Una innovación nacida en un laboratorio de Santa Fe acaba de recibir un importante reconocimiento internacional. Renata Reinheimer, investigadora de la Universidad Nacional del Litoral (UNL) y el Conicet, fue distinguida como Mejor Emprendedora 2026 por la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (Ompi), organismo especializado de las Naciones Unidas (ONU). Mientras que Infira, la empresa de base tecnológica que lidera, obtuvo el premio en la categoría “Agricultura y alimentación” entre las startups.
Científica santafesina fue distinguida por ONU por su innovación para el agro: cultivos que rebrotan
La Organización Mundial de la Propiedad Intelectual premió a la investigadora como Mejor Emprendedora 2026. Fundó una startup de base tecnológica en Santa Fe, que se está probando en campo, capaz de obtener dos ciclos productivos con una única siembra y, al mismo tiempo, regenerar los suelos.

El reconocimiento pone en primer plano una tecnología desarrollada en la ciudad de Santa Fe que podría tener un alto impacto en la producción agrícola: lograr que cultivos como el arroz -y en un futuro otros cultivos- puedan rebrotar después de la cosecha, obteniendo dos ciclos productivos a partir de una única siembra.
La Ompi distingue cada año a emprendedores y empresas que logran transformar desarrollos innovadores en soluciones con proyección internacional mediante el uso estratégico de la propiedad intelectual. En su 5ta edición, la empresa santafesina fue distinguida entre 1.300 emprendimientos evaluados provenientes de 126 países. En total hubo 33 finalistas y, entre ellos, 11 ganadores en distintas categorías.
“Este premio nos posicionó a nivel internacional y era algo que estábamos necesitando. Más que cerrar una etapa, nos abre una nueva: mostrar al mundo lo que hemos logrado desde Argentina y desde Santa Fe y en un ejemplo de lo que puede ocurrir cuando el conocimiento se articula entre lo público y lo privado. Después, el otro reconocimiento como emprendedora del año fue un bonus que no lo esperábamos”, señaló Reinheimer en diálogo con El Litoral.
La científica recibió una distinción el pasado 10 de julio, en Ginebra, sede de la ONU, de manos de Daren Tang, director general de la Ompi.

Del laboratorio al campo
Infira surgió en 2020 en el Parque Tecnológico del Litoral Centro, aunque la historia comenzó algunos años antes. "Es una tecnología que nace en las instituciones públicas, en la Universidad Nacional del Litoral y el Conicet. Gracias a las gestiones de sus oficinas de vinculación y de patentes pudimos protegerla, y eso fue un disparador para fundar Infira", recordó.
Ese paso implicó dejar el ámbito exclusivamente académico para ingresar al mundo empresarial. "Saltar al mundo de los negocios para los científicos es un salto enorme al vacío, pero ese vacío se fue llenando con un equipo de socias fundadoras, asesores y consultores que hicieron posible llevar esta tecnología adelante", afirmó.
Reinheimer explicó que la postulación al premio de la Ompi fue impulsada por la consultora santafesina Itera, especializada en propiedad intelectual y radicada también en el Parque Tecnológico del Litoral Centro. Más allá del reconocimiento, destacó el valor estratégico del premio. Durante una semana, el equipo participó en Ginebra de capacitaciones sobre gestión de propiedad intelectual, valorización del conocimiento, licenciamiento y estrategias para empresas tecnológicas.
“Nuestra empresa exporta conocimiento. No vendemos semillas; generamos tecnología validada para que luego la industria pueda escalarla y comercializarla. Aprender cómo proteger y licenciar ese conocimiento tiene un enorme valor”, explicó.

Despertar genes "dormidos"
La innovación desarrollada por Infira consiste en reactivar mecanismos biológicos que las plantas perdieron durante su evolución. “Lo que hace la tecnología es despertar algunos genes que están dormidos en las plantas y lograr que vivan más tiempo, que queden despiertas”, describió la investigadora.
Traducido al lenguaje del productor agropecuario, el objetivo es sencillo de explicar: que la cosecha deje de marcar el final del cultivo. “Hoy la mayoría de los cultivos se siembran, crecen, se cosechan y ahí termina su ciclo. Nosotros buscamos que esa misma planta, sin sacarla del suelo, pueda rebrotar y volver a producir una nueva cosecha, sin necesidad de sembrar otra vez. El concepto más simple es: de una semilla, obtener dos cosechas", explicó.
Según detalló, esa posibilidad no solo tendría impacto productivo, sino también ambiental. Al mantener las plantas más tiempo en el terreno, se desarrollan sistemas radiculares más profundos que ayudan a reducir la erosión, mejorar la captura de carbono y favorecer la regeneración del suelo. “Hoy ya no se busca solamente producir. También se busca regenerar. Esta tecnología permite cumplir esos dos objetivos al mismo tiempo”, sostuvo.
El arroz, primer paso
Actualmente el desarrollo más avanzado corresponde al arroz, donde la empresa ya transita su segunda campaña de ensayos a campo. “Es nuestro caballito de batalla. Ya llevamos el segundo año de pruebas en campo y estamos aprendiendo muchísimo sobre cómo funciona la tecnología en condiciones reales”, indicó.
Los ensayos se realizan en distintos puntos del país. “Estamos trabajando mucho en la provincia de Santa Fe, pero también en otras provincias y avanzando hacia la zona núcleo, porque necesitamos evaluar cómo responde la tecnología en distintos tipos de suelo y condiciones productivas”, dijo.
Los buenos resultados obtenidos permitieron iniciar nuevas líneas de trabajo. “Ya estamos desarrollando soja, maíz y otros cultivos, muchos de ellos a pedido de semilleras regionales, que quieren ver cómo funciona la tecnología en sus sistemas productivos”, contó.

Un premio que abre puertas
La nueva etapa de Infira apunta ahora a consolidar alianzas con semilleras, empresas agropecuarias e instituciones interesadas en impulsar modelos de agricultura regenerativa. Aunque el premio lleva su nombre, Reinheimer insiste en que detrás del logro existe un trabajo compartido.
“Detrás de cada distinción hay científicos, técnicos, productores, instituciones, inversores y familias que confiaron en una idea que al principio parecía muy ambiciosa”, expresó. Y destacó el valor simbólico del reconocimiento. “Recibir este premio como mujer, investigadora y emprendedora argentina tiene un significado especial porque muestra que en nuestro país hacemos ciencia de calidad y que podemos transformar ese conocimiento en tecnologías con impacto global”, concluyó.










