El uso del celular en las escuelas se impone como uno de los grandes retos de la educación contemporánea. Para los adolescentes de hoy, el celular no es una herramienta más, sino que es una pieza constitutiva de la cultura en la que se criaron y en la cual aprendieron a desarrollarse y vincularse, entre ellos y con el entorno.
La escuela frente al celular: regular, acompañar y educar en la cultura digital
La licenciada Patricia Ramírez, docente de la UCSF, reflexiona sobre el uso del celular en las aulas, los riesgos del entorno digital y la necesidad de una regulación pedagógica que no desconozca la cultura juvenil.

Es necesario entonces preguntarse cómo las instituciones educativas dialogan con esta realidad. En este contexto, el Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe estableció en marzo de este año una serie de pautas para fijar “límites claros para la utilización de dispositivos digitales personales durante la jornada escolar” con el objetivo de “fortalecer los entornos de aprendizaje, priorizando la atención en clase y el bienestar de los estudiantes”.
La licenciada Patricia Ramírez, docente de la Universidad Católica de Santa Fe (UCSF) en la Facultad de Filosofía y Humanidades, compartió ideas y datos clave para abordar esta temática de manera integral: “Las políticas que se toman no deben ser drásticas: ni una prohibición total, ni una libertad total. Los adolescentes todavía están en proceso de tener una autorregulación ética, crítica, creativa, social y cultural. La prohibición total corre el riesgo de convertirse en tentación, mientras que la libertad total los deja sin acompañamiento”, explicó la especialista.

Y agregó: “Estos adolescentes pertenecen a una cultura en la cual ya nacieron con celulares. Por lo tanto, si la escuela los corre totalmente de ese ecosistema tan propio de ellos, sería de alguna manera desconocer cómo se mueven, cómo se vinculan y cómo se articula la información que ellos manejan”.
La colonización: uno de los grandes riesgos
Los alumnos son ciudadanos de un ciberespacio. En él se ha construido una nueva forma de conectarse, de ser, de participar, de entender, de comprender. Ramírez aseguró que el ojo hay que ponerlo en las plataformas que los colonizan: “Estas plataformas están preparadas para retenerlos a ellos y a su atención. Además, todo lo que en ellas se dice se toma como verdad, todo lo que ellas proponen, se acepta. Los chicos pueden pasar horas scrolleando sin aburrirse, pero cuando se enfrentan a una lectura de ocho páginas la encuentran totalmente aburrida”.
“¿Esto quiere decir que hoy la educación es aburrida o que los docentes lo son? No, quiere decir que están más pendientes de otras maneras de comprender el mundo que de las que nosotros le estamos ofertando en la escuela. El sujeto de aprendizaje hoy cambió. Estamos frente a un nuevo sujeto”, subrayó la docente.

Además, señaló otros dos riesgos importantes: la discriminación por brecha digital, ya que no todos los alumnos pueden acceder a la misma tecnología, y el crecimiento del ciberacoso, ya que se dificulta el control sobre el uso que los adolescentes le dan a los teléfonos.
“En la escuela debe enseñarse el uso crítico de las nuevas herramientas. Con la Inteligencia Artificial, por ejemplo, hay que educar sobre cuándo es oportuno usarla, cuándo no, cómo reconocer los sesgos o alucinaciones que tiene, cómo verificar la información, etc. El mundo digital ya no es una promesa, es la realidad”, afirmó Ramírez.

“El gran desafío está en lograr hibridar dos mundos. Que los estudiantes puedan leer y comprender un libro o un texto largo, y que, a su vez, sean críticos y creativos frente los contenidos multimedia que consumen, los cuales no siempre presentan la información de forma lineal", marcó.
Tecnología y socialización
Además de las líneas pedagógicas, las medidas tomadas por los gobiernos locales también hacen foco en el proceso de socialización de los chicos, promoviendo, por ejemplo, “recreos libres de pantallas” en la secundaria o directamente restringiendo su uso en la primaria.
“Si los chicos tienen el celular en la mano, la interacción será con él y no con el entorno. Se le deja de prestar atención a lo que sucede alrededor, y no solo eso, sino que también se deja de disfrutarlo”, expresó Ramírez y añadió: “Esto muchas veces ya se trae desde la casa. No es extraño ver a padres que les dan aparatos electrónicos a sus hijos para que ‘no molesten’. Incluso son los mismos adultos los que muchas veces están con el celular arriba de la mesa. Parece que siempre estamos pendientes del que esté lejos, pero pocas veces lo estamos de quien está cerca”.
“Los acuerdos sobre el buen uso del celular que los complejos educativos lleven adelante deben tener en cuenta también a las familias. Los mismos, al implementarse, deben ser muy claros, tanto en explicar cuándo sí y cuándo no está permitido usar el celular, como también en las sanciones que se pondrán cuando las normas no sean respetadas”, advirtió.
“Creo que cuando uno habla bien con el adolescente y le explica el porqué de las cosas, cuando la conversación se encara no a partir del castigo sino de la reflexión, entonces ellos pueden comprender que la regulación de la tecnología tiene un sentido, que no se trata de una privación sino de buscar juntos algo mejor. Los adolescentes se saben queridos, acompañados. Todo esto, sin desconocer que los chicos son parte de la cultura del celular”, detalló.

Y aclaró: “Así como se plantea esto para los jóvenes, también es importantísimo decir que no tiene sentido y que es muy alarmante que una criatura de cuatro o cinco años tenga celular propio o que vaya con uno a la escuela”.
Las medidas de la provincia de Santa Fe
En marzo de 2026, el Gobierno de Santa Fe presentó el Programa de Educación Digital con el objetivo de “generar las condiciones necesarias para una transformación gradual y sostenida de las prácticas educativas que permitan a los destinatarios el uso seguro, saludable, responsable, ético, crítico y creativo de las tecnologías digitales, en sus diversos soportes y modalidades”.
Ramírez dijo que “no la ve como una medida tecnofóbica, sino propositiva” y que, además, “es procesual, es decir, no impone condiciones similares para todos los niveles, sino que acompaña el crecimiento y madurez de los educandos”.







