A poquitos meses del Mundial y ante un rival de cuarto nivel, Argentina dominó en el primer tiempo, hizo los dos goles y luego, con Messi en la cancha en el segundo tiempo, jugó realmente mal. Fue el peor partido de la selección en los últimos tiempos y el castigo llegó en el final con el descuento de Mauritania.
Los entrenadores sacan conclusiones aún en estos partidos donde las diferencias son muy acentuadas, como pasó en el primer tiempo; o las pocas ganas que el equipo mostró en el complemento, aún con el ingreso de Messi, que hizo que la labor tenga un deslucimiento muy grande en esa parte final.
Fotos: Reuters
La selecciónsacó ventaja en el marcador, en el primer tiempo, con una jugada “al estilo Scaloni” y un tiro libre. El primero fue un desborde de Molina por derecha y un centro atrás que capitalizó Enzo Fernández para pegarle como venía y así dejar sin chance al arquero visitante. Después, un tiro libre de Nico Paz que aprovechó el mal armado de la barrera para colocar un 2 a 0 que le quedó chico a la diferencia sustancial y apabullante, en el trámite, que había sacado Argentina sobre Mauritania.
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Dio la sensación de que la selección no aceleró lo suficiente en tres cuartos de cancha y que se aprovechó de su gran superioridad para no forzar en ningún momento el trámite. Solamente Lekoueiry, el 23 de Mauritania, derrochaba algo de talento con su pierna zurda. El resto asumió muy bien el rol de “partenaire”, visiblemente superado en el trámite y apenas exigiendo con un par de remates desde media distancia.
Argentina se paró con la línea de cuatro en el fondo, con dos volantes más retrasados (MacAllister y Enzo Fernández), aunque con libertades para los laterales (Molina y Acuña) y también para estos volantes más defensivos, en tanto que Nicolás González se paró bien abierto por izquierda, abriendo la cancha, mientras que Thiago Almada y Nicolás Paz se ocuparon del juego interno, jugando bien cerca del área defendida por Diop y dándole compañía a un Julián Alvarez impreciso y aportando escaso peligro en ese primer tiempo.
Scaloni metió mano en el entretiempo e hizo ingresar a De Paul, a Messi y también a Mastantuono. No quedó una referencia de área, porque salió Julián Alvarez y ninguno de los que ingresó en el arranque del complemento tiene las características de un centrodelantero. La idea era reforzar –por si hacía falta- el área de gestación y que cualquiera de los volantes aparezca adentro del área para definir.
El pecado de Argentina era el de demorar cada jugada de ataque, aprovechándose de esa falta de capacidad del rival para ser una oposición verdadera. El partido seguía siendo netamente favorable a la selección, aunque con problemas para llevar esa superioridad a jugadas claras de gol.
Extrañamente para lo que era el partido, apareció el Dibu Martínez para sacar un remate de Koita (de lo mejorcito de Mauritania), que armó una buena jugada, se internó en el área, se sacó un par de marcas de encima y metió un remate violento que el arquero argentino desvió al córner. Todo esto se producía en el marco de una producción de la selección nacional que bajó su nivel en la parte final.
A los 23 minutos de la parte final, Scaloni sacó a los dos laterales. Debutó el pibe Giay, nacido en San Carlos, provincia de Santa Fe, criado futbolísticamente en Argentino, con pasado en San Lorenzo y presente en Palmeiras. Giay entró en lugar de Molina, mientras que el técnico también provocó un debut en el otro costado, con la entrada de Gabriel Rojas por Acuña. A todo esto, la selección ya no tenía un dominio abrumador del trámite, sino que Mauritania había logrado emparejar sorpresivamente el trámite del encuentro.
Argentina se fue desluciendo, desdibujando y eso incentivó a los africanos a animarse. Scaloni volvió a mover el banco en la última media hora para colocar a Palacios y a José López en reemplazo de MacAllister y Almada. Ahora sí, con López, el equipo volvió a tener una referencia de área. Pero las imprecisiones seguían siendo una constante en ese segundo tiempo sin brillo de los campeones del mundo.
Dominio y algunas jugadas interesantes al principio. Poquitas aunque suficientes. Y poco y nada (o mejor dicho, nada) en un complemento donde el equipo aburrió y solo dejó material para el análisis y las conclusiones del entrenador, porque para la gente fue un fiasco que, por momentos y con la lluvia que caía sobre la Bombonera, se hacía imposible de soportar.
Poco serio el partido y lo dicho: las conclusiones son para el entrenador, porque la gente se aburrió y los jugadores parecieron jugar pensando en cualquier cosa y no en sacar las diferencias que debía sobre un rival de cuarto nivel. Fue el peor partido de la selección en los últimos tiempos, desconcentrada, imprecisa, jugando mejor en el primero y defeccionando seriamente en la parte final, aún con Messi en el campo de juego.