En transmisión directa para toda Colombia, el ministro de Defensa de este país, Juan Manuel Santos, anunció en la mañana del sábado la muerte de Raúl Reyes, el vocero internacional de las FARC. Su muerte es un hecho trascendental en el desarrollo del conflicto en Colombia. Reyes era uno de los principales hombres de confianza de Manuel Marulanda Vélez, “Tirofijo”, el máximo comandante.
Reyes era un símbolo de la organización guerrillera y su asesinato diezmará la moral de los mercenarios rasos. Era el hombre estratégico del brazo armado y diplomático de la guerrilla. Por sus manos pasaban las relaciones internacionales, principalmente, con Europa y con los proveedores de armas para mantener la guerra. Junto a él murieron 17 guerrilleros de su anillo de seguridad en una operación conjunta de las Fuerzas Armadas colombianas y ecuatorianas en la frontera de los dos países.
Su muerte es el más duro golpe propinado a la guerrilla colombiana en toda su historia y el mayor botín del ejército colombiano, presionado por la opinión pública para acertar contra un miembro del Secretariado de las FARC. En la madrugada del sábado lo consiguieron.
Este hecho alterará las posibilidades de un intercambio humanitario y será definitivo en el transcurso de la guerra en Colombia. Las presiones internacionales para la liberación de Ingrid Betancourt, cada vez más deteriorada, y la muerte del principal negociador insurgente sumerge a la guerrilla en una gran encrucijada. En las calles de ciudades como Bogotá y Cali la gente se agolpa para ver la noticia, ilusionados con la posibilidad de que el conflicto en Colombia llegue a su fin.
(*) Periodista colombiano.




