La selección argentina sufre también los coletazos de una AFA incapaz de organizar partidos que estén a tono con la envergadura de este momento histórico que vive el fútbol argentino solamente por lo que hace su selección. En realidad, las miserias del fútbol vernáculo también se disparan hacia un proceso lleno de gloria, que nada tiene que ver con la realidad de nuestro fútbol y mucho menos de sus dirigentes. Posiblemente, la poca monta de los equipos que llegan a jugar los amistosos (Mauritania, Zambia, Burkina Faso y Benín son los últimos ejemplos) haya sido uno de los temas que habrá planteado Scaloni para que el calendario en este proceso en el que no habrá que pelear una clasificación para el Mundial porque Argentina ya está adentro en el 2030. Y ojalá que así sea, por más que él dirá –como lo señaló en Córdoba- que “Burkina Faso es un muy buen equipo” (hoy se querrá “comer” aquellas palabras) o que, como dicen todos los entrenadores, todos los amistosos sirven para sacar conclusiones, sea cual fuere el rival.
La selección y el bochorno de un amistoso que desnuda las miserias de nuestro fútbol
Burkina Faso arribará al país, tras un viaje desde Marruecos, cinco horas antes de entrar al Monumental a enfrentar a los subcampeones del mundo. La historia de un amistoso “cachivache”.

Burkina Faso llegará al país cinco horas antes del partido, después de viajar 12 horas en avión desde Marruecos. Con “jet lag”, cambio de horario, cansancio, piernas entumecidas y cambio de temperatura, saldrá a jugar el partido ante los últimos campeones y subcampeones del mundo. Ni el equipo más humilde del Federal se anima a tanto. Y esta situación, más apropiada a un equipo de chicos o netamente amateur, de esos que se suben al micro, viajan, llegan, se ponen los cortos y juegan, deja un montón de interrogantes, casi todos sin contestación.

El trasfondo económico de los amistosos
El colega Alejandro Casar González aporta algunos datos que se me ocurren muy interesantes. Escribe en La Nación que “el periodista africano Amidou Oueradogo aporta más datos sobre la logística del amistoso de este sábado en un artículo sobre el partido publicado en el portal Fasosportstv.com: “Si bien la AFA se hace cargo del alojamiento, los gastos y el viaje del equipo rival, no abona ninguna prima de participación ni comparte los ingresos generados por el encuentro. ‘Por eso buscan selecciones africanas de nivel medio o con pocos recursos, que aceptan las condiciones porque se trata de jugar contra Argentina’, comenta un directivo de una federación contactada por la Albiceleste para un amistoso”. Así se explica el porqué de los rivales africanos: vienen por el pancho y la gaseosa. Según la prensa africana, Mauritania no vio un dólar cuando hizo de partenaire de la Argentina en la Bombonera y cayó por 2-1 en la Bombonera, en marzo. La AFA nunca informó cuánto había pagado por el encuentro.
Y aporta más detalles del “caso Mauritania”: “Con el objetivo de maximizar beneficios, la AFA —a través de la empresa contratada— intenta reducir costos, especialmente en lo referente al viaje. Las condiciones ofrecidas a Mauritania fueron, por tanto, las siguientes: un vuelo comercial (el más económico posible). Sin embargo, Mauritania se negó debido a la duración del viaje y optaron por un vuelo privado; la AFA reembolsó posteriormente a la federación mauritana el importe de los billetes del vuelo comercial, cuyo costo era inferior al del chárter alquilado para la ocasión”.
La falta de rivales de jerarquía
En la era Scaloni no hubo, casi, partidos amistosos de envergadura y ante rivales poderosos. Estimo que Menotti, en vida y como director de selecciones, le habrá recomendado que jugara, porque él, antes del 78, probó al equipo contra los mejores. Y acá, en series internacionales, vinieron a jugar Alemania, Polonia, Inglaterra y otras selecciones de gran nivel (Alemania era la campeona del mundo cuando llegó a la Argentina para enfrentarla en la cancha de Boca). Pero habrá tropezado con la misma explicación que le habrán dado a Scaloni respecto de la situación económica del país, los calendarios de las selecciones fuertes (en Europa no juegan amistosos, sino que se miden en la National League y en Eliminatorias) y los pretextos que seguramente habrán encontrado los dirigentes para justificar esos partidos contra selecciones de cuarta.

En ese mismo artículo, Casar González aporta la visión de Guillermo Tofoni, que fue el organizador de los partidos de la selección durante buena parte de la era Grondona: “El 80% de la población te insulta o se ríe porque jugás con Burkina o Benín. Es un tema de sentido común. Lo que tendría que haber hecho la AFA si no hubiera rivales es armar un combinado de estrellas. Todos hubieran venido a la despedida de Messi. Pero no se les cae ni una sola idea”, dice Tofoni.
Es cierto que antes del Mundial jugamos contra Mauritania, Zambia, Honduras e Islandia, pero llegamos a otra final. Y que nos encontramos con la sorprendente Cabo Verde y precisamos de un alargue para ganarle. Cabo Verde, señores, es una excepción que confirma la regla. El fútbol no se ha emparejado, como muchos nos hicieron creer. Puede que sea en lo físico y que, corriendo, un equipo de menor nivel complique a otro, pero las diferencias técnicas y tácticas son indisimulables. Por eso Argentina le metió 4 a Bolivia. Y pudieron ser más.
Un último aporte. A alguna mente “iluminada” se le ocurrió plantearle a Benín que juegue el partido de este sábado y que Burkina Faso pueda descansar para enfrentarnos el martes, en la despedida de Messi. Benín está desde el martes en la Argentina, día en el que debió llegar la delegación de Burkina Faso. Imagínese a un jugador, al técnico o a los dirigentes de Benín, cuál puede llegar a ser la contestación si es que la propuesta les llegó. ¿Cómo pueden resignar la posibilidad de ser “partenaire” de un partido que verá todo el mundo?, ¿cómo puede darles lo mismo si ellos podrán, el martes, tener una foto histórica con quién, para muchos, es el mejor jugador de la historia del fútbol mundial? Un verdadero disparate, con una contestación que se cae de madura.









