugar muy destacado en la historia del arte. Madres que amamantan, sostienen a sus hijos o encarnan la fertilidad de la tierra son parte de un repertorio visual que supera épocas y tradiciones. A veces, las representaciones responden a una imagen idealizada del amor materno, otras veces hay cansancio, precariedad y esfuerzo.
Diez obras de arte argentinas para pensar la maternidad más allá de los estereotipos
Una serie de trabajos de Carlos Alonso, Antonio Berni, Emilia Bertolé, Agustín Riganelli y otros artistas ponen de relieve distintas formas de representar el vínculo materno. Las miradas oscilan entre el amor, las preocupaciones cotidianas, la desigualdad social y los símbolos de la naturaleza.

En Argentina, los artistas abordaron ese universo desde lugares distintos. Algunos se fijaron en el vínculo madre-hijo y otros vieron ahí un disparador para hablar de la desigualdad social, la identidad o la naturaleza. En el Día de la Madre, pensamos en esta sección en evocar diez obras de pintores y escultores argentinos que dan idea de esa heterogeneidad.
El cuidado y las preocupaciones cotidianas
Entre las obras que integran el legado de Carlos Alonso, fallecido recientemente, hay una pintura de la década de 1950 dedicada a la figura materna. Lejos de presentar una imagen serena, el cordobés muestra a una mujer que ampara a su hijo con preocupación. El amor y el cuidado coexisten con el peso de la vida cotidiana.

Pero hay algo más, la mujer tiene una lámpara, lo cual sugiere tanto que la tarea de maternar se desarrolla junto a otras, de carácter doméstico, pero también da una idea de esperanza. Este tipo de aproximación es coherente con el resto de la producción de Alonso, que prestó atención a lo social.
La presencia materna a través del recuerdo
"Retrato de mi madre", de la rosarina Emilia Bertolé, es una mirada muy distinta a la que presenta Alonso. Acá no hay un niño en brazos, amamantamiento o cuidado. La maternidad se expresa por la huella afectiva que dejó su presencia. El título da cuenta del vínculo artista-retratada, pero la pintura no necesita una escena para hablar de esa relación.

La luz se concentra en la cara y las manos, la ropa oscura y el fondo casi negro envuelven a la figura. Ese contraste dirige la atención a su expresión, serena y melancólica, pero cada espectador puede encontrar matices diferentes. De modo que la presencia materna se puede "armar" sin necesidad de recurrir a los signos convencionales asociados a ella.
La madre y la realidad social
La crítica definió a Juan Carlos Castagnino como un pintor social. Como señaló León Benarós, sus pinturas hablan "del interior profundo y de los arrabales de Buenos Aires, integran la figura humana al paisaje y ennoblecen la presencia de sus criaturas de carne y hueso, sin atemperarles la dureza del gesto con que las señaló la vida".

Esa sensibilidad también aparece en su representación de la maternidad. En el óleo dedicado a este tema, una mujer sostiene a un niño pequeño en un entorno urbano o industrial que queda relegado al segundo plano. La escena transmite una sensación de alerta, como si ambos estuvieran atentos a algo que sucede fuera de los límites del cuadro.
La maternidad como amparo
También tiene un sentido social la maternidad que muestra Antonio Berni en "La siesta". En esa obra de 1943, que pertenece al Museo Nacional de Bellas Artes, el pintor hace, según Patricia Corsani, "una denuncia de los efectos de las guerras, de los vicios y peligros de la sociedad de consumo que convierten en víctimas a los seres humanos".

La madre, que aparece en la ventana amamantando al bebé, seria, no es el centro de la escena. Pero si emerge como una presencia íntima, protectora, casi sagrada. La maternidad aparece como cuidado, garantía de vida y amparo. Y a la vez evoca la representación tradicional de la Virgen con el Niño, pero en un ambiente rural y humilde.
El esfuerzo físico de amamantar
La versión de "Madre" de Juan Grela, que data de la década de 1940, sirve para ver la maternidad desde una dimensión concreta el vínculo físico entre madre e hijo y el esfuerzo que implica ser mamá. La xilografía, realizada en blanco y negro, evita la idealización decorativa.

La mujer aparece sentada, con el cuerpo inclinado hacia el bebé que amamanta. Su mirada baja hacia el niño y sus brazos lo rodean para sostenerlo. Sin embargo, su postura no transmite tranquilidad. El rostro serio y el cuerpo robusto le dan a la escena un tono de gravedad. La maternidad es sinónimo de responsabilidad y esfuerzo. Amoroso, pero también duro.
Una experiencia compartida
La obra de Raúl Schurjin dedicada a la madre que elegimos para estas líneas, propone una mirada más colectiva, no posa la mirada en el vínculo entre una madre y su bebé. Las figuras están organizadas como un grupo, una mujer adulta parada detrás, una niña se apoya sobre el regazo una tercera figura, con un pañuelo azul, parada al lado.

La escena podría leerse como una especie de cuidado compartido y de sentido de pertenencia. Las figuras parecen acompañarse, aunque no muestren afecto, al menos a simple vista. También es significativo el tratamiento de los personajes, con cuerpos alargados y rostros simplificados.
La Madre Tierra como origen de la vida
En un registro completamente diferente se ubica "Madre Tierra", un óleo sobre lienzo de 180 por 180 centímetros realizado por Ricardo Celma en el año 2022. En esta obra, la maternidad trasciende la experiencia individual y es una representación de la naturaleza y del origen de la vida.

En un audio disponible en la página web de la galería Zurbarán, el artista explicó que fue una de las obras que más tiempo le llevó realizar, debido a la cantidad de símbolos y estructuras geométricas que tiene. "Traté de trabajar con la geometría más básica que conforme la realidad o la cosmogonía donde vivimos los humanos", señaló.
El artista identificó tres formas en la composición: el triángulo, el cuadrado y el círculo. El primero remite a la figura de la Pachamama; el segundo se forma a partir de puntos ubicados en los extremos de sus manos; y el tercero aparece rodeado de luz, como representación de aquello que la rodea.
Los mitos del origen
Las búsquedas de los artistas argentinos para representar la maternidad también encontraron un espacio en la escultura. Uno de ellos fue Libero Badii, creador de una propuesta estética que definió como "arte siniestro".

En una escultura de 1976 dedicada a este universo, Badii recurre a una estructura piramidal que remite a tradiciones prehispánicas. Según el Museo Nacional de Bellas Artes, esa organización evoca las representaciones de las deidades vinculadas con la fertilidad humana y de la tierra, así como los mitos sobre el origen del mundo.
La protección en el cuerpo
La obra de Jorge Casals, escultor de una orientación más tradicional, alude a una dimensión mucho más íntima de la maternidad. Realizada en madera tallada y perteneciente a la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, la pieza pone el acento en el vínculo corporal entre una mujer y su hijo.

El contacto entre ambos es el núcleo. La mujer inclina la cabeza hasta casi besar al niño, mientras sus manos grandes lo rodean y lo sostienen. El cuerpo materno, voluminoso y sólido, ocupa buena parte del espacio escultórico, la postura da idea de protección. El niño descansa sobre el regazo de su madre y encuentra en ese cuerpo un lugar de resguardo.
Una madre humilde que cuida
"Madre del pueblo", escultura realizada por Agustín Riganelli en 1931, cierra este recorrido con una representación donde confluyen la tradición iconográfica religiosa y la mirada sobre las condiciones sociales de la maternidad.

"Si bien respetó la iconografía tradicional de las madonnas, destacó la figura de la mujer humilde y resignada que protege a su hijo en el regazo, lo amamanta y defiende ante la precariedad de su condición social", señala Patricia Corsani.








