El partido ya estaba ganado, pero todavía faltaba una imagen. Luis Scola corrió por última vez hacia el aro, recibió la pelota y cerró el 84-69 ante Italia con una volcada. Era su punto número 25 y el final perfecto para la mayor conquista del básquet argentino.
Argentina 84-69 Italia: el día que la Generación Dorada alcanzó la cima olímpica
El equipo de Rubén Magnano se impuso en la final de Atenas 2004, con Luis Scola como figura y una reacción que reunió todos los rasgos del campeón.

Para entender aquella definición hay que retroceder menos de un día, hasta otra volcada. Luifa había sentenciado el 89-81 frente a Estados Unidos y luego juntó sus dedos frente al pecho para dibujar una medalla que todavía no tenía.

La semifinal había asegurado un lugar en el podio, aunque también dejó una baja importante. Fabricio Oberto se fracturó la mano ante los jugadores de la NBA y no pudo disputar la final. Frente a Italia, Scola tendría que asumir todavía más protagonismo.
Un rival conocido
El adversario ya había derrotado 76-75 a Argentina durante la fase de grupos. Luego eliminó a Puerto Rico y superó 100-91 a Lituania, vigente campeón europeo, para ganarse un lugar en la definición.
Argentina había recorrido un camino diferente. Terminó tercera en su zona, venció 69-64 al local Grecia y dejó afuera al plantel estadounidense integrado por jugadores de la NBA. La final sería su tercer encuentro eliminatorio en tres días.
El conjunto de Rubén Magnano comenzó mejor. Scola anotó ocho puntos durante el primer cuarto y la Selección tomó una ventaja de 23-16. Italia reaccionó en el segundo período y redujo la diferencia hasta llegar al descanso apenas dos tantos abajo: 43-41.
Los europeos encontraron respuestas desde el perímetro en el tercer cuarto. Rombaldoni, Soragna y Basile convirtieron tres triples durante aquel pasaje, y el último colocó a Italia arriba por 54-51. La final había cambiado de manos.

La reacción del campeón
Argentina respondió con la fórmula que había sostenido todo su recorrido: producción colectiva y figuras capaces de aparecer en los momentos decisivos. Scola comenzó a ganar terreno cerca del aro y la Selección recuperó la ventaja para cerrar el período arriba por 60-54.
Italia todavía consiguió acercarse hasta el 61-59 en el inicio del último cuarto. Alejandro Montecchia contestó con un triple, Luifa agregó dos tiros libres y luego reunió la marca para asistir a Rubén Wolkowyski, quien convirtió una bandeja.
El Puma volvió a castigar desde afuera y Scola cerró el parcial decisivo con un volcadón para establecer el 73-60. Luifa sumó nueve puntos durante la remontada, mientras Montecchia terminó de romper el partido con sus lanzamientos exteriores.
La reacción tuvo protagonistas, pero conservó la identidad de todo el equipo. Chapu Nocioni, Manu Ginóbili, Pepe Sánchez y Wolkowyski también aportaron acciones decisivas cuando Italia amenazó con apropiarse de la final.
Scola disputó 37 minutos y completó su mejor actuación del torneo: anotó 25 puntos, capturó 11 rebotes, entregó una asistencia y recuperó una pelota. Convirtió 10 de sus 13 lanzamientos de campo y los cinco tiros libres que ejecutó.
Montecchia aportó 17 tantos, Ginóbili sumó 16 puntos, seis rebotes y seis asistencias, y Wolkowyski terminó con 13. Argentina superó 46-20 a Italia dentro de la pintura y ganó el último cuarto por 24-15.

Dos volcadas y una medalla
La última pelota volvió a quedar en las manos de Scola. Como ante Estados Unidos, Luifa corrió hacia el aro y terminó el partido con una foto inolvidable. La volcada estableció el 84-69 y desató el festejo dentro del Olympic Indoor Hall de Atenas.
Habían pasado menos de 24 horas entre una imagen y la otra. La primera cerró una semifinal en la que Scola sufrió en ataque. La segunda coronó una final de 25 puntos y 11 rebotes.

Después llegó la bocina. Los jugadores corrieron a encontrarse en el centro de la cancha, Magnano levantó los brazos y Oberto se sumó al abrazo con su mano lesionada. Argentina acababa de conseguir el primer oro olímpico de su historia en el básquet.
En el podio estuvieron Scola, Ginóbili, Oberto, Montecchia, Nocioni, Wolkowyski, Sánchez, Carlos Delfino, Walter Herrmann, Hugo Sconochini, Leonardo Gutiérrez y Gabriel Fernández. Los doce recibieron la medalla después de un torneo con seis victorias y dos derrotas.
Frente a Estados Unidos, Scola había juntado sus dedos para imaginar lo que podía venir. Ante Italia ya no necesitó repetir el gesto: la medalla era real, estaba colgada de su cuello y el de millones de argentinos mirando por televisión; la bandera albiceleste flameaba en lo más alto del básquet internacional.









