Para acercarse al universo creativo del artista plástico Julio Guillermo Paz, nacido en Buenos Aires, resulta interesante detenerse en sus influencias. Él mismo las repasó en una entrevista concedida al blog El Quilmero, en la que mencionó a algunos de los artistas que forjaron su manera de mirar.
Una muestra de Julio Paz en Santa Fe y los "inventos" de un artista que veía la realidad de otra manera
A principios de octubre de 1972, el Museo Municipal de Artes Visuales recibió una muestra del artista oriundo de Avellaneda, Buenos Aires. Jorge Taverna Irigoyen destacó su dominio del grabado y sus cualidades para valerse de motivos cotidianos y hacer de ellos imágenes de fuerte potencia expresiva.

"La perspectiva de algunos personajes, como Carlos Alonso, Antonio Berni, Aída Carballo, José Guadalupe Posada, me ha enseñado a ver. Por otra parte, soy admirador ferviente de William Hogarth, a quien aprendí a observar", afirmó.
Luego agregó: "primero aprendí con Durero, luego con Rembrandt y con Pietro Longhi. Me hubiera gustado tener, alguna vez, una pincelada como la de Goya o hacer una mano como Carlos Alonso. Son pequeños sueños de admiración por los grandes".

Ahí aparece una concepción del aprendizaje artístico basada en la observación de los predecesores. Una actitud que también puede encontrarse en creadores como Pablo Picasso, quien antes de convertirse en protagonista de las vanguardias estudió con detenimiento la obra de sus antecesores.
En el caso de Paz, el crítico Claudio Pérez definió esa búsqueda de otro modo: "su obra transmite la búsqueda quimérica de los sueños incumplidos del humanismo latinoamericano".
"Fiel a su época, registra los hechos más crudos de nuestra realidad sin ceñirse a un anecdotario cronológico, sino que se adentra en nuestros problemas con una crítica sutil a la insensibilidad y el individualismo", agregó Pérez.

También destacó el influjo de la literatura en su producción, desde la serie Los inventos, en la que "recreaba los más vulgares objetos de nuestra cotidianidad, como un Verne sudamericano", hasta sus retratos de Juan Carlos Onetti.
Los "inventos" de Paz en una muestra
Precisamente, Los inventos fue la serie que Paz presentó en Santa Fe a principios de octubre de 1972. Poco antes, algunas obras de su autoría habían participado de la Bienal de Londres. La muestra santafesina se realizó en las salas del Museo Municipal de Artes Visuales.
Jorge Taverna Irigoyen publicó un comentario sobre aquella exposición el 6 de octubre de 1972. Allí sostuvo que "sus inventos no son tales en la medida que pueda darse al vocablo, ya que, en esencia, Paz pretende recrear motivos aparentemente vacíos de simbologías o con representaciones ya muy hechas, para darles otra vida formal y expresiva".

"'El inventor de la llave de Paté', el del 'polígono rectangular', el de la 'Copa Melba', la 'Espada de Damocles' o 'El pabellón de la oreja', son otras tantas variaciones donde el ingenio logra hacer penetrar, de la mano de un dibujante-grabador de excepcionales registros, a un mundo casi mágico", agregó.
Taverna Irigoyen también se detuvo en la técnica. "Los grabados del artista -todos aguafuertes, con algunas incursiones de gofrado- revelan su disciplina artesanal. Un cuidado uso de las tintas y un preciso ajuste en el sacado de las copias, le permiten alcanzar pureza en el abanico de los valores".
"Paz trabaja la plancha con claro rigor, extrayendo de ella las máximas sugerencias de fondo-forma. A veces, ilumina las obras con pintura, pero otras continúa con las tintas gráficas originales, dejando que alguna gama cromática rompa el directo claroscuro", remarcó.

El crítico cerró su comentario con una advertencia. "De la obra de Paz cabría afirmar que hay que verla antes que hablar sobre ella". Y puso como ejemplo El inventor de lo de adentro, donde un rostro en primer plano y una pera cortada podían alcanzar "mucho más trasfondo subjetivo" que la abundancia de formas, colores y espacios a la que recurren algunos "para decir muy poco".
El dolor del exilio
Después del golpe militar de 1976, Paz debió partir al exilio europeo. En el Viejo Continente continuó desarrollando su carrera artística. Primero en condiciones difíciles y luego con mayor fortuna. Recibió diversos premios y reconocimientos.
Como otros artistas e intelectuales argentinos que murieron lejos de su país, Paz terminó su vida en Europa. Falleció en Milán en 2010, después de haber construido una obra atravesada por la memoria de una Argentina a la que nunca dejó de volver desde el arte.

"El Luna Park, Gardel, los pugilistas, los circos sin nombre, las Madres de Plaza de Mayo, sus alusiones a Quilmes y Bernal, los lugares en los que fue feliz, aparecen en su obra una y otra vez, como si nunca hubiera partido del país que lo expulsó", afirmó Claudio Pérez al referirse a ese exilio.








