"No soy realmente un director. Soy un hombre que cree en la validez de los deseos íntimos de una persona. Y creo que esos deseos íntimos, ya sean feos o hermosos, son pertinentes para cada uno de nosotros, y probablemente sean las únicas cosas que valen la pena".
John Cassavetes o cómo hacer del caos una forma de verdad
La propuesta de la Cinemateca de la UNL continúa con "Rostros" (Faces), una obra fundamental del cine independiente que analiza vínculos en crisis y pone al actor en el centro de una experiencia intensa y sin concesiones.

En la programación de la Cinemateca de la UNL, la continuidad del ciclo dedicado al cineasta y actor John Cassavetes vuelve a poner en primer plano una obra que, muchas décadas después, todavía se resiste a quedar fijada en categorías estables. Una obra indomable, rupturista y creativa.
Este miércoles 29, a las 18, la proyección de "Rostros" (Faces) en el Foro Cultural de la UNL reabre un recorrido que permite observar, con detenimiento, uno de los núcleos del cine cassavetiano: el trabajo con los actores como materia prima e ingrediente principal.
Experiencia compartida
"Cassavetes es un realizador que escapa a toda clasificación, salvo la de ser un cineasta independiente", plantea el texto del ciclo. De hecho, su método consistía en desarmar la jerarquía del rodaje para poner al actor en el centro del dispositivo.

Las escenas en su cine no se "resuelven", sino que se desarrollan. El guion es una estructura abierta que se pone en juego en el ensayo, en la repetición y en la deriva. De allí emana esa sensación de inestabilidad que recorre su filmografía. Los intérpretes no ilustran una idea previa, sino que la construyen en el transcurso mismo de la acción.
En ese proceso, la figura de Gena Rowlands es fundamental. Su colaboración con Cassavetes, tanto artística como afectiva, atraviesa buena parte de su obra y constituye uno de los vínculos más singulares del cine moderno.
Rowlands (a quien el lector menos cinéfilo podrá identificar como la anciana con Alzheimer en "Diario de una pasión") no interpreta personajes en el sentido convencional. Los habita desde la fragilidad, la intensidad y el desborde.
El propio recorrido del director dentro de la industria ayuda a entender esta búsqueda. Para financiar sus películas, trabajó como actor en producciones de Hollywood. Ese tránsito fue una estrategia, actuar dentro del sistema para sostener un cine desarrollado en los márgenes.
Esa decisión derivó en un guiño irónico visible en "El bebé de Rosemary", de Roman Polanski, donde Cassavetes encarna a un actor que pacta con fuerzas oscuras para avanzar en su carrera.

La subtrama es fascinante: mientras el personaje negocia su destino dentro del sistema, el director (fuera de cuadro) sostiene el suyo, contrapuesto completamente a la lógica industrial que supuestamente lo motiva en el film.
El cuerpo como territorio dramático
En "Rostros", el método de Cassavetes alcanza su forma más reconocible. La película sigue la disolución de un matrimonio a través de una serie de encuentros donde el diálogo se prolonga hasta volverse incómodo. Las risas se extienden, las discusiones se superponen y los silencios quedan expuestos.
La cámara registra sin un orden aparente. Filma en espacios reales (casas, habitaciones, interiores) y construye lo que el texto del ciclo define como una "consistente materialidad".
Los actores ocupan ese espacio con una intensidad que se aleja de la representación clásica. Podría decirse que el espectador no observa una escena, sino que asiste a un proceso vital.

"Ningún personaje de Cassavetes es portavoz del film", se advierte desde la organización. La frase subraya que el sentido no está delegado en una voz autorizada, sino disperso en la disputa entre cuerpos, palabras y gestos.
El vínculo y el límite
"No nos tomamos el tiempo de mostrarnos vulnerables los unos ante los otros".
La programación del ciclo permite entender la lógica de trabajo del autor. El 6 de mayo, "Un niño espera" muestra a Cassavetes en una estructura más cercana al estudio, junto a Burt Lancaster y Judy Garland.
El 13, "Maridos" propone un trabajo grupal donde Ben Gazzara, Peter Falk y el propio Cassavetes analizan sus vidas tras la muerte de un amigo en común. Aquí, las escenas se abren y los límites entre la improvisación y la estructura quedan deliberadamente borrosos.
El 20, "Minnie y Moskowitz" describe la relación entre un viejo beatnik cuidacoches y una mujer maltratada por su pareja. Rowlands y Seymour Cassel construyen un vínculo definido más por sus desajustes que por sus armonías.

El 27, "Una mujer bajo influencia" lleva el método del director al extremo. Rowlands compone un personaje cuya inestabilidad desborda cualquier intento de contención. La actuación no explica nada; solo insiste en sostener ese estado de crisis.
Más proyecciones
En junio, el ciclo avanza con "The Killing of a Chinese Bookie" (el día 4), donde Gazzara encarna a un hombre que intenta mantener su lugar en un sistema que lo excede. El 11, "Opening Night" retoma el trabajo con Rowlands desde el ámbito teatral, a través de una actriz enfrentada al paso del tiempo y a su propia imagen.
El 18, "Gloria" relata cómo la exnovia de un gángster debe hacerse cargo del hijo de sus vecinos, asesinados por la mafia. En el film, destaca una escena en la que el personaje de Buck Henry sabe que los mafiosos vienen a matarlo; él y su mujer empiezan a golpearse, excedidos e impotentes. Otra vez, el registro de los cuerpos en crisis.
El cierre, el 25, con "Torrentes de amor", vuelve a reunir a Cassavetes y Rowlands en una historia donde los vínculos familiares aparecen surcados por la distancia y la imposibilidad de alcanzar la estabilidad.
Un cine que persiste
Cassavetes murió en 1989. Su colaborador Al Ruban propuso una forma de recordarlo: "Pienso que la mejor manera de hablar de una persona es mostrar cuánto tiempo uno se acuerda de ella".
En su caso, ese recuerdo no se organiza alrededor de argumentos o escenas aisladas, sino de presencias; de actores que parecen salirse de cualquier esquema previsto. El ciclo en la UNL permite volver sobre esa experiencia, observar cómo una película puede construirse desde el cuerpo, la voz y el tiempo compartido.
Como afirmó el propio director, "mis películas son expresión de una cultura que ha tenido la posibilidad de alcanzar la realización material y, al mismo tiempo, se ha visto incapaz de lograr la sencilla tarea de conducir vidas humanas".








