Hay un momento de la charla en el que Mattia Colnaghi deja de parecer un piloto de Fórmula 3. Ya no es el joven que corre a más de 250 kilómetros por hora, analiza datos en Milton Keynes y trabaja con uno de los ingenieros que acompañó a Sebastian Vettel en sus años de gloria. Por unos segundos vuelve a ser simplemente un chico de 18 años.
Mattia Colnaghi: el chico que eligió nuestra bandera y aprende en la escuela Red Bull
Nació en Italia, vive en Monza y comenzó a correr con los colores argentinos por el país de su madre. A los 18 años, intenta abrirse camino en la Fórmula 3 mientras Red Bull observa cada uno de sus pasos. Las enseñanzas del antiguo ingeniero de Sebastian Vettel, la presión, el simulador y los días de pruebas en Madrid forman parte de un aprendizaje que va mucho más allá de manejar rápido.

Cuenta que todavía está estudiando para obtener su licencia de conducir en la calle. Espera rendir el examen teórico y confía en completar el trámite durante los próximos meses.
La contradicción provoca una sonrisa: Mattia puede disputar una largada en Spa-Francorchamps, pelear una posición en Hungría y reconocer de memoria las curvas de Madrid, pero todavía no puede tomar un auto y conducir legalmente por las calles de Monza.
Ese detalle, pequeño frente a todo lo demás, ayuda a conocerlo.
Colnaghi nació en Italia, creció cerca de uno de los circuitos más importantes del mundo y construyó allí su trayectoria deportiva. Sin embargo, cuando tuvo que elegir la bandera con la que competiría, se inclinó por la Argentina, el país de su madre.
No nació de este lado del océano ni aprendió a manejar en nuestros kartódromos. Podría haber elegido otros colores, pero quiso que la celeste y blanca lo acompañara en la pista. Desde entonces, cada resultado suyo comenzó a sentirse un poco más cercano.
Mattia percibió ese vínculo especialmente durante los meses más difíciles de su primera temporada en la Fórmula 3. Cuando las posiciones no llegaban, cuando el auto no le permitía mostrar lo que esperaba y cuando él mismo debía aprender a convivir con sus errores, el acompañamiento argentino permaneció.
“No esperaba una temporada tan difícil y los resultados no fueron los que quería, pero siempre hubo mucho apoyo positivo desde Argentina. Fue muy lindo verlo y seguramente me ayudó mucho”, había reconocido durante la charla.

Esa elección no es un detalle decorativo en el auto. También forma parte de la historia de un joven que busca construir su lugar mientras aprende a vivir bajo la mirada de Red Bull.
Colnaghi integra desde 2025 el Red Bull Junior Team. Llegó después de ganar los campeonatos de la Fórmula 4 Española y la Eurocup-3, dos temporadas que lo convirtieron en uno de los jóvenes a seguir dentro del automovilismo europeo.
Ingresar a Red Bull significó recibir una oportunidad enorme. También implicó comprender que, desde entonces, cada entrenamiento, cada error y cada dato pasarían a formar parte de una evaluación permanente.
Mattia encontró una manera sencilla de definir ese mundo. “La academia es una academia, pero yo la veo más como una escuela”, dijo.
La frase apareció en medio de una respuesta extensa, casi como si necesitara explicar que Red Bull no representa solamente presión. Allí también encontró personas dispuestas a enseñarle aquello que todavía no sabía.
Desde su incorporación cambió su manera de entrenarse y de preparar cada carrera. La estructura sigue su actividad física, estudia los datos y le señala aspectos que puede mejorar. Incluso cuando sale a correr o trabaja en el gimnasio existe información que después comparte con sus responsables.

“Cambió mucho mi mentalidad y la manera en la que trabajo. Ahora lo hago con más precisión. Tenemos más datos que puedo compartir con ellos, me dicen qué piensan y qué puedo mejorar”, contó.
El seguimiento podría parecer agobiante, especialmente para alguien que acaba de cumplir 18 años. Mattia, sin embargo, lo entiende como parte de la oportunidad que recibió.
Red Bull también le entrega documentación técnica para que comprenda mejor el funcionamiento del Fórmula 3. Ya no alcanza con subirse al auto y ser rápido. Debe reconocer un problema, interpretar lo que siente y encontrar las palabras adecuadas para ayudar a sus ingenieros.
“Hay mucho aprendizaje. Me dan documentos para ver cómo funciona el auto, cómo funciona mi Fórmula 3. Hay mucho para aprender del lado técnico”, explicó.
La academia lo observa, pero también le enseña a mirar. Las conversaciones con “Rocky”
Dentro de ese proceso aparece Guillaume Rocquelin, conocido en el automovilismo como “Rocky”. Su nombre está ligado a una de las etapas más exitosas de Red Bull: fue el ingeniero de carrera de Sebastian Vettel durante los cuatro campeonatos mundiales consecutivos conquistados por el alemán.
Hoy parte de su trabajo consiste en acompañar a los jóvenes de la estructura. Uno de ellos es Colnaghi.
“Ahora estamos trabajando con Rocky, el ingeniero de Vettel cuando ganó. Estoy trabajando mucho con él”, contó Mattia.
Lo dijo con naturalidad, pero no es un dato menor. Un joven que hace seis años disputaba su primera temporada en pequeños campeonatos de karting puede sentarse hoy a escuchar a quien vivió desde el muro de boxes cuatro títulos de Fórmula 1.
Rocquelin lo ayuda especialmente en el aspecto técnico. Juntos analizan información, repasan situaciones y buscan comprender qué puede modificarse para mejorar el rendimiento.
No existe una fórmula secreta ni una frase capaz de transformar de inmediato a un piloto. Hay conversaciones, correcciones y detalles que Mattia intenta guardar para utilizarlos cuando llega el momento de salir a pista.
En la Fórmula 3, donde unas pocas décimas pueden separar a buena parte de la grilla, uno de esos detalles puede cambiar un fin de semana completo.
Ser parte de Red Bull también significa saber que otros jóvenes persiguen el mismo sueño. La academia abrió el camino hacia la Fórmula 1 para pilotos extraordinarios, pero su historia también está marcada por decisiones duras y carreras que se interrumpieron antes de lo esperado.
Su comienzo de temporada estuvo lejos de lo que imaginaba. Llegó a la Fórmula 3 después de ganar en las categorías anteriores, pero se encontró con un auto diferente, neumáticos mucho más delicados y muy pocos días disponibles para probar.
Red Bull le concedió tiempo para atravesar ese proceso, aunque la presión nunca desapareció.
“Ellos me dieron un poco de espacio porque es mi primer año y el paso desde la Eurocup es muy grande. Un piloto tiene que madurar mucho para correr bien en Fórmula 3”, explicó.
No intentó presentar a la academia como un lugar amable en el que los resultados carecen de importancia. Admitió que la exigencia existe y que se vuelve inevitable cuando otros integrantes del programa pelean adelante.
“Siempre hay presión. Ellos ven la situación, ven lo que puedo hacer con lo que tengo. Entienden que a veces este deporte es difícil porque no podés hacer todo como piloto”, señaló.
Durante los momentos más complicados, la devolución no se redujo a marcarle que algo había salido mal. Los responsables del programa intentaron mostrarle por qué había sucedido.
“Más que criticar mi temporada, me ayudaron a mejorar y a entender qué hacía mal, incluso cuando yo no lo entendía. A veces son detalles y uno no se da cuenta”, valoró.
Tal vez allí se encuentre la diferencia entre sentirse solamente examinado y comprender que todavía se está aprendiendo.
La ausencia de quien lo eligió
Helmut Marko tuvo un papel decisivo en la llegada de Colnaghi al Red Bull Junior Team. Durante años fue el hombre que detectó talentos, tomó decisiones y construyó una de las academias más reconocidas —y también más temidas— del automovilismo.
Mattia no olvidó que fue Marko quien confió en él. “Fue un personaje clave en mi selección, así que fue una lástima que se fuera”, reconoció.
Su salida significó perder a la persona que había impulsado su incorporación, aunque el método de trabajo se mantuvo durante la transición. Rocquelin continuó como una de las referencias cercanas para los pilotos de la Fórmula 3.
La próxima etapa estará encabezada por Gwen Lagrue, quien desarrolló durante años el programa juvenil de Mercedes y participó en la formación de Andrea Kimi Antonelli. Colnaghi todavía no trabajó con él. Espera conocerlo cuando asuma formalmente sus funciones y comience a ordenar el futuro de los jóvenes de Red Bull.
Para Mattia, esa espera también contiene una pregunta sobre lo que vendrá. Su programa para 2027 todavía no está definido y cada carrera continúa formando parte de la respuesta.
En los días de descanso anteriores a las pruebas de Madrid, Colnaghi volvió a su casa. Podría haber intentado desconectarse durante un tiempo de la Fórmula 3, pero terminó nuevamente frente al simulador.
“Soy un pibe que pasa mucho tiempo en el simulador, también en casa con iRacing. Durante mis vacaciones estuve matándome a simulador, haciendo vueltas en Madrid”, contó.
La expresión revela entusiasmo, pero también necesidad. El MADRING era un circuito completamente nuevo para la categoría. Los pilotos no tenían experiencias previas y los equipos tampoco contaban con información real sobre el comportamiento de sus autos.
Mattia utilizó el simulador de MP Motorsport en los Países Bajos y su equipo personal. Además, como integrante de la academia, puede trabajar en las instalaciones de Red Bull en Milton Keynes.
Antes de llegar a Madrid ya conocía la forma de sus curvas, la extensión de las rectas y los lugares en los que, al menos virtualmente, podía intentar un sobrepaso. Pero todavía faltaba todo aquello que una pantalla no puede anticipar.
“Es muy difícil mejorar el auto en el simulador porque, aunque sea muy avanzado y profesional, es diferente de lo que estamos haciendo”, explicó.
Después llegaron los dos días de pruebas. Ya no hubo reinicios ni vueltas que pudieran repetirse de inmediato. Aparecieron la falta de adherencia, las interrupciones con bandera roja, el desgaste de los neumáticos y la obligación de transmitirle al equipo lo que verdaderamente sentía.

Completó las cuatro sesiones junto a MP Motorsport y fue el mejor piloto de la escudería en tres de ellas. También pudo trabajar en tandas más extensas, uno de los objetivos que se había planteado antes de conocer la pista.
Colnaghi puede utilizar el simulador de Red Bull para su preparación, pero todavía no tuvo la posibilidad de trabajar con el modelo del auto de Fórmula 1.
Cuando le preguntaron por esa puerta, respondió como lo haría cualquier joven que sueña con llegar.
“Vamos a ver si a finales de este año o durante el invierno se puede hacer algo. Me gustaría mucho”, admitió. No prometió que ocurrirá ni intentó presentarlo como un paso asegurado. Apenas dejó escapar el deseo.
Por ahora, su lugar está en la Fórmula 3. Allí debe terminar de aprender a cuidar los neumáticos, aprovechar una clasificación y convertir el ritmo en resultados. Red Bull seguirá mirando cada detalle.
Pero el chico de 18 años que todavía estudia para obtener su licencia de conducir ya pudo entrar en un mundo que seis años atrás parecía demasiado lejano. “Soy un chico muy normal”
Mattia suele cerrar sus publicaciones con la expresión “Stay Humble”. Mantenerse humilde, para él, no es una frase elegida solamente para las redes sociales.
Es fácil perder de vista su edad cuando habla sobre telemetría, degradación de neumáticos o simuladores. También cuando explica con serenidad cómo convive con la presión de una academia capaz de acercarlo a la Fórmula 1 o dejarlo afuera.
Hace apenas seis temporadas corría en un pequeño campeonato de karting cerca de Monza. Hoy trabaja en Milton Keynes, escucha las enseñanzas del antiguo ingeniero de Vettel y se prepara para competir en algunos de los circuitos más importantes del mundo.
Todavía no sabemos hasta dónde llegará. Red Bull lo forma, lo observa y le exige. Mattia avanza con la velocidad de un piloto y las dudas propias de cualquier joven que empieza a descubrir su camino.
Mientras tanto, cada vez que sale a pista, lleva con él una bandera que eligió. Y esa elección alcanza para que, desde la Argentina, su historia también se sienta un poco nuestra.








