Enviado Especial a Atlanta, Estados Unidos
Argentina - Inglaterra: esta tarde, cueste lo que cueste...
La selección argentina buscará en el Mercedes Benz Stadium de Atlanta, desde las 16 de Argentina, el pase a la gran final del domingo. Enfrente, nada menos que Inglaterra. Todo un clásico que apasiona al mundo entero.

El cielo sobre el impactante Mercedes Benz Stadium de la bella Atlanta, amaneció encapotado, tiñendo la ciudad con un manto gris y denso (y hasta un poquito más fresco que de costumbre) que parece anticipar que lo que se vivirá hoy no es un compromiso común. El destino, caprichoso, ha decidido cruzar los caminos de Argentina e Inglaterra en lo que ya se consolida de forma unánime como el partido más importante de los últimos tiempos. Y agrego también que de este Mundial.
No hacen falta títulos ni copas sobre la mesa para entender que este duelo trasciende las instancias deportivas; la memoria popular por lo ocurrido en Malvinas y el peso de las camisetas elevaron este enfrentamiento a la categoría de un verdadero clásico mundial, el rival a vencer por excelencia, a la misma altura de Brasil.

En las horas previas, la melancolía del clima nublado se rompió gracias al fervor de las almas que cruzaron el océano. El banderazo de ayer en Underground fue impactante, un estallido de bombos, trapos y gargantas que hicieron temblar las calles céntricas de Atlanta, que rompieron su monotonía. Pero la respuesta no se hizo esperar: a pocas cuadras de distancia, los hinchas ingleses respondieron con su propio y masivo banderazo, gritando a coro los temas musicales de Oasis y Los Beatles.
Este partido llega en el clímax de un proceso lleno de virtuosismo y súper exitoso, comandado por Lionel Scaloni y Lionel Messi. Juntos sanaron heridas del pasado, refundaron la ilusión de un país entero y transformaron la presión en gloria eterna. Dos Copa América, el título de campeón del mundo y una Finalíssima en solo siete años. Sin embargo, la historia sabe que para alcanzar la máxima inmortalidad siempre se debe batir al antagonista definitivo. Con la mirada imperturbable de Scaloni desde el banco y la zurda mágica de un Messi que desafía al tiempo, Argentina saldrá a jugar con el corazón en la mano, sabiendo que noventa minutos los separan de escribir la página más emotiva de su era moderna: llegar a otra final y ganándole al rival que todo argentino quiere vencer.

El propio Scaloni señaló en conferencia de prensa que habría modificaciones tácticas para lastimar al rival, abriendo la incógnita sobre un jugador, fundamentalmente: la titularidad de Rodrigo De Paul.
La posibilidad de que el "Motorcito" comience en el banco de suplentes genera un debate profundo en el hincha. De Paul es, por naturaleza, un jugador ideal para esta clase de partidos, un guerrero de mil batallas cuya entrega, temperamento y despliegue físico representan la esencia misma de las citas de alta tensión frente a gigantes europeos. Eso sí, el nivel futbolístico actual es bajo. Empezó bien ante Argelia, pero fue de mayor a menor. Y de ahí, la decisión que tomó Scaloni de sacarlo en los últimos partidos, incluso cuando el equipo perdía o empataba ante el rival de turno.
Se habla de Nicolás González y también de Giuliano Simeone, aunque sobre este último se tienen reservas, ya que jugó poco y este es un partido más para los de experiencia que para aquellos que transitan los primeros pasos representando al país. En cuanto al resto, más allá de alguna duda personal (quizás no del técnico), en cuanto a la continuidad de Molina o la aparición de Montiel, no hay muchas dudas: Dibu Martínez, Cuti Romero, Lisandro Martínez, Tagliafico, Paredes, Enzo Fernández, Alexis MacAllister, Leo Messi y Julián Alvarez, tienen sus puestos asegurados.

Con la mirada imperturbable de Scaloni desde el banco, el dilema de su mediocampo (o del cambio que anunció que iba a realizar) y la zurda mágica de un Messi que desafía al tiempo y sabe que el fútbol (y el destino) lo ha puesto ante un gran compromiso, Argentina saldrá a jugar con el corazón en la mano. Y acompañado por mucho más de 47 millones, porque esta selección ya no es nuestra, le pertenece a muchísimos más en todo el planeta.









