Cuenta la leyenda que, en una de las tenidas culturales que se realizaban en la casa de la familia García Moreno, un pequeño Carlitos le avisó al ya consagrado Eduardo Falú, que tenía desafinada la quinta cuerda de su guitarra, cosa que el folclorista de formación clásica comprobó rápidamente.
Charly García: el personaje, la obra, y una sensibilidad trascendente
De niño prodigio a estrella de rock, de músico clásico a innovador de “las nuevas olas”, el artista supo formar parte de la banda sonora de los últimos 60 años, combinando su formación con una conexión con cada época, en lo sonoro y lo histórico.

Allí se descubrió el oído absoluto del niño, que el Charly García adulto convertiría en un mito personal (diciendo que un ruido azaroso correspondería a una determinada nota, cosa que en muchos casos desafía las leyes de la acústica).
También frecuentaba esas reuniones Mercedes Sosa, que según el periodista Sergio Marchi, al escuchar tocar el piano a Carlitos, le comentó a Ariel Ramírez: “Este chico es como Chopin”.

“Se non è vero, è ben trovato”, decían los ancestros: a la vuelta de los años, Charly sería uno de los jóvenes artistas que Mercedes abrazaría en su regreso como cantante de repertorio expandido (latinoamericano, de rock nacional) a la vuelta del exilio.
También sería Mercedes una de las pocas personas ante quienes García podía bajar varios cambios en sus años explosivos, como un niño obediente y mimado a la vez.
“Esto es el Oeste, señor. Cuando la leyenda se convierte en realidad, se imprime la leyenda”, decía el editor del periódico a Ransom Stoddard (James Stewart) en “Disparos en la noche” (“ Man Who Shot Liberty Valance)”, la película de John Ford. Aplica para este caso: si hay alguien que ha sabido construir su personaje público ha sido Carlos Alberto García Moreno, quien hoy cumple 75 años.

Juventud eternizada
¿Cómo dimensionar quién ha sido Charly García en la música argentina de los últimos 60 años? Porque además empezó muy chico: a los cinco años la profesora Julienta Sandoval, del Conservatorio Thibaud Piazzini, comenzó a darle sus primeras clases a domicilio, pero a los 13 se encontró con “There’s a Place” de The Beatles y su cabeza explotó.
Nito Mestre, su compañero en el Instituto Social Militar Dr. Dámaso Centeno, tuvo una epifanía similar: escuchó “Twist and Shout” y salió a renunciar al grupo de folclore escolar en el que participaba.
De ese encuentro de jóvenes inquietos nació Sui Generis, a quienes Billy Bond agradece el despegue de la escena nacional: “Si no hubiera sido por ellos, hubiéramos seguido vendiendo 500 discos”, decía, cuando alguien cuestionaba si el dúo “era rock” (o, como dijo Pappo alguna vez, “ablandaron la milanesa”).
Con el Carpo Charly mantuvo una fricción por décadas, incluyendo las anécdotas que graciosamente cuenta Juanse imitando las voces de ambos (uno de los momentos más divertidos de la pandemia, hay que reconocer).

Fórmula secreta
Podríamos dedicar muchos más párrafos a repasar frases emblemáticas de Charly: desde responder al grito de “¡Policía!” con “qué culpa tengo que no hayas estudiado” al “no, era un ser humano” cuando Susana Giménez preguntó si una pasajera “era mona”. Pero como él mismo le respondió a Diego Maradona en “La noche del Diez”: “El genio puede hacer algo con su locura; el que es loco, pobrecito...”.
Lo cual nos lleva a hablar de la obra, que es sustrato material de ese personaje público. ¿Y cómo contarla?
Quizás como ese viaje existencial de aquel chico de formación clásica que descubrió el rock, que Schumann, Chopin y Liszt estaban buenos “pero les faltaban negros”, en referencia a las síncopas con que la música de raíz afro revolucionó al mundo en las constelaciones musicales clave del siglo XX, como el jazz y el rock.
Cuando sacó “Rock and roll Yo” (2003), Charly se jactaba de haber sacado las terceras, tocando acordes puros de quinta; algo que el rock llevaba su buen tiempo haciendo. ¿Es aquel niño prodigio desprendiéndose de las marcas clásicas?
Darío Jalfin (el autoproclamado “Dr. Música”) diría que no: que siempre vuelven y que, más allá de los cambios de texturas de época (las máquinas de ritmos y los samples en los 80, por ejemplo), hay marcas de Bach que vuelven siempre, de “Desarma y sangra” a los tiempos recientes.

Material sensible
Quizás en esa esgrima creativa contra sí mismo (no sería la única pelea interna del artista, como su historial de autodestrucción y renacimiento demostraría) ha sabido tener un oído en el alma popular y otro por encima: el autor de “Inconsciente colectivo” supo entender y pasar a formar parte del mismo, mientras su antena apuntada a las estrellas hablaban de cosas que se anticipaban a su tiempo.
Por todo eso Charly se convirtió en tatuajes, en banderas, en artista de masas: del “Concierto subacuático” al Cosquín Rock, del living de Susana al “MTV Unplugged”. De decirle: “Yo pienso que vos sos un boludo” a Jorge Lanata al cariño por María Gabriela Epumer o el “Negro” Carlos García López, a quienes sigue extrañando.
Por toda esa vocación de trascendencia, por la obra infinita y el personaje único, la Argentina celebra hoy los tres cuartos de siglo de Carlos Alberto García Moreno: irrepetible, extenso, invulnerable a la indiferencia.








