Estás por elegir una carrera que posiblemente empieces el año próximo. Si dura cinco años, vas a recibirte cerca de 2032. Después pueden quedarte cuatro décadas de vida laboral por delante. Parece demasiado tiempo para imaginar cómo vas a trabajar entonces. Y lo es.
¿Vale la pena estudiar una carrera hoy para un trabajo que no sabemos cómo será mañana?
Casi la mitad de las habilidades utilizadas hoy podría modificarse en los próximos años. Frente a ese escenario, el título universitario conserva valor, pero empieza a convivir con una exigencia creciente: incorporar nuevas herramientas, desarrollar capacidades humanas y seguir aprendiendo a lo largo de toda la vida profesional.

Hace apenas unos años, la inteligencia artificial no aparecía en el radar de las carreras del futuro ni formaba parte de la rutina de estudiantes, profesionales y empresas. Hoy puede escribir, programar, analizar datos, traducir, diseñar y automatizar tareas. En ese escenario, una de las preguntas que más pesan al elegir qué estudiar —“¿tiene salida laboral?”— sigue siendo importante, pero resulta cada vez más difícil de responder como antes.
Quizás la pregunta tenga que cambiar: no sólo qué profesiones tienen futuro, sino qué formación te permitirá seguir teniendo oportunidades cuando tu propia profesión cambie.
No es carreras "nuevas" contra "viejas"
Las carreras tecnológicas ocupan buena parte de la discusión, aunque están lejos de ser las únicas. Un relevamiento de Randstad difundido este año ubicó entre las áreas con buenas perspectivas en la Argentina a otras como: Ingeniería, Marketing Digital, Enfermería, Programación, Ciencia y Analítica de Datos, Logística y Supply Chain, Ciencias de la Computación, Energías Renovables, Negocios Digitales, Economía y Finanzas, Biotecnología y Ciencias Ambientales.
El Foro Económico Mundial también coloca a analistas y científicos de datos y especialistas en inteligencia artificial y aprendizaje automático entre los puestos que más crecerían en Argentina hacia 2030. A escala global agrega otros campos: desarrollo de software, construcción, producción de alimentos, enfermería, trabajo social y salud mental.

La transformación, entonces, no es simplemente entre las “carreras nuevas” y las “carreras viejas”. Atraviesa profesiones tradicionales, crea especializaciones y obliga a incorporar herramientas diferentes dentro de ocupaciones que seguirán existiendo.
Ahí aparece quizá el dato más importante para alguien que está por ingresar a la universidad. El Foro Económico Mundial estima que en Argentina cambiará el 42% de las habilidades centrales utilizadas por los trabajadores entre 2025 y 2030. Además, el 65% de los empleadores del país identifica la brecha de habilidades como un obstáculo para transformar sus organizaciones.

Otro relevamiento, de ManpowerGroup, mostró que durante 2026 el 64% de los empleadores argentinos tuvo dificultades para encontrar los perfiles que necesitaba. La paradoja es fuerte: puede haber personas buscando trabajo y, al mismo tiempo, empresas que no logran cubrir determinados puestos.
No siempre falta un título. A veces faltan conocimientos específicos, experiencia, manejo de herramientas digitales, capacidad de análisis o competencias para desenvolverse en ambientes que cambian rápido. Randstad detectó este año que siete de cada diez trabajadores argentinos dijeron haber perdido oportunidades laborales por falta de habilidades, aun cuando nueve de cada diez se consideran empleables.
Cuánto va a cambiar todo la IA
Eso tampoco significa que la inteligencia artificial vaya a borrar de un día para otro las profesiones que conocemos. Su efecto es más complejo.
El Foro Económico Mundial proyecta a escala global 170 millones de nuevos puestos hacia 2030 y el desplazamiento de 92 millones. Al mismo tiempo, un informe más reciente del organismo puso el foco sobre los jóvenes: el 37% de los trabajadores jóvenes del mundo se desempeña en ocupaciones con una exposición media o alta a cambios de tareas impulsados por inteligencia artificial.

El punto sensible está justamente al comienzo de la vida profesional. Muchas tareas rutinarias que históricamente hacían quienes recién ingresaban —buscar información, cargar datos, preparar borradores o resolver procesos básicos— pueden automatizarse, sobre todo en los puestos ocupados por quienes recién empiezan a insertarse en el mundo laboral. Por eso empiezan a ganar valor otras capacidades: revisar lo que produce una máquina, detectar errores, interpretar resultados, resolver problemas, tomar decisiones y explicar por qué se tomó un camino y no otro.
Junto con IA y datos, ciberseguridad y alfabetización tecnológica, los informes internacionales ubican entre las habilidades que más crecerán al pensamiento creativo, la resiliencia, la flexibilidad, la curiosidad, el aprendizaje continuo, el liderazgo y el pensamiento analítico.

Las tendencias globales sirven como brújula, pero no todos los mercados laborales son iguales. Para Santa Fe y la Región Centro también pesan la agroindustria, los alimentos, la industria, la construcción, la logística y las actividades vinculadas al ambiente y al desarrollo tecnológico. Un relevamiento oficial sobre necesidades de formación ya había advertido que la demanda profesional debía pensarse en relación con el perfil productivo de cada territorio.
La transformación tecnológica tampoco ocurre al mismo ritmo en todas partes. Un relevamiento sobre 2.456 empresas de Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos mostró que sólo el 17% había incorporado soluciones de inteligencia artificial y que el 70% todavía no las había implementado ni tenía planes concretos de hacerlo. Más que imaginar un reemplazo inmediato, el desafío regional parece estar en formar personas capaces de llevar esas tecnologías a sectores que recién empiezan a adoptarlas.
El valor del título universitario
Los números siguen mostrando que el título universitario sigue importando, aunque ya no pueda pensarse como un punto de llegada. Datos de la Encuesta Permanente de Hogares del cuarto trimestre de 2025 indican que, entre las personas de 25 a 64 años, quienes completaron estudios superiores o universitarios tenían una tasa de empleo del 83,3%, frente al 74,1% de quienes terminaron el secundario. También registraban mayores ingresos medianos.

Elegir una carrera siempre implicó proyectarse hacia algo que todavía no conocemos. Ahora esa incertidumbre se hizo más visible. Por eso, al recorrer la Feria de Carreras, además de preguntar qué materias tiene un plan de estudios, cuánto dura o dónde se puede trabajar, quizás convenga sumar otras: qué habilidades voy a desarrollar, cuánto voy a poder experimentar, qué vínculos tiene esa carrera con el mundo real y cómo me prepara para seguir aprendiendo cuando aquello que hoy parece novedoso también haya cambiado.








