A 31 meses del inicio del gobierno, pocas cosas resultan tan evidentes para cualquier argentino razonable: las consecuencias económicas, sociales y laborales del programa aplicado desde el 11 de diciembre de 2023 no responden a un error de cálculo macroeconómico, a proyecciones fallidas, a una crisis internacional, a una catástrofe climática ni a la herencia recibida que, fue compleja, está lejos de ser la peor de la historia, como sostiene el presidente para dotar de épica a un ajuste brutal e innecesario, con efectos irreversibles que agravarán la pobreza y la marginalidad en la Argentina.
¿Cómo dejamos que esto sucediera otra vez?

Mientras los voceros del gobierno solo hablan de deuda —que aumenta cada semana pese a que Economía asegura que todo está controlado y que sobran dólares—, tasas de interés, bonos e inversiones financieras solo accesibles para una minoría, la economía genera malas noticias y la economía real empeora mes a mes. Todo indica que el segundo semestre será recesivo, principalmente por la caída inducida de los ingresos de la mayoría que retrajeron la demanda a punto tal que todos los sectores la señalan como la principal razón de la caída de la producción.

Los salarios crecen por debajo de la inflación y las tarifas y los servicios, por encima. El gobierno intenta disimular este deterioro con aumentos inverosímiles en los ingresos atribuidos al sector informal, que algunos meses duplica a los formales. Tampoco le sirve de mucho festejar una baja de la inflación al 1,7% cuando la canasta básica aumentó en el mismo mes 2,6% y la cadena de pagos está a punto de romperse como vienen advirtiendo desde distintos sectores. Además, sigue siendo más alta que en 2015 cuando fue del 26,9% contra el 33,5% de los últimos doce meses, adonde llegó destruyendo la actividad económica.
Datos, no relato
Algunas estadísticas publicadas la última semana anticipan el panorama del segundo semestre. En agosto, las ventas minoristas de las pymes cayeron un 0,2% en todo el país y acumularon una baja del 2,4%. En Santa Fe, solo el 16,4% de los comercios relevados por el Centro Comercial informó un crecimiento interanual real de las ventas; el 45,9% declaró una facturación nominal inferior a la de un año atrás y más del 28% prevé reducir personal. En julio, la industria cayó un 5%, con todos los rubros por debajo de junio, y la construcción se retrajo un 4,6%; en sectores como el asfalto, las ventas disminuyeron más del 23%.
La producción manufacturera de la provincia de Santa Fe, la principal generadora de empleos en la provincia, por encima del comercio, cayó en junio un 1 % interanual y un 1,6 % frente a mayo, y acumuló en el primer semestre una retracción del 3,7 %, en un contexto de "persistencia de condiciones desventajosas" frente a la producción fabril extranjera, agravado por la caída de la demanda interna y se ubicó 5,3 % por debajo del nivel de junio de 2023 y un 15,2 % por debajo del de junio de 2022. El sector de maquinaria agrícola volvió a destacarse por su retroceso, con una baja del 28 % interanual y ocho meses consecutivos de descensos de dos dígitos.

Todo ocurre en un contexto de creciente endeudamiento familiar. En julio, la morosidad alcanzó un récord del 12,1% entre los deudores y, durante el primer trimestre de 2026, el 58,7% de los hogares urbanos recurrió a alguna forma de financiación. A la vez, el empleo asalariado formal acumuló en junio trece meses consecutivos de caída: se perdieron 12.600 puestos registrados respecto del mes anterior y 354.128 desde el inicio del gobierno, de los cuales 246.312 corresponden al sector privado. Como contracara, se incorporaron 169.026 monotributistas, un aumento del 8,3% que el gobierno celebra, aunque signifique una mayor precarización de un mercado laboral deteriorado por la pérdida del poder adquisitivo y el aumento desmedido de los servicios públicos.
Insatisfacción
Pese al esfuerzo oficial por resaltar algo bueno, el malestar de la sociedad aparece cada día con más nitidez: la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública, realizada por la Universidad de San Andrés para el período de septiembre muestra que predomina la insatisfacción con un 69%, mientras que la satisfacción se ubica en un 29%; mientras que el gobierno de Javier Milei registra un 35% de aprobación y un 61% de desaprobación.

Respecto de la situación económica, que viene en descenso, los principales problemas son los temas económicos y laborales: falta de trabajo (39 %), salarios bajos (36 %), corrupción (29 %) y pobreza (29%); mientras que el 55 % considera que la situación del país empeoró respecto al año pasado y un 43 % anticipa que empeorará en el futuro, manteniendo la tendencia pesimista. Al 40% de los hogares les alcanza justo para cubrir sus gastos (sin capacidad de ahorro), mientras que al 37% los ingresos no les resultan suficientes (el 19 % debió endeudarse y el 18 % utiliza ahorros o recorta gastos). Solo a un 16% le alcanza bien y puede ahorrar.
La versión oficial
En este escenario, el ministro de Economía, Luis Caputo —partícipe del diseño de la política económica argentina durante siete de los últimos once años—, entró en una dinámica de contradicciones permanentes y se empeña en negar una realidad que lo desmiente a diario. Un día promete los mejores dieciocho meses de la historia y al siguiente admite que evalúa medidas para reactivar la economía.
Afirma que sobran dólares, pero pocas horas después se informa que negocia un nuevo crédito de US$ 1.000 millones con un banco extranjero. También pide a los universitarios que convenzan a sus padres de sacar sus ahorros del colchón, mientras declara sus propios bienes en el exterior. Su última afirmación fue que aumentaron los créditos al sector privado; el Banco Central la desmintió pocas horas después.

Conviene recordar que, durante el gobierno de Macri, Luis Caputo fue ministro de Finanzas y presidente del Banco Central, cargo que dejó por pedido del FMI. Desde esas funciones, contribuyó a diseñar y ejecutar un programa económico que perjudicó a la producción, como ocurre hoy.
Cuando asumió Alberto Fernández, la actividad industrial acumulaba más de veinte meses consecutivos de caída, un hecho inédito. Además, en 46 de los 48 meses de gestión se destruyó empleo industrial, con una pérdida de 160.000 puestos. En diciembre de 2019, ningún sector industrial superaba el nivel de actividad de diciembre de 2015 y las pymes se financiaban a tasas del 80%, lo que hacía inviable cualquier actividad productiva. Además, tomó más de U$S 50 mil millones de dólares de deuda, un récord que será difícil de igualar, que los argentinos pagaremos por generaciones.
Interrogantes
¿Por qué una parte de la sociedad argentina permitió que esto volviera a ocurrir, como en 1976, en la década de 1990 y entre 2015 y 2019? ¿Qué mecanismos se activan en el imaginario colectivo para tolerar la destrucción de amplios sectores productivos y de años de acumulación científico-tecnológica, antes orgullo del país y hoy cuestionada y desfinanciada por personajes que falsearon estudios e inventaron títulos? En la Argentina hay cientos de personas como Milei, Caputo y Sturzenegger.
La pregunta central es otra y recuerda la reflexión de Alberdi sobre Rosas tras conocerlo en Inglaterra: "Al ver su figura toda, le hallé menos culpable a él que a Buenos Aires por su dominación, porque es la de uno de esos locos y medianos hombres en que abunda Buenos Aires, deliberados, audaces para la acción y poco juiciosos. Buenos Aires es la que pierde de conceptos a los ojos del que ve a Rosas de cerca ¿Cómo ha podido este hombre dominar ese pueblo a tanto extremo? ...es lo que uno se repite dentro de sí al conocerle".








