Recorrés la feria de carreras y tratás de imaginar qué vas a estar haciendo dentro de cinco, diez o veinte años. La pregunta aparece casi inevitable: ¿qué conviene estudiar para tener trabajo cuando me reciba? Nadie puede responder con demasiada certeza.
“No hay una carrera correcta”: estudiar para adaptarse a un mundo que se transforma
La emprendedora tecnológica Eliana Bracciaforte ayuda a pensar qué debería aprender hoy un joven que está por comenzar la su camino universitario. Defiende el valor del título, destaca la importancia del pensamiento crítico y propone mirar la tecnología como una herramienta que obliga a elevar la calidad del trabajo humano.

Vivimos tiempos en que la tecnología cambia permanentemente las reglas del juego. Año a año aparecen nuevas profesiones, las formas de hacer las cosas cambian todos los días y la vida laboral se termina haciendo imposible de imaginar a largo plazo. Pero tranquilo, esa incertidumbre que sentís no debería paralizarte ni llevarte a elegir abrumado.
La especialista Eliana Bracciaforte aporta su experiencia que cruza varios de los mundos que hoy están transformándose al mismo tiempo para ayudar a pensar. Es licenciada en Administración de Empresas, MBA del IAE Business School, emprendedora tecnológica, fue cofundadora y COO de Workana y participa de programas de formación ejecutiva de la Universidad de San Andrés. Desarrolla, además, iniciativas vinculadas con tecnología, inteligencia artificial y empleo.
Su primera recomendación resulta bastante menos espectacular que cualquier ranking de “profesiones del futuro”, pero no por eso menos precisa: estudiar algo que realmente te interese. “Obvio que hay carreras que después son más favorables en el mercado. Pero si una carrera es más correcta para vos porque es lo que te gusta, lo que querés hacer, lo que te interesa y lo que te genera curiosidad, para mí eso siempre es más importante”.
Una profesión que quizás ya no sea para toda la vida
Durante mucho tiempo fue posible imaginar la elección de una profesión como la definición de un recorrido relativamente previsible: estudiar, recibirse, ingresar a determinado ámbito y desarrollarse allí durante décadas. Ese camino sigue existiendo, pero dejó de ser el único.
Bracciaforte recuerda que eligió Administración de Empresas justamente por la libertad que le ofrecía para moverse entre diferentes industrias. Y advierte que incluso carreras tradicionalmente asociadas a recorridos más definidos permiten hoy trayectorias muy distintas. “Conocí un montón de abogados o contadores que hicieron carreras menos lineales y salieron del espacio acotado que les daban, incluso médicos”, cuenta.
Eso tampoco significa que tengas que cambiar permanentemente de profesión. “Va a depender de cada uno si quiere quedarse en su vocación, si es así, porque está bien también”, aclara.
Lo que se amplió es el margen. Elegir qué estudiar sigue siendo importante, pero probablemente ya no signifique decidir de una vez y para siempre qué vas a hacer durante los próximos cuarenta años.

Hay dos aprendizajes que ella incorporaría independientemente de la carrera elegida. Uno es un idioma: “Yo seguiría eligiendo inglés, o chino si se animan”.
El otro, entender la tecnología que empieza a atravesar prácticamente cualquier campo profesional. “Hay que entender la inteligencia artificial, cómo afecta a eso que vos estás haciendo, usarla para lo que querés estudiar o hacer, conocer cómo lo va a cambiar y cómo debería tal vez cambiar lo que vos hacés”.
No necesariamente para convertirte en especialista en IA, sino para comprender qué puede hacer dentro de tu profesión y cómo modifica aquello por lo que hasta ahora se valoraba el trabajo de una persona.
Cuando la IA puede hacer lo promedio
En cuanto a la IA, Bracciaforte aporta una mirada específica. Si una máquina puede resolver en segundos tareas intelectuales que antes requerían tiempo y conocimientos, la respuesta no debería ser competir haciendo exactamente lo mismo.
“Todo lo que la IA produce en general es un promedio por cómo está hecha: es una media, una estadística, una probabilidad. Entonces lo que produzca no se va a destacar. Va a hacer cosas buenas, pero no va a ser único. Le va a faltar un poco de alma, le va a faltar la huella humana”.

La consecuencia cambia bastante la manera de pensar el problema. Incorporar inteligencia artificial no debería reducir la exigencia sobre el profesional, sino elevarla. “Si la IA puede hacer esto, nosotros tenemos que darle la exigencia para que deje de ser mediocre y sea excelente, llevarlo más allá”.
Bracciaforte utiliza un ejemplo sencillo. Si antes redactar un texto demandaba sentarse, pensar y escribir, hoy una herramienta puede generar una primera versión en segundos. Eso no significa necesariamente que escribir haya perdido valor.
“Ahora que la IA lo hace, ese texto tiene que ser mejor que antes. ¿Cómo hacemos para que eso que producimos sea increíble más allá de lo que produce la IA y se destaque?”. La pregunta puede trasladarse a casi cualquier profesión.
Saber usarla y también saber discutirle
Creatividad, comunicación, empatía, liderazgo y capacidad de adaptación aparecen repetidamente entre las habilidades asociadas al trabajo que viene. Bracciaforte agrega un matiz: tampoco esas capacidades humanas permanecen aisladas de la tecnología.
Una inteligencia artificial puede ayudar, por ejemplo, a un gerente a formular una respuesta más empática a alguien de su equipo. Eso no lo transforma automáticamente en una persona más empática, pero sí muestra hasta qué punto la tecnología empieza a intervenir también sobre tareas que asociábamos a habilidades sociales.

Por encima de todas, ella destaca una: “Pensamiento crítico sí es una de las habilidades que más necesitamos ante la IA”. No sólo porque permite evaluar una respuesta, advertir un error o mejorar aquello que generó una herramienta. También porque hay algo que, para Bracciaforte, no debería delegarse.
“La responsabilidad debería seguir siendo humana. Entonces el pensamiento crítico se vuelve inevitable para que podamos distinguir, tomar decisiones y hacernos responsables por esas decisiones”.
Aprender a utilizar inteligencia artificial será importante. Aprender cuándo desconfiar de ella, cuándo corregirla y por qué tomar una decisión distinta puede terminar siendo todavía más importante.
Si todo está online, ¿para qué estudiar una carrera?
La disponibilidad de conocimiento abre otra pregunta lógica para alguien que hoy está por ingresar a la educación superior. Podés acceder a cursos, tutoriales, libros, profesores a distancia y asistentes capaces de explicarte prácticamente cualquier concepto. ¿Qué conserva entonces la universidad?
Para Bracciaforte, la respuesta está precisamente en aquello que una carrera ofrece además de contenidos. “El vivir una carrera universitaria, compartir con futuros colegas, compartir con profesores y, en los casos que sea posible, hacerlo presencial, genera un aprendizaje diferente”.

Discutir una idea. Escuchar a alguien que piensa distinto. Resolver un problema con compañeros. Equivocarse. Preguntar. Conocer profesores y estudiantes que después pueden convertirse en colegas. La experiencia educativa también ocurre en esos lugares que no aparecen escritos en el programa de una materia.
“Creo que el valor de la carrera universitaria hoy a veces se está subvalorando porque no se dan cuenta de que toda esa experiencia de vida dentro de la universidad, con compañeros, crecimiento, compartir, debatir y aprender directo de profesores genera un resultado mucho mejor en la persona completa, no solamente en el aprendizaje en sí”.
La trampa del primer empleo
Después llegará otro desafío: conseguir esa primera oportunidad que permita transformar conocimientos en experiencia. Bracciaforte detecta allí una paradoja. Las empresas suelen reclamar trabajadores con experiencia, pero al mismo tiempo muchas son reacias a contratar y formar personas que todavía no la tienen. “Se volvió un poco un juego del prisionero contratar juniors”, define.
Desde el lado empresarial existe el temor de invertir tiempo y recursos en preparar a alguien que poco después puede cambiar de trabajo. Desde el otro lado aparece una pregunta imposible de resolver para quien recién empieza.
“Los chicos jóvenes dicen: ‘Che, nadie me está dando la oportunidad de empezar, entonces ¿cómo voy a tener dos o tres años de experiencia?’”.
Si muchas compañías toman la misma decisión, explica, unos años después todas terminan buscando perfiles que escasean precisamente porque nadie les permitió iniciar ese recorrido.
“Si nadie entrena a los más jóvenes, después salís al mercado a buscar gente con tres años de experiencia y no hay. Las empresas están jugando un juego donde pierden todas y, obviamente, pierde también el candidato”.
Incluso frente a un mercado cada vez más global, Bracciaforte reivindica para los primeros años cierto contacto con otras personas en el trabajo. El empleo remoto permite trabajar desde cualquier lugar, pero observar cómo se desenvuelven compañeros más experimentados también forma.
“Creo que los jóvenes son los que más jugo le extraen a trabajar presencial. Después, cuando somos más grandes, tenemos experiencia y entendemos cómo queremos desenvolvernos dentro de una compañía, eso se vuelve menos importante”.
No hacer futurología
Cuando se le pregunta qué carrera podría dejar de garantizar las oportunidades que alguna vez prometió, Bracciaforte evita elaborar una lista: “Es muy difícil saber. Termina siendo futurología”.
Incluso pone como ejemplo la programación. La inteligencia artificial ya puede generar código con bastante solvencia, pero eso no vuelve innecesario saber programar. “Un programador puede multiplicar el valor de lo que hace una IA como nadie que no lo haya estudiado. Yo estoy haciendo aplicaciones, pero sé muy poco de programación, entonces estoy más limitada para entender si lo que produce la IA es mejor o para tomar decisiones”.
Quizás, entonces, la pregunta no sea solamente qué profesión sobrevivirá a los cambios tecnológicos. También puede ser cuánto te permitirá esa formación comprenderlos, aprovecharlos y seguir aprendiendo cuando algunas de las tareas que hoy definen un trabajo dejen de hacerlo.
“Ciertas tareas que todavía se aprenden y se enseñan en algunas carreras tal vez ya no valgan tanto la pena porque la IA las va a hacer muy bien”, plantea Bracciaforte.
Y cambia la pregunta sobre el futuro por otra bastante más cercana al presente: “¿Cómo cambia ese rol? Esa se vuelve la pregunta que tenemos que hacernos”.
Con conocimiento de causa

Eliana Bracciaforte conoce las transformaciones del trabajo desde distintos lugares. Es licenciada en Administración de Empresas, tiene un MBA del IAE Business School y construyó buena parte de su recorrido en el ecosistema tecnológico. Fue cofundadora y COO de Workana, una de las plataformas que anticiparon en América Latina la expansión del trabajo independiente y remoto, y luego continuó vinculada con nuevos emprendimientos, inteligencia artificial, formación y análisis del mundo laboral.
Pero su recorrido profesional también estuvo atravesado por una profunda transformación personal. Durante la pandemia comenzó su transición de género, un proceso que había postergado durante décadas y que hizo público en 2021, cuando contó que su nombre era Eliana y que quería vivir abiertamente de acuerdo con su identidad. Ella misma relató después que durante muchos años había construido una “máscara” para responder a lo que sentía que los demás esperaban de ella, hasta decidir que no quería continuar viviendo de esa manera.
Ese cambio ocurrió mientras ocupaba un lugar de conducción en una compañía tecnológica con alcance regional. Bracciaforte contó que encontró acompañamiento dentro de Workana y que la experiencia terminó profundizando su mirada sobre diversidad, liderazgo y culturas laborales donde las personas puedan desenvolverse sin tener que ocultar aspectos centrales de quienes son.
Su historia profesional tampoco siguió una única línea. Pasó por una empresa familiar, el mundo corporativo, el emprendimiento, el trabajo independiente y la creación de nuevas compañías; a fines de 2023 dejó la operación cotidiana de Workana para volver a explorar proyectos desde cero. Esa sucesión de cambios terminó convirtiéndose también en materia de reflexión sobre autonomía, decisiones profesionales y la posibilidad de rediseñar una carrera cuando una etapa deja de representar lo que una persona busca.
Ese cruce entre experiencia empresarial y transformación personal ayuda a explicar por qué su mirada resulta especialmente pertinente para quienes hoy están por iniciar una carrera. Bracciaforte no habla del futuro laboral solamente desde las tendencias tecnológicas: su propia trayectoria muestra que una vida profesional puede contener varias versiones de uno mismo, cambios de rumbo y aprendizajes que no estaban previstos al momento de elegir qué estudiar.









