"La sensibilidad de Gómez Cornet lo aleja de los estereotipos frecuentes para retratar la pobreza, en sus escritos condena a quienes se sirven de lo descriptivo, lo anecdótico, el folklore o de 'esa pintura que vende'". Ana Martínez Quijano en Ámbito.
"Santiagueños", la pintura en la que Ramón Gómez Cornet volvió a mirar su tierra natal tras recorrer Europa
Data de 1927. Después de sus experiencias y contactos con las vanguardias europeas, el artista se fijó en los personajes y paisajes de Santiago del Estero. La obra une esa temática regional con recursos de la pintura moderna y se distancia de lo típico, anecdótico y folclórico.

Llegamos a la tercera entrega de "Obras que cuentan". Si antes nos detuvimos en una Boca despoblada, en la incomodidad de un salón burgués, en un ritual guaraní y en una Venus de caderas anchas, ahora el viaje es al norte argentino. Y, sobre todo, a una pregunta por la identidad que se hizo el arte nacional del siglo XX.
En este espacio de la sección Arte, El Litoral selecciona cada semana una pintura, una escultura o un grabado para reconstruir cómo nació, qué provocó en su momento y qué sigue diciendo hoy, vista con otros ojos.

La obra elegida en esta oportunidad es "Santiagueños", de 1927, realizada después del segundo viaje europeo de Ramón Gómez Cornet y en una etapa en la que su pintura comenzaba a vincular las experiencias de la pintura contemporánea con los personajes de su provincia.
Un niño prodigio
Gómez Cornet nació el 1 de marzo de 1898 en Santiago del Estero y murió en Buenos Aires el 9 de abril de 1964. Empezó a estudiar en la Academia Provincial de Bellas Artes Figueroa Alcorta de Córdoba, pero su vínculo con la pintura era anterior.
Según relató el diario El Liberal en marzo de 2013, fue considerado un niño prodigio. A los 12 años, la revista "Fray Mocho" le dedicó una página completa con reproducciones de sus obras y un comentario elogioso.

El desvío europeo y la vuelta al origen
Todavía muy joven, viajó a Europa. Se perfeccionó en el taller Libre Ars de Barcelona y en la Academia Ranson de París, recorrió museos y exposiciones y tomó contacto con las nuevas corrientes de la pintura. Allí estudió a los maestros clásicos y se vinculó con las vanguardias.
Ana María Telesca cita al propio Gómez Cornet cuando describe ese aprendizaje europeo como "una breve incursión sobre los 'ismos'" que lo tentó durante su juventud.
"La pasión, el fervor de la edad, la necesidad de nuevas inquietudes, me llevaron a viajar a Europa. Allí recorrí museos, observé exposiciones. Todo ello iba colmando mi avidez de conocimientos. Estuve en España, Italia, Francia, los Países Bajos. Me detuve a estudiar a los pintores clásicos y asistí a las fragosas batallas de la pintura nueva", dijo el pintor.

"De regreso al país, traje yo también una concepción estética que debía producir reacciones contrarias, ya que cultivábamos una pintura academizante y un impresionismo de segunda mano. Pero no estuve sólo en la lucha: animosos, concurrían a la palestra pintores diversos y el inteligente crítico Atalaya. La batalla se libró sin cuartel", agregó.
El giro hacia la identidad
Hacia la segunda mitad de los años 20 y, con mayor profundidad, a comienzos de los 30, Gómez Cornet orientó su obra hacia los personajes y escenarios de su provincia. Desde entonces, los tipos provincianos fueron un tema casi exclusivo de sus pinturas, grabados y dibujos. Ese giro se inscribía en una discusión del arte argentino desde fines del siglo XIX, la del lugar de la identidad nacional en la pintura.
Diana Wechsler ubica la obra de Gómez Cornet dentro de un debate más amplio, en el que también participaron Fernando Fader, Jorge Bermúdez y Cesáreo Bernaldo de Quirós, entre otros, alrededor de la construcción de un arte nacional.

"Santiagueños" y la distancia con el pintoresquismo
Frente al pintoresquismo presente en otras versiones del nativismo (término utilizado en la época para calificar la pintura de tipos regionales), Wechsler sostiene que Gómez Cornet trabajó esos mismos motivos, es decir, su provincia y sus personajes, desde una mirada moderna.
En "Santiagueños", el encuadre, el emplazamiento de los personajes en el espacio y el punto de vista elevado sobre la escena se combinan con un uso del color de escasos matices, casi como tintas planas. El resultado es una imagen de gran simplicidad y, al mismo tiempo, de una particular tensión entre figuración y abstracción.
Para Wechsler, recursos como estos permiten inscribir la obra dentro de aquellas que la crítica de entonces identificaba como parte de una "nueva sensibilidad". "Santiagueños" no puede mirarse en forma aislada, sino dentro de una disputa estética que, hacia el final de la década de 1920, discutía qué lugar ocuparía lo regional en la construcción de un imaginario nacional.

Más allá del retrato localista
Cuando el artista falleció, en 1964, El Litoral afirmó que "mantuvo en su obra una línea de gran dignidad, particularmente legítima, alejándose con prudencia de innovaciones que probablemente estimaba no correspondían a su modo de expresión. Siempre manifestó una permanente adhesión por lo autóctono, superando el mero relato localista".
En 2010, la Fundación Alon organizó una muestra sobre Gómez Cornet, curada por Ana Canakis. Proponía repensar la construcción de la identidad argentina y recuperar a un artista que había sido una referencia para generaciones posteriores, aunque permanecía algo al margen de los relatos más difundidos sobre el arte argentino del siglo XX.
Canakis eligió el autorretrato de 1921 y "La Urpila", de 1946, como dos ejes conceptuales de la exposición, entre ambos se veía el recorrido de un artista que primero había entrado en contacto con las vanguardias europeas y que luego encontró en los personajes santiagueños una forma propia de expresión.

Una provincia mirada desde adentro
En un texto publicado en La Nación, Elba Pérez escribió que "sus protagonistas son changos y changuitas santiagueñas trazadas o pintadas con sencillez engañosa. No hay artificio ni regodeo ostentoso".
"Sobre formatos reducidos, estos rostros de niños mestizos, criollos, interpelan nuestra pupila y otros entresijos más hondos. Imágenes palpitantes que actúan, sin resaltes estentóreos, desde la majestad ínsita en los retratos del arte copto de los primitivos italianos o románicos españoles", agregó.
El núcleo de "Santiagueños" puede encontrarse en una mirada sobre la provincia que se distancia del pintoresquismo y modifica esos personajes regionales con recursos de la pintura moderna. La cuestión no pasa por representar un territorio o unos tipos provinciales, sino por preguntarse, a través de ellos, cómo se podía construirse una imagen de lo argentino.








