"Xul Solar, un artista que ha sabido combinar la fantasía y la realidad, creando un mundo que es a la vez onírico y tangible". Julio Cortázar
"Piai", el ritual guaraní que Xul Solar pintó bajo el influjo de las vanguardias europeas
Pintada en 1923, la acuarela que hoy se conserva en Buenos Aires, cruza dos mundos que fueron importantes en su búsqueda artística, la internalización de las vanguardias que conoció durante su viaje por Europa, donde conoció a Picasso y su creciente interés por las culturas americanas.

Todas las piezas artísticas tienen una historia para contar, porque hay una persona detrás de su génesis. Esa es la premisa de "Obras que cuentan", este espacio donde nos detenemos frente a una pintura, un dibujo o una acuarela para reconstruir lo que no aparece en la primera mirada. Es decir, cómo se gestó, qué discutió y qué sigue diciendo hoy.
En esta entrega, la obra elegida pertenece a uno de los artistas inclasificables (cabe recordar que fueron muchos, entre ellos Antonio Berni, Juan Del Prete y Emilio Pettoruti) que "parió" la Argentina del siglo XX, y a su acuarela más fascinante, "Piai", pintada en los años en que Oscar Agustín Alejandro Schulz Solari terminó de convertirse en Xul Solar.

Doce años en Europa
Para entender mejor "Piai" es atinado arrancar por algunas notas biográficas. El artista que nos convoca hoy nació en 1887 en San Fernando, hijo de un ingeniero de origen ruso y una madre italiana. Estudió arquitectura, la abandonó, y encontró en la música y en la pintura las dos pasiones que estarían presentes en su obra.
En 1912, con 25 años, partió hacia Europa con la intención declarada de llegar hasta Hong Kong. El viaje se extendería 12 años y redefiniría por completo su identidad artística. Es que volvería a Buenos Aires en 1924 rebautizado como Xul Solar.
Recorrió Turín, Florencia, Múnich, París y Londres. Tomó contacto con el expresionismo de Der Blaue Reiter, el colectivo fundado por Vasili Kandinski y Franz Marc, del que incorporó la técnica de la acuarela y una explotación particular del color.

De Marc y Kandinski nos ocupamos varias veces en esta sección. De hecho, en una nota de 2024, citamos una frase del segundo que dialoga con Xul Solar: "pintar es un choque con truenos entre mundos diversos".
Volviendo a Xul, en París conoció a Pablo Picasso, a Modigliani y, en una entrevista de 1914, al ocultista Aleister Crowley, quien le enseñó a sistematizar sus visiones a través de los hexagramas del I Ching.
Fue también en Londres, durante sus visitas al Museo Británico, donde Xul tomó contacto con los códices mexicanos. Según el historiador Jorge López Anaya, ese encuentro marcó el inicio de su interés por las temáticas americanistas, una veta que reaparecería con fuerza una década más tarde.

Un vocablo guaraní
Entre octubre de 1921 y diciembre de 1923, Xul se instaló en Múnich para asistir a los "Talleres de Arte y Enseñanza" donde había enseñado Paul Klee, y en marzo de 1923 viajó a Stuttgart para escuchar a Rudolf Steiner. En ese contexto, saturado de vanguardias y de esoterismo, pintó "Piai".
El título retoma un término guaraní que el propio artista incorporó a la obra. Según explicó la periodista Andrea Rivero en Infobae, la palabra "remite a la actividad shamánica de los 'piay' o 'payé'", los oficiantes rituales de los pueblos guaraníes.
Xul era políglota y cultivó un interés por las lenguas americanas, que unos años después derivaría en la invención del neocriollo, la lengua híbrida entre el portugués y el español con la que intentó redefinir el vínculo entre América Latina y Europa.

"Piai" comparte año y espíritu con otras dos acuarelas de temática prehispánica, "Tláloc" y "Nana Watzin", también de 1923. Las tres conforman un corpus donde Xul empieza a poblar su universo con deidades e iconografías americanas, en diálogo con lo aprendido de las vanguardias europeas.
Fuego, pájaro y serpiente
En "Piai", dos hombres protagonizan un acto ceremonial junto a una fogata. Uno está arrodillado, con las manos levantadas en actitud de orante; a su lado se eleva una serpiente que rodea su cuerpo.
Del otro extremo de la mesa de sacrificio, un segundo personaje, el shamán, conduce el ritual con un estandarte y la cabeza cubierta por un tocado de plumas. Un pájaro sobrevuela la escena, acercándose al sol.

La crítica María Guadalupe Costa, en la revista Arte al límite, señaló una constante en la técnica de Xul de esos años que también puede rastrearse en "Piai". "Utilizó una paleta restringida, es decir, pocos pigmentos, pero sin embargo hizo uso del blanco dando luminosidad al cuadro", especificó.
Los personajes, agregó Costa, "se asemejan a títeres o muñecos dispersos y en movimiento sin estar sobre soporte alguno", observación que describe perfectamente la resolución geométrica y sintética de las figuras de "Piai".
El conocido historiador Felipe Pigna habló una vez sobre Xul Solar y dio cuenta del trasfondo de esa búsqueda. "Su genialidad lo alentó al diálogo permanente con inteligencias cósmicas", escribió.

En la misma línea Andrés Duprat, actual director del Museo Nacional de Bellas Artes, afirmó que el artista se movió en los límites entre las disciplinas, "con el humor, la candidez y la frescura" que lo distinguieron en la escena porteña.
De la Galería Rubbers al Reina Sofía
"Piai" tuvo una vida expositiva antes de llegar a una colección pública. En 1978 se exhibió en París, en la muestra "Xul Solar (1887-1963). Oeuvres de 1915 à 1962", organizada por la Galería Rubbers de Buenos Aires. En 1979 volvió a mostrarse, esta vez en la sede porteña de la misma galería.
La obra permaneció bajo la tutela de Micaela Cárdenas, viuda del artista, hasta 1981, cuando fue adquirida por el Museo Nacional de Bellas Artes. Ya antes, en 1963, el propio museo porteño había organizado la primera gran retrospectiva de Xul Solar poco después de su muerte, bajo el título "Homenaje a Xul Solar", con 93 obras.

Las retrospectivas se repitieron en 1998 y en 1999, esta última bajo el título "Paul Klee invita a Xul Solar", en referencia explícita al maestro que Xul había ido a buscar hasta Múnich. El reconocimiento internacional llegaría en 2002, con la muestra antológica que el Centro de Arte Reina Sofía de Madrid dedicó al artista.
Xul Solar murió el 9 de abril de 1963, a los 75 años, en su casa de Tigre. Su esposa, Lita, recordaría después que su marido "no creía en la muerte, para él siempre existirá un mañana". La misma certeza que parece sostener al orante de "Piai", arrodillado frente al fuego.








