A Lionel Scaloni le alcanzó tener a Juan Antonio “Johnny” De Benedictis al lado para volver a los domingos de su infancia. A las carreras con su papá y su tío, a los circuitos semipermanentes y a esa costumbre de seguir a los Ford que aprendió en su casa de Pujato. Esta vez, el entrenador de la Selección argentina era quien tenía enfrente a alguien que le había dado muchas alegrías.
Scaloni, un hincha más del TC: “Soy de Ford de toda la vida"
El entrenador de la Selección recordó las carreras que compartía con su papá y su tío, los viajes después de jugar en Newell’s y su admiración por Johnny De Benedictis. “Me emociona poder estar al lado de él”, confesó durante un encuentro organizado por la ACTC.

“Nos criamos viéndolo a él. Yo hablo de Ford porque soy de Ford, ¿viste? Y me emociona poder estar al lado de él”, contó durante una charla con la ACTC, en un encuentro del que también participaron Juan Bautista De Benedictis y el vicepresidente de la entidad, Gastón Mazzacane.

El fútbol ocupó buena parte de su vida, pero el automovilismo siempre tuvo un lugar. Scaloni lo explicó desde su historia familiar: su papá y su tío eran camioneros, y los motores formaban parte de lo cotidiano mucho antes de que él pensara en dirigir una selección.
“Mi viejo corría carreras con la chata, con una Ford que tenía. Cuando éramos chiquitos nos criamos en esa sintonía. Y la carrera era la combinación de todo eso”, recordó.
Ir al Turismo Carretera era un plan compartido. San Lorenzo, por cercanía con su casa, tenía asistencia casi asegurada. Pero también aparecieron en la conversación Santa Teresita, La Plata, Junín y Bolívar. Lugares que fue nombrando al reconstruir aquellos viajes.
“San Lorenzo iba, no faltaba nunca, estaba al lado de mi casa”, dijo. “Era una época que disfruté un montón. Todavía eran los circuitos semipermanentes. Una época muy linda, muy emotiva”.

Ni siquiera sus primeros pasos en el fútbol profesional le quitaban las ganas de ir. Cuando jugaba en las divisiones juveniles y en la Reserva de Newell’s, el fin de semana podía tener dos destinos: primero la cancha; después, la carrera.
“Estaba por llegar a Primera y terminar el partido y salir corriendo para las carreras donde esté. Inolvidable”, relató.
Hoy los compromisos hacen más difícil encontrar un domingo libre, aunque sigue atento a lo que ocurre en las pistas. Y esa afición también da lugar a bromas dentro de su entorno futbolero: no todos entienden qué encuentra al quedarse una hora mirando pasar autos.
Scaloni, en cambio, se detiene en los detalles. Le gusta observar cómo frenan los pilotos, quién se anima a hacerlo un poco más tarde y qué sucede en cada maniobra.
“Me sigue gustando el automovilismo. Todo lo que sea coches me gusta y es una pasión que creo que durará para siempre. Ahora la tienen mis hijos”, contó.
El encuentro con De Benedictis le permitió ponerle palabras a esa admiración que conserva desde chico. Todavía busca videos para volver a verlo manejar y recuerda el espectáculo que brindaba en la pista. Johnny le regaló su característica gorra verde, que el santafesino se puso durante la reunión.

“Me regaló la gorra, así que la conservaré con mucho cariño”, agradeció.
Del otro lado también hubo emoción. De Benedictis contó que, antes de conocerlo personalmente, amigos le habían comentado que el técnico era seguidor suyo. Poder conversar y compartir ese momento con él tenía un significado especial.
Scaloni volvió entonces a pensar en su papá, que estaba en Pujato, y en lo que habría sentido de haber participado del encuentro.
“Es uno de los que nos inculcó seguir el TC, a Ford. Y estaría también igual que yo”, aseguró.
Además de la gorra, recibió de manos de Mazzacane el libro de los 85 años del Turismo Carretera y un buzo de competición personalizado. También quedó abierta una invitación que le interesa: asistir a una carrera y conocer de cerca los autos actuales.
“Estamos intentando cuadrar los días y esperemos que se pueda dar, porque me encantaría ver los coches nuevos que no los pude ver de cerca”, explicó.
Johnny fue un paso más allá y le ofreció manejar su auto. Scaloni sonrió ante la posibilidad, aunque prefirió no apurarse: “Vamos a ver si me animo”.
Por ahora, se llevó el encuentro, la gorra y los recuerdos de una época que sigue teniendo muy presente. “Era una cuenta pendiente que teníamos de vernos. Y ojalá podamos ir algún fin de semana”, se despidió.








