"El secreto de la longevidad de tantos artistas reside en que cada cuadro es una nueva aventura"

En la Segunda Guerra Mundial, Norman Rockwell tradujo el ideario democrático de Estados Unidos en imágenes cotidianas. Con su serie "Las Cuatro Libertades", convirtió un discurso político de Roosevelt en escenas reconocibles que ayudaron a construir consenso social.

"El secreto de la longevidad de tantos artistas reside en que cada cuadro es una nueva aventura"
Este 3 de febrero se cumple un nuevo aniversario del nacimiento de Norman Rockwell (1894–1978), un artista influyente de la historia cultural de Estados Unidos.
Pintor e ilustrador de revistas, es recordado por haber retratado con agudeza la vida cotidiana de su país. Pero, sobre todo, porque supo convertir valores políticos abstractos en imágenes comprensibles para millones de personas.
Su serie "Las Cuatro Libertades", realizada en pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, es uno de los intentos más eficaces del arte moderno por traducir el ideario democrático en escenas domésticas y reconocibles.

"Es toda una institución del arte americano. Sus ilustraciones son iconos muy bien ejecutados tanto en técnica como en concepto, y aún retratando un presente hoy tan pretérito, supieron aguantar el paso de los años pese a la poca ambición de un autor, que no pudo disimular su humildad", sostuvo Miguel Calvo Santos.
Nacido en Nueva York en 1894, Rockwell se formó desde muy joven. A los 14 años ingresó a la Escuela de Arte de Nueva York y luego a la Academia Nacional de Diseño, antes de estudiar en la Liga de Estudiantes de Arte con Thomas Fogarty y George Bridgman.

El vínculo con el periodismo fue importante. En 1916 pintó su primera portada para The Saturday Evening Post, revista en la que publicaría 321 portadas a lo largo de 47 años. Desde allí, construyó un imaginario visual que acompañó a varias generaciones de estadounidenses.
Instalado en Arlington, Vermont, su obra reflejó la vida de los pequeños pueblos: reuniones vecinales, ritos domésticos, escenas escolares y familiares. En tiempos de crisis económica primero y de guerra después, esas imágenes daban una idea de cohesión social y pertenencia.

"Cuando visito granjas o pueblos pequeños, siempre me sorprende el descontento que encuentro. Y Nueva York, con demasiada frecuencia, ha mirado al otro lado del mar, hacia Europa. Y todos los que apartamos la vista de lo que tenemos nos perdemos la vida", afirmó en una oportunidad.
El contexto es central para entender "Las Cuatro Libertades". En enero de 1941, once meses antes del ataque japonés a Pearl Harbor, el presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt pronunció su discurso sobre el Estado de la Unión en un clima en el cual amplios sectores se resistían a involucrarse en el conflicto europeo.

En ese discurso, Roosevelt advirtió sobre la amenaza global del fascismo y para hacerlo más gráfico, definió cuatro libertades humanas esenciales que, según afirmó, debían garantizarse "en cualquier lugar del mundo". Libertad de expresión, libertad de culto, libertad para aspirar a una vida mejor y libertad de vivir sin miedo.
Para dimensionar el peso del discurso del mandatario norteamericano, basta revisar el archivo de El Litoral, que el lunes 6 de enero de 1941 le dedicó un espacio importante de la página 2. La portada estaba destinada a describir los avances británicos hacia Tobruk, en el noreste de Libia.

El mensaje fue recibido con cierto escepticismo. Sin embargo, tras el ataque a Pearl Harbor en diciembre de 1941 y la entrada formal de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, esas libertades adquirieron un nuevo significado. Ahora, se trataba de defender un modelo de vida.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense se dio cuenta que el conflicto tenía que ser explicado en otros términos que los militares. Para usar una expresión actual, había que dar la "batalla cultural".

La propaganda cumplió un rol central: afiches, películas, canciones y obras de arte construyeron un "relato" para justificar el sacrificio colectivo. De hecho, directores de cine como John Ford y John Huston y varias estrellas de Hollywood hicieron su aporte en tal sentido.
Roosevelt entendía la guerra como una lucha por valores. Al hablar de libertad de aspirar a una vida mejor, por ejemplo, proponía una estabilidad económica global que evitara las condiciones que habían dado origen al nazismo.

La libertad de vivir sin miedo implicaba la reducción de armamentos y la construcción de un orden internacional más seguro. Irónicamente, tras la Segunda Guerra vendría una etapa de tensión entre Oriente y Occidente que estuvo lejos de brindar garantías de una vida libre de terror.
Norman Rockwell buscó participar de los empeños para ganar la guerra. En 1942 presentó su idea de las Cuatro Libertades a organismos oficiales, pero fue rechazado.

Desanimado, regresó a Vermont. Sin embargo, su editor en The Saturday Evening Post, comprendió el potencial del proyecto. "Dejá lo demás. Solo hacé las Cuatro Libertades", le dijo. Rockwell tuvo ocho semanas para completar la serie.
Las cuatro pinturas fueron publicadas en 1943, en números consecutivos de la revista, acompañadas por ensayos de escritores contemporáneos.

A diferencia de otras obras propagandísticas, Rockwell no representó soldados ni campos de batalla. Eligió escenas cotidianas: una reunión vecinal, una oración compartida, una familia alrededor de la mesa, padres tapando a sus hijos mientras leen noticias de la guerra.
Tradujo el discurso político en experiencias reconocibles, vinculando la guerra con la vida diaria de quienes la leían desde sus casas. Fue un acierto.
La respuesta del público fue inmediata. "A las pocas semanas de su publicación, las pinturas de Rockwell comenzaron una gira nacional", indicó la historiadora Alice George. "En 16 ciudades, un total de 1,2 millones de personas hicieron fila para verlas, que se exhibieron en grandes almacenes, no en museos", agregó.

La gira, organizada junto al Departamento del Tesoro, permitió recaudar más de 130 millones de dólares en bonos de guerra. Las reproducciones de las obras circularon por el país y fueron íconos visuales del esfuerzo bélico estadounidense.
Entre las cuatro pinturas, "Freedom from Want" (libertad para aspirar a una vida mejor) se volvió quizás la más emblemática. Publicada el 6 de marzo de 1943, muestra una mesa familiar sin carencias, pero sin ostentación. Los personajes no miran la comida, sino que se miran entre sí.
Más allá de su virtuosismo técnico la obra propone una idea política: la abundancia compartida como derecho, no como privilegio. En plena guerra, cuando el racionamiento era parte de la vida cotidiana, la imagen era aspiración futura y recordatorio de lo que estaba en juego.
Aunque surgieron en un contexto bélico concreto, las Cuatro Libertades fueron más allá de la Segunda Guerra Mundial. Hoy siguen siendo leídas como una síntesis de una democracia idealizada, pero también como recordatorio de su fragilidad.