En noviembre, el Museo Rosa Galisteo abrió la muestra "Disociaciones. Obras, cartas y legajos", centrada en la donación Luis León de los Santos. Entre las obras expuestas, figura un autorretrato de Jorge Larco, pintor y escenógrafo.

Paisajes, retratos, desnudos y bodegones conforman una obra marcada por la experimentación constante. Una figura compleja, refinada y libre, que encarnó una manera de entender el arte lejos de los grandes relatos.

En noviembre, el Museo Rosa Galisteo abrió la muestra "Disociaciones. Obras, cartas y legajos", centrada en la donación Luis León de los Santos. Entre las obras expuestas, figura un autorretrato de Jorge Larco, pintor y escenógrafo.
¿Quién era este artista, de cualidades excepcionales para la acuarela, pero que se desarrolló en varios frentes? Nació en Buenos Aires el 2 de enero de 1897, de padre argentino y madre española.

Estudió en Madrid con Julio Romero de Torres, reconocido pintor simbolista y Alejandro Ferrant y Fischermans, un artista que cultivó temas de historia, de género, religiosos, paisajes, retratos y pintura decorativa.
En 1913 trabajó en México con Roberto Montenegro, precursor del arte contemporáneo de su país y difusor de su cultura. Tras volver a la Argentina ejerció la docencia en las Escuelas Nacionales de Bellas Artes hasta 1951.

Concurrió varias veces al Salón Nacional; expuso en Río de Janeiro, Nueva York, San Francisco, París, Bruselas, Montevideo, Madrid, México y Washington.
Larco no se circunscribe a un motivo o a una técnica específica, experimentó muchísimo. Indagó en la ilustración escenográfica, la decoración de interiores y vidrieras.

Pintó desnudos, flores, figuras, retratos, bodegones y paisajes de los lugares donde vivió o visitó, desde Europa hasta la provincia de Córdoba. En relación a este último punto, Jorge Romero Brest opinó que fue donde llegó a sus niveles más altos.
Evoca algunos paisajes pintados en Brasil donde "integró el colorido vibrante de su paleta con la hondura panteística de su emotiva sensibilidad ante la visión de la naturaleza”.

Dado que Larco era homosexual en tiempos de donde tal condición no era del todo aceptada, armó un matrimonio por conveniencia con la escritora chilena María Luisa Bombal, que duró poco.
Era una persona "sensible, culta, polifacética, generosa en su obra y en su vida, que conformó una de las imágenes típicas del artista de los años 30", según señala Nelly Perazzo.

En la mirada de la investigadora e historiadora de arte contemporáneo, Larco "tuvo un concepto de arte no comprometido con componentes de sensibilidad y elegancia en un ambiente donde todavía los 'grandes relatos' parecían tener vigencia".
Tras su fallecimiento, el 16 de octubre de 1967 tras una larga enfermedad, El Litoral destacó en un obituario su trabajo con los colores al agua, "cuya técnica llegaría a dominar como muy pocos en el país".

En ese texto publicado el martes 17 de octubre de aquel año, también se recuerda como Larco, durante su estancia en Madrid, profundizó en la acuarela y, "para realizar estudios, concurría a museos con el fin de copiar importantes obras".
El Litoral también recuerda su labor como ilustrador, a través de colaboraciones en "Caras y Caretas", "El Hogar" y "Mundo Argentino" y señala por último que sus restos fueron sepultados en el cementerio de la Chacarita.

El vínculo con Santa Fe fue más allá de la relación con Luis León de los Santos. Como dato de color para cerrar, existe un retrato de Larco de Carlos Guastavino, que incluso fue utilizado para la portada de un álbum dedicado al músico santafesino.