"Lo voy a decir groseramente: para mí el arte es una mentira. Es un sistema internacionalizado y globalizado. Lo que los centros de poder indican, todo el planeta lo hace. Cómo los medios de comunicación están tan acelerados, llega enseguida".
Julián Usandizaga: una obra gestada entre sueños, símbolos y desconfianza hacia el arte establecido
A los 40 años, el artista rosarino expuso algunas de sus aguafuertes en el mítico espacio que funcionaba en Santa Fe. El Litoral registró aquella muestra y Jorge Taverna Irigoyen resaltó la imaginación de un creador que desarrolló un universo muy personal, alejado de las tendencias que cuestionaba.

La frase la dijo, ya veterano, Julián Usandizaga, artista nacido en la localidad de Juncal en 1932, pero rosarino por adopción desde 1946 hasta su muerte en 2020. A su favor, hay que decir que logró construir una obra que se salteó esas imposiciones que miraba con tanta desconfianza y aún así se ganó un lugar propio. En buena medida gracias a su potente imaginación.

La imaginación como territorio
En una reciente muestra dedicada a su obra en Subsuelo Galería de Arte de Rosario, se refirieron a él como "creador virtuoso" y "autor faro" entre los artistas vinculados con el surrealismo y el arte onírico. Para alcanzar ese estatus, ese reconocimiento por parte de sus pares, el "vasco" (así lo llamaban) había trabajado mucho durante su vida.
Arrancó en los talleres de Marcelo Dasso y Juan Grela, luego siguió en la Universidad Nacional del Litoral y entre 1969 y 1970 estudió grabado en España. Desde esos años, realizó varias muestras individuales y participó de exhibiciones colectivas, en el país y en el exterior.

También fue docente en la Escuela Provincial de Artes Visuales de Rosario y en la Facultad de Bellas Artes de la Universidad Nacional de la misma ciudad. "Creo que lo que mejor que me pasó en la vida es la docencia. Es una situación transferencial muy especial", aseguró una vez a La Capital.
En una oportunidad, le preguntaron sobre su proceso creativo y él respondió que "cuando uno dibuja, como cuando sueña, no conoce las causas temáticas. Son metáforas, y la metáfora es una mentira que revela la realidad. A partir de ese principio, habló sobre el poder, la pasión, la locura y la libertad.

Cuando murió, en 2020, Beatriz Vignoli le dedicó unas palabras en Rosario 12. "Aquel tipazo de vida sencilla y humor ácido, que hacía chistes acerca de su propia edad y comentarios satíricos sobre la sociedad en charlas que brotaban (como seres de sus lápices) cada vez que su costumbre de andar en bicicleta nos lo deparaba por azar, fue un mago que supo reinventar el tiempo".
Con él ocurrió algo que a veces falta en vida, el reconocimiento unánime. En 2005, cuando recibió el título de profesor honorario de la Universidad Nacional del Litoral, la resolución resaltaba había formado "generaciones de artistas con su talento y predisposición" y que era "uno de los dibujantes más brillantes de la Argentina".

El paso por El Galpón
Este artista expuso, a sus 40 años, en la ciudad de Santa Fe bajo el título "El aguafuerte, su proceso". Fue a principios de octubre de 1972 en El Galpón, recordado como lugar legendario de las artes plásticas locales. Que, en los 60 y 70 permitió a los jóvenes expresarse según la demanda de los tiempos.
Allí confluyeron figuras como Lita Franceschini, Jorge Cohen, Peti Lazzarini, Lito Benvenuti, Nora Possentini, Juan Vergel, Coco Sahda, Mario Giromini Droz, Lea Lublin, Luis Felipe Noé, Clorindo Testa, Dina Roth y el mentado Usandizaga.

El Litoral, a través de Jorge Taverna Irigoyen, se hizo eco de la muestra. "Todo individuo adquiere, tiempo más o menos, la conciencia de imagen, es decir, la representación de hechos, figuras o formas. Sin embargo, es mucho más largo, complejo y en cierta medida 'singular' el proceso que otorga la capacidad de imaginar a un hombre, frente a otros que no tienen tal poder", dijo el crítico.
"La capacidad de imaginar da ciertos vuelos que, a veces, sobrepasan la lógica, abordan espacios suprasensibles que no se pueden tocar y llegan a un plano de alegoría y de símbolo. Quienes están en el arte poseen la llamada 'conciencia de imagen'. Pero la 'capacidad de imaginar', en cambio, es privilegio de muchos menos y conduce (de la mano del talento) a campos de insospechable hondura", agregó.

"Julián Usandizaga posee esa capacidad que le permite saltar sobre las cosas. Saltar, pero embebiéndose de su más hondo secreto. Saltar, para que la materia no roce lo que debe estar dado fundamentalmente por la idea. Cada grabado de Usandizaga 'prende' al ojo de quien le contempla", remarcó.
El aguafuerte, entre el proceso y la imaginación
En la exposición, tal como indicaba su título, el público podía observar cómo el dibujo inicial y las sutiles caligrafías del artista sobre la plancha de zinc eran progresivamente penetrados por el ácido. Con cada etapa del proceso, el trazado realizado con los buriles adquiría mayor contraste, hasta llegar a la aplicación de las tintas y su posterior transferencia al papel.

"Para quien no está habituado o desconoce totalmente el proceso del grabado en metal, resultará sugerente descubrir la mecánica de su proceso y llegar a través de los 'estados' previos, al logro último", apuntó Taverna en su publicación.
En las estampas de Usandizaga había duendes y seres de fantasía como bifrontes, alados, unicelulares, con corazón de tuerca o de papel. "Nadando el espacio, esas formas de un surrealismo poético y a veces cáustico, construyen finalmente un universo singular", aseguró el crítico.

Luego valoró la "penetrante imaginación" de este artista, unida a su visión y su sentido simbolista. "Cuando el aguafuerte es iluminado por colores tenues en su estado final, torna a descubrirse ese sentido de armonía y frescura que, a lo largo de todo su trabajo, le proveen de un carácter virginal", cerró.








