El nombre de Rosas persiste desde hace más de 200 años en la historia política argentina. Su nombre inspiró, entre muchas cosas, poemas de Borges y una corriente revisionista de la historiografía argentina, mientras seguimos discutiendo que tipo de gobierno hizo, si fue nacionalista o socio de Gran Bretaña, si fue un dictador o apenas un líder autoritario necesario en un contexto de anarquía. Marcela Ternavasio escribió "Juan Manuel de Rosas. Retrato de un líder polarizador en los orígenes de la república" que se convirtió en uno de los libras más vendidos del año.
Ternavasio: "De los personajes que han encarnado liderazgos fuertes, el de Rosas sigue siendo el más misterioso"
El lugar que ocupa en la historia la figura enigmática del Restaurador de las Leyes es aún motivo de debates, más de 200 años después de su aparición pública. Empresario, estanciero, líder de milicias, su figura nos atrae como pocas.

"Es su persistencia y si el libro se vende es por su nombre. Para mi sigue siendo un enigma, pero no debemos descartar como la figura de Rosas, tal vez por ser más lejana, por ser del siglo XIX, por las rarezas del personaje que tenía hasta sus bufones, contribuye a ver a este personaje tan atípico en nuestra historia argentina", dice la historiadora rosarina que lo presentó en la última Feria del Libro de la ciudad de Santa Fe.

—Rosas fue una figura central de la política argentina de los últimos dos siglos. A diferencia de movimientos como el peronismo o el yrigoyenismo, no dejó una estructura electoral propia. Gobernó durante casi treinta años, pero su poder se derrumbó en apenas cuatro horas. ¿Por qué?
-De la misma manera que los opositores en el exilio, comenzando por Sarmiento, lo veían como un enigma, para mí también lo es la persistencia de Rosas en la memoria pública, entre otras cosas porque a diferencia de Irigoyen o Perón, que en el marco de la democracia de masas dejaron el irigoyenismo y el peronismo y dos partidos políticos que se configuraron a partir de fuertes liderazgos, con características muy distintas, Rosas no deja un partido rosista, sino que deja el rosismo en la memoria pública y tampoco deja un partido federal, entre otras cosas porque la cuestión federal se resuelve con la caída del rosismo, constituyendo el país. La promesa incumplida de Rosas, que era un federal advenedizo que instaura, como decían sus opositores, el régimen más centralista, vaciando de contenido al viejo federalismo; por lo cual esa persistencia es interesante en la memoria pública. Y yo diría que de los personajes que han encarnado un liderazgo tan fuerte, bueno, el de Rosas para mí sigue siendo el más misterioso.
- ¿Quién era Rosas? Es fácil decir, era un outsider, pero ¿Lo era efectivamente o era una persona importante del entramado económico de la provincia de Buenos Aires?
-Era las dos cosas, es decir, era un outsider en términos de la emergencia de un liderazgo político, que no había hecho la carrera de la revolución, es decir, que no había participado orgánicamente como tantos otros en los 20 años que precedieron a su emergencia como gobernador de Buenos Aires. Al mismo tiempo era una persona muy importante porque formaba parte de esa elite económica en ascenso, que es una elite que sabe manejar muy bien los fluidos lazos entre el comercio internacional, el interno y lo que empieza a ser la expansión ganadera hacia el sur de la provincia de Buenos Aires. Rosas en la década de 1810 muestra un fuerte olfato en torno a los negocios y con sus socios Dorrego y Terrero, va a estar entre los primeros saladeristas de Buenos Aires, compra tierras, administra otras y ahí va construyendo no sólo una fortuna y una visión de empresario exitoso, sino que además va ganándose el respeto de gran parte de la elite política como, diríamos hoy, su consultor corporativo porque también tenía una gran experiencia en el conocimiento del mundo rural, muy conflictivo en aquellos años, que estaba en plena expansión hacia los territorios de los indios soberanos, entonces conoce muy bien el manejo con la frontera y con los indios, lo que él catalogaba como indios amigos e indios enemigos, y va creando distintos círculos de redes. Es muy respetado porque al momento de consultarlo o de enviarlo para concretar esta expansión, va a gozar de este saber sobre lo rural. Ahora, eso es una cosa y el personaje que salta a la política es muy vertiginoso.

-Su liderazgo, como bien usted describe en su libro, tenía características muy novedosas, además de su forma de ejercer el poder: obsesión por controlar el relato y el protagonismo de las mujeres.
-Empiezo por la obsesión por el controlar el relato, que, no es solo controlar el relato desde la perspectiva más clásica del censor, porque en efecto logra imponer la censura previa a toda publicación, cercena la libertad de expresión, la libertad de imprenta que se había instaurado a partir de la revolución, sino que tiene una gran obsesión por controlar el relato mientras ejercía el poder, sobre el uso de las palabras, del lenguaje, de la propaganda política. En esto es un publicista muy moderno, y todo eso va a ir acompañado con una gran iconografía, con despliegue de una parafernalia: el color rojo, la divisa punzó, su retrato, su nombre propio. También es muy novedoso la proliferación del retrato de Rosas como uso político, de los dípticos de su retrato junto con el de su mujer Encarnación. El papel que le otorga a las mujeres es el de las mujeres de la casa, en todo caso será distinto con Encarnación y luego con Manuelita que la sucederá como anfitriona.
-Y como custodia de su legado, que para Rosas no parece haber sido una cosa menor.
-Una gran custodia de su legado, pero siempre en el marco de una sociedad patriarcal. Y en ese contexto es también interesante el papel que le dan las mujeres de las familias, de los sectores a los cuales él está buscando su adhesión o subordinando. El mandato es, hay que ganarse la popularidad a partir del papel de las mujeres: madres, tías, hijas de los soldados, de los que adhieren a la causa, y tratar de crear redes con ellas.

-De hecho, la madre de él era un personaje muy fuerte en su vida, con la cual se peleó y se cambió el apellido por eso, de Rozas a Rosas.
-Él se emancipa muy joven, cuando se casa con Encarnación. Hay un reemplazo de dos mujeres muy empoderadas.
-Se lo acusa a Rosas, entre otras cosas, del uso de los poderes extraordinarios, de la suma del poder público. Pero hay detrás de eso como un mecanismo que fue usado por muchos presidentes argentinos de forzar las cosas, llevarlas al límite, algo así como "si no les gusta, vamos a votar".
-Plebiscitarios. Ahí es muy interesante ver cómo se puede modelar dentro de un régimen republicano un sistema muy autoritario, lo que se llamarían después las democracias delegativas, pero en este caso delegando a un líder el manejo de la autoridad. Rosas buscará siempre que esa delegación de la autoridad, con facultades extraordinarias, con la suma del poder público, que va a desdibujar absolutamente el principio de división de poderes, este basado en la cuestión electoral. Él fue muy cuidadoso en capitalizar el voto universal masculino para la elección de la Sala de Representantes, que era la que elegía el gobernador, y sobre todo en el uso del plebiscito y luego de las consultas populares para ratificar lo que la Sala le había otorgado, que era la suma del poder público.
-Sobre todo en el segundo gobierno gobierna con lo que hoy diríamos el palo y la zanahoria, repartiendo discrecionalmente los recursos de la Aduana a las provincias de acuerdo con su grado de adhesión, como desde entonces hicieron en mayor o menor medida todos los gobiernos ¿Hay que ver en Rosas las bases de cómo se ejerce del poder en Argentina?
-Si y no. Es un fenómeno histórico que, contextualizado en su tiempo, trae muchas novedades respecto de la experiencia republicana precedente de dos décadas, entre ellas la de ser un líder que encarna la soberanía popular polarizando a la sociedad al extremo. Un líder que, además, utilizando las leyes fundamentales, lleva a la República también a sus bordes más extremos y que, por lo tanto, se erige en el creador de un orden. Diría que esto más que de la Argentina, es el juego de la política. Cómo manejar la persuasión, la extorsión y la coacción.

-En Rosas da la idea que es como una batalla detrás de otra.
-Porque va ampliando su espacio de acción.
-Además por el contexto que es de una anarquía total de provincias independizándose.
—Y también en medio de una guerra civil, tanto entre provincias como dentro de Buenos Aires. El asesinato de Dorrego, líder natural del federalismo, profundizó la anarquía y dejó un vacío de conducción en ese espacio político, una oportunidad que Rosas supo aprovechar. Sin embargo, el interrogante central es cómo logró sostenerse. Una cosa es llegar al poder en un contexto de desorden; otra, conservarlo durante veinte años después de pacificar la provincia y el país. Rosas redobló entonces su apuesta, acumuló poder dentro de la arquitectura republicana y reformuló su liderazgo político a medida que ampliaba el territorio bajo su control.
—Hoy se calificaría a Rosas como un líder anfibio: representaba a los hacendados y, al mismo tiempo, a una parte de los sectores populares. Combatía los bloqueos de Inglaterra y Francia, aunque con la primera mantenía una relación cercana a la de un socio. Esa combinación de ambigüedad y pragmatismo, ¿es también una característica del ejercicio del poder en la Argentina?
-Bueno, no todos tienen el pragmatismo que supo tener Rosas que aprendió muy rápido a hacer política, con un gran olfato sin ser un letrado. Y a diferencia de otros líderes con gran ambición de poder, el pragmatismo de Rosas es el de alguien que sabe despertar fanatismo y fervor popular entre sus seguidores sin ser nunca un fanático sin tener un proyecto de país y un rumbo como tenían los sectores reaccionarios europeos de la época o los monárquicos en México. Marcaría la diferencia entre cómo un líder puede generar un gran fanatismo y cómo un líder en realidad también puede ser un fanático que cree de manera inocente e ingenua en sus propias ideas. Son dos cosas distintas.
-También la sociedad que gobierna Rosas no tenía una nobleza ni una aristocracia como había en Europa y tenía al pueblo en la calle desde 1806.
-Había jerarquías, como las hay hoy, pero eran mucho menos marcadas que en otros territorios latinoamericanos de la época, como México, Perú o incluso Brasil, donde la monarquía constitucional creó una aristocracia. La sociedad rioplatense, más propia de una zona de frontera y comparable en ese sentido con la uruguaya, tenía una fuerte pulsión igualitaria, como señaló Juan Carlos Torre. Rosas supo aprovechar la temprana movilización popular iniciada por la revolución. También capitalizó la adhesión que despertaba la bandera federal, a la que se incorporó tardíamente, por su estrecha asociación con la idea de autogobierno. Sobre esa movilización previa y ese apoyo popular al federalismo construyó un fenómeno político nuevo.
-Usted cita una frase de Alberdi cuando lo visita en Inglaterra que lo define como una persona normal, que no tiene nada que ver con la imagen que tenía de él y se pregunta como es que pudo gobernar tantos años.
-«¿Cómo es posible que este hombre haya gobernado Buenos Aires a semejante extremo?», se pregunta Alberdi. Allí aparece la clave sociológica y política del enigma: las condiciones de la sociedad hicieron posible ese tipo de liderazgo. Alberdi se encuentra con un hombre común, atravesado —según escribe— por banalidades y las locuras, aficionado a hablar de perros y caballos. Ante la pregunta de cómo pudo ejercer semejante dominio, concluye: «Hago más responsable al pueblo de Buenos Aires que al propio Rosas de esa dominación».
- ¿Eso no es una muestra más de la astucia de Rosas?
-En efecto, lo que pasa es que de la misma manera que Alberdi, nadie lo conocía a Rosas. Era un personaje invisible. Era el hombre más nombrado en toda la Confederación, su retrato estaba absolutamente en todos los espacios públicos y privados, pero era un líder que no se dejaba ver, estaba en el aislamiento.
-¿Otros hablaban por él, incluso La Mazorca?
-Exacto.
- ¿Cuándo empezó la oposición a Rosas? ¿De dónde surgió?
-La oposición a Rosas surgió desde que asumió la gobernación de Buenos Aires y comenzó a restringir la prensa y las voces disidentes. Algunos opositores partieron al exilio; otros guardaron silencio o se incorporaron al federalismo. Sin embargo, el conflicto decisivo apareció cuando los unitarios dejaron de disputar el poder y las tensiones se trasladaron al propio partido federal: por un lado, los sectores más liberales se negaban a otorgarle carta blanca; por otro, dirigentes del federalismo interprovincial, como López y Facundo Quiroga, exigían la organización del país. Para acallar ese conjunto de voces, Rosas recurrió primero a la persuasión, la convicción, el soborno y la extorsión; desde 1838, también envió los ejércitos. Fue entonces cuando quedó bajo fuego.
- ¿Quiénes lo derrocaron a Rosas?
-Hay de todo, están los letrados, la vieja dirigencia política que no formaba parte de las élites económicas. En ese contexto, Caseros en gran parte es posible por una alianza internacional entre el ejército de Brasil, Uruguay, Entre Ríos y Corrientes porque ahí está el litoral de los ríos. A lo que venimos mencionando, de un régimen unanimista, que censura a la oposición y que además le manda a los ejércitos, quienes tenían el capital material y humano para poder vencer a Rosas, era el Litoral donde la demanda por la libre navegación de los ríos fue muy fuerte y a partir de la pacificación del último bloque anglo francés era la crónica de un final anunciado.
-Caseros duró cuatro horas…
-La gran discusión es si fue o no una batalla, si fue un fenómeno de dispersión de tropas. Rosas logra formar un ejército confederal veterano enorme, muy potente. Pero el punto central es que, a último, en el último tramo, lo abandonan sus generales mejor entrenados. Pacheco, Oribe se rinde sin librar batalla en Uruguay. Ahí comienza a verse inmediatamente la descomposición de la cadena de mandos y sobre todo comienza a verse la inexperiencia de Rosas en el campo de batalla. Rosas no conocía el arte militar, nunca había transitado el campo de batalla y le había delegado a sus generales la tarea. En ese marco se da Caseros que es un triunfo de Urquiza, pero también un gran fenómeno de dispersión de las tropas confederales.








