La historia de Máxima Zorreguieta, la argentina que llegó a ser reina de Paises Bajos, quizás tenga algunos puntos en común con la histórica clasificación de Curazao al Mundial. Y posiblemente lo encontremos en la gran sorpresa que significó la clasificación de “La familia azul”, como se conoce al seleccionado de un país chiquito, el más pequeño de la historia de los mundiales, “arrebatándole el honor” a Islandia.
Fútbol, realeza y argentinidad al palo
Los Reyes de Paises Bajos fueron a ver a Curazao, un país que forma parte de su Reino. Ese día, jugaban con Ecuador y allí estuvieron los dirigentes de la Conmebol, con Domínguez y Pumpido a la cabeza. ¿Cómo fue ese encuentro?

Curazao es un país caribeño, ubicado a 50 kilómetros de la costa venezolana y con una temperatura media de más de 25 grados que permite “vivir siempre en verano”. Con apenas 155.000 habitantes, llegó al Mundial como consecuencia de un empate ante Jamaica que se celebró con un desborde de alegría nunca visto en este diminuto país que forma parte del Reino de Paises Bajos.
Este hito resultaba impensado hace diez años atrás, cuando Curazao ocupaba el puesto 150 en el ránking Fifa. A partir de 2010 se anotó como país constituyente de Paises Bajos y eso lo llevó, en 2011, a afiliarse a la Fifa de forma independiente como Curazao, aunque antes había participado como parte de las Antillas Holandesas.
En esta historia deportiva, fueron fundamentales los holandeses. Allí dirigió Kluivert, por ejemplo. Y la estrategia para disputar el Mundial fue muy clara: 1) buscar un entrenador renombrado (Dick Advocaat) y aprovechar su relación con Países Bajos para convocar a jugadores neerlandeses, que aunque no hubieran nacido en la isla, debido a la condición política del país, podían ponerse la camiseta de Curazao. De hecho solo un jugador de los 26 que forman parte del plantel, nació en la isla: Tahith Chong.
Luego de la derrota inicial por 7 a 1 ante Alemania, Curazao debía enfrentar a Ecuador. Y fue en esa ocasión en que se produjo el encuentro de la plana mayor de la Conmebol, con los reyes de Paises Bajos. El rey Guillermo Alejandro, sucesor de su madre, Beatriz, desde el 30 de abril de 2013, acompañado por la Reina consorte Máxima, argentina de origen y Ariane, Princesa de Orange, una de las hijas surgida del matrimonio de Guillermo y Máxima, fueron al estadio de Kansas City para ver el partido de Curazao y allí fueron recibidos por Alejandro Domínguez y el santafesino Nery Pumpido, máximos dirigentes de la Conmebol, que habían acudido al partido siguiendo a las selecciones sudamericanas en este Mundial.

El encuentro fue muy cordial y los reyes fueron vestidos con la camiseta de Curazao, dejando de lado cualquier tipo de protocolo. “Máxima es una persona normal, como cualquiera, muy simpática”, comentó Nery.
Máxima es hincha de Racing y el club celebró cuando se produjo su proclamación como Reina de Paises Bajos. En la serie sobre su vida, se la vincula mucho con el Mundial de 1978 (ella era muy pequeña por entonces), mirando los partidos y alentando por Argentina. La razón, era la vinculación que existía de su padre con el gobierno militar (fue subsecretario de agricultura y ganadería en ese momento) en ocasión de la disputa de aquel certamen ganado por Argentina.
Fue un momento muy especial para Domínguez y para Pumpido. No es habitual, quizás esto pueda ocurrir más frecuentemente en los países árabes, que la realeza asista a encuentros de fútbol y máxime en otro país y en otro continente.
Después del partido, fueron al vestuario y Máxima –le encanta bailar- tiró algunos pasitos en el festejo. "Curazao, habéis conseguido un punto hoy, nunca un país tan pequeño había conseguido esto, es increíble", fue el inesperado speech del Rey, entre camisetas sudadas, medias tiradas en el piso y un escenario un tanto raro, anómalo y posiblemente inadecuado para la cuidada agenda institucional de los Reyes. Cosas que solamente el fútbol puede lograr.









