Bajo el cielo encapotado de la siesta del sábado, el santafesino Lisandro Skar (Baruffato) dio el pistoletazo de largada del Harlem Festival 2026 a puro rock and roll, con remas que un puñado de seguidores acérrimos se sabía de memoria, como “Rata rabiosa”. Lo acompañaron Mateo Robles (guitarra), Pedro Lujan (bajo) y Alan Ansourian (batería).
Harlem Festival: canciones nuevas y las de siempre
La jornada inaugural del encuentro anual celebrado en la estación Belgrano sumó nombres de peso como Babasónicos, Coti, El Cuarteto de Nos, El Plan de la Mariposa, El Kuelgue y Marilina Bertoldi, junto a la fuerza emergente de Ángela Torres, BB Asul, Reybruja y Lisandro Skar. También el regreso de Perras on the Beach, la electrónica de Peces Raros y la Fiesta Polenta, entre otras propuestas.

Yo voy y vengo, dijo “Licha”, trasladándose entre el escenario y la punta de la pasarela Outdoor, antes de tocar “Flashié” y “Yen3”. “¿Hay alguna ‘Chica buena’ acá?, preguntó antes de la canción homónima. Comenzó a irse con la punk “Llorar y reír”, presentó una nueva y “Alguien que yo no es”, enganchada con “Señor kioskero” de Intoxicados,
Vieja escuela
Para ese entonces el escenario Indoor era ganado por los ascendentes Reybruja: Enzo Lupo (voz y percusión), Juan Manuel Fombella (guitarra y coros), Lautaro Satalino (guitarra), Andrés Human (bajo), Rodrigo Martini (teclados) y Sergio Peluso (batería: con flequillo, pero más Johnny que Marky).

“¡Hola, mi amor! Reybruja, una banda de rock and roll”, sintetizó el cantante de los rulos, la campera cherokee y las maracas a lo Liam Galagher; referente de un grupo muy joven, pero de estética vintage.
Abrieron con “Libertarios”, y anunció “una canción de fútbol”: “El jugador”. “Somos una banda con un disco, esperando el segundo. Re manijas”, contó el cantante. Recorrieron “El atrevido”, “Monoambiente”, “Yirando en el modo” (entre las “canciones de fogón”) y Superestrellas del barrio”. “Hay que rezarle a la Virgen”, sostuvo, antes de “Virgencitas y malvones”.
Encararon el tramo final con la declamada “(Te advertí que no me dejaras pisar) Las flores”, a dúo de voces con Fombella. El guitarrista abrió las estrofas de “Pocamonta” (“audicioné pero no quedé”) con algo del color de The B-52s. El rock stone volvió con “Piso 20”, “RNA” y “Que se la banquen”, ya invitados a desocupar el escenario.
Canciones emocionales
BB Asul ya atrajo un número mayor de asistentes, en un momento ascendente de su carrera que incluye haber coescrito el último álbum de Lali, “No vayas a atender cuando el demonio llama”.

Salió al frente de su banda con “Tabaco para armar”, empoderada y gótica (collar de pinchos, remera de “Crepúsculo”, short con falda de encaje, medias de red y polainas) Lució su amplitud vocal en “Ajedrez” (que grabó con Massacre), y de ahí a “Caníbal”, para caer en “Vahos del ayer”, cover de Flema (pasó de versionar a Ricky Martin a Ricky Espinosa).
“Qué bueno que vinieron temprano para bancar a a las bandas. Saque un disco que se llama ‘Miss Universo’ y lo vamos a estar mostrando”. Se fue al clima R&B con “Colmillos”; luego recaló en “Basura” que despierta como balada indie y se convierte en canción nü metal. La dulzura rockera siguió con “Gore”, con solo del guitarrista Nadir.
Siguieron “Nieve” y la sufriente “Para llamarte la atención”. “Este disco lo escribí muy enojada por lo que pasa con las chicas”, comentó, antes de reflexionar que “ser fea hot es lo más cercano a la rebeldía”, antes de la potencia post punk del tema “Miss Universo” y el cierre con “Hot 90 Shot”.
Viejos amigos
La obertura de “Star Wars” de John Williams llamó al comienzo de “Perras on the Beach”, en el regreso de la banda mendocina encabezada por Simón “Poxyran” Saieg tras un periplo de otras experiencias artísticas y personales.
Simón salió vestido de acertijo de Batman con la Stratocaster modelo Hello Kitty. Completaron la formación Bruno Beguerie en bajo, vestido de Jedi (con Saieg, hermanos de los Usted Señalemelo); Ignacio Laspada en guitarra, en traje de caballero: Rodrigo Martínez en sintetizadores, con disfraz de presidiario; y el nuevo: Bautista Sainz en batería (como Woody de “Toy Story”).
“Esto no es un bautismo, culiado”, incitó el cantante, entre “La playa - Mambo”, “Ramona” y “Australia”. Pasó “Tuca” entre animaciones psicodélicas. Bruno e Ignacio intercambiaron instrumentos para “Municipálida”, con la voz ultraprocesada de Simón y rap de Beguerie.
“Ahora vamos a tocar una canción de Virus que se llama ‘Con disfraz’, dijo el frontman, en referencia a las pilchas (la canción es “Sin disfraz”).
En ese mismo horario Oney1 (Jorge Emilio Torzullo) rapeaba en el Escenario Alternativo, con DJ y su hermana Ara T como corista femenina, mientras Perras pasaba por “Un montón” y “Turco X”
Es momento de fumarse un ‘Amel’”, bromearon antes de “Puchos”, pinchando una pista de dubstep. “Qué lindos que son, qué bien se portan”, despidió Bruno, antes de rematar con “Mis amigos” y saludar con la vuelta del dubstep.
Señor de los hits
Coti Sorokin al frente de Los Brillantes convocaba para entonces en el exterior con “Otra vez”, de sombrero verde, saco bordó y remera de “La naranja mecánica”. “Días” tuvo solo de Dizzy Espeche en la guitarra, uno de los nombres fuertes de la banda junto a Luna Sujatovich en teclados y coros y los rosarinos Matías D’Amato en bajo y Javier Robledo (Cielo Razzo) en batería.
Invocando a Los Palmeras y a “Santa Fe capital de la cumbia”, se metieron con El embrujo (que el solista supo versionar junto a los santafesinos hace unos años). Muchas gargantas y palmas lo acompañaron parado en el centro de la pasarela.

“¿Cómo están, Harlem?”, preguntó, apurando un vinito y yendo al piano. Alguien le dijo que cumplía 23 años de casado: ‘¿Y yo que culpa tengo? Bueno, los felicito”. Así largó con “Luz de día” de Los Enanitos Verdes, dejándole luego las teclas a Luna. Se colgó la Les Paul para dedicarle “a las chicas” “50 horas” (“No puede ser que estés dos horas tan sola con lo buena que estás”), muy coreada.
La llevaron para el lado del reggae para “¿Dónde están corazón?”: popularizada por Enrique Iglesias, otra de las que no fallan
Saludó a todas las ciudades de la zona, y abordó “Lento”, escrita con Julieta Venegas como “un alegato a la lentitud, volver a la naturaleza y al amor, que es lo único que salva. Hatear es gratis hoy: de nuestro presidente para abajo todo es odio”, encendió. “Este país es muy difícil para todos especialmente para ustedes que son péndex”.
Levantó en el tramo final con “Antes que ver el sol”; “Hasta la próxima” se despidió Coti, pero fue al frente con los guitarristas para rockear en “Nada de esto fue un error”, que la gente arrancó a cantar antes, de puras ganas. Se fue ovacionado en el saludo grupal final.
Espíritu indómito
En el Alternativo era el turno de Acru; pero zumbidos eléctricos y lluvia de televisor llamaban al set de la sunchalense Marilina Bertoldi, en racha tras su apoteosis pop junto a Lali y Tini. De vestidito y botas animal print y peluca rubia de pinup, largó con la nueva “versión Riff” de su tema “Cosas dulces” (podría engancharse con “Que sea rock”).
Fue hacia el mid tempo de guitarras con “Es poderoso” y “La cena”. “Volveré y seré otra”, clamó en “Pucho”, electrizando con su solo en el final, yendo a “No quieren más mi rocanrol”.
Una pista acústica con imágenes de sus ojos sirvió de separador. Volvió sin el instrumento y tirando besos para con coros en secuencia y el sonido uptempo electrónica de su último trabajo, en “Para quién trabajas”. Enganchó con “Autoestima”, entre imágenes de excesos y bailes sugerentes, haciendo explorar su voz.
De nuevo en la guitarra, se fue a la calidez de “Enterrarte”, con todos sus colores vocales. Hubo intro de sintes para “De caza” (con silueta danzante en la pantalla). En pose sensual al frente encaró “El gordo”, pidiendo agite para el estribillo (Cierren el orto, por favor / no se critiquen con los otros / Cierren el orto, están locos, por favor / no se limiten con nosotros”.
Creció en viscosidad sonora con “O no?”, y se fue a “pudrirla” en la valla junto a sus fans. Volvió a subir para “La casa de A”, con solo de bajo de Franco “Choki” Giaquinta. Se despidió con “Sexo con modelos”: “Cuídense más, por favor. Usen menos la IA, sobre todo los varones”. Se tiró en mosh sobre su público y de quedó un rato recibiendo un baño de masas hasta que apagaron la luz.
Potencia en el escenario
El Kuelgue comenzó su set con la alegría disco de “Buena tela”, entre caballos de calesita en las pantallas. El trajeado Julián Kartún le puso su gracia a “Ir derecho”, y la cadencia jamaiquina se hizo carne en “Circunvalación”, subiendo en el solo de sinte del invitado Fran Azorai (tecladista de Wos y Lali).

La música brasileña le dio identidad a “Bossa & People”, con solo de guitarra de Benja López Barrios y una perfo del frontman-actor. Fueron a “Peluquita”, entre caballos de espejo dorados, envueltos en los vientos (“Vamos al Spinetto, faltémosle el respeto al derecho de admisión”).
“Carta para no llorar”, que hicieron originalmente junto a Zoe Gotusso, salió en dúo con la corista Paloma iturri, sobre el trombón de Romina Minutola. Le pusieron a Julián una levita colonial para “Barry Lindo” y tras una performance de Samid vs. Viale llegó “Díganselo”.
“Muy buenas noches, podemos decir ahora. Recién golpeé a un dron. ¿Está bien?”, preguntó el frontman. “Los gobiernos absolutistas lo primero que han querido es deshacerse de los artistas, que la gente no pueda juntarse”. “Se les terminó la joda kukardos”, respondió él con voz modificada, respondiéndose.
A beatbox y guitarra de hicieron “Parque acuático”: esa que dice: “¿Te diste cuenta? Volvimos a vivir en los noventa”. La banda sin cantante versionó “Todo un palo” de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota: cantada por el público, para lucimiento del saxofonista Pablo Vidal.
Volvió Kartún para “Sinoca” y “Bailo cuando llega la comida”. El disco-funk volvió con “Vos y la mancha”, seguida por “En avenidas”, con todos al frente durante el solo de saxo.
Los vientos se fueron a la pasarela con una coreografía para entrarle a “Show Me Your Monkey”, con medley de “La rubia tarada”, jugando con los efectos de voz, entre lluvia de papelitos. Se fueron con “La curva”, con arranque samba y crecimiento funky, y se despidieron tirando flores.
Rimar verdades
El Cuarteto de Nos disparó “Cara de nada” en el comienzo, con Roberto Musso cubriendo su rostro con un enojo. De ahí partieron a la hitera “El hijo de Hernández”, respondida por la masa. Solo melódico de Gustavo Antuña (otro original, así como también lo es el baterista Álvaro “Alvin” Pintos; Santiago Marrero y Luis Angelero completan hoy la formación).

“Ya no sé qué hacer conmigo” (un puñado de sinceridades) redobló la apuesta en cuanto a la llegada popular de las letras del cantante. En ese envión recorrieron “Lo malo de ser bueno, “Algo mejor que hacer” y la oscuridad tan actual de “Ganaron los malos”. También la crítica laboral en “Mario Neta”, entre la cumbia dark y la furia rockera.
“Andamos celebrando 20 años que salió el disco ‘Raro’”. Invitó al Movistar Arena el año que viene, y presentó “Así soy yo”.
Solo con una base electrónica, Roberto abordó la festejada “Contrapunto para humano y computadora”: una payada en décimas, una batalla perdona con la IA, arrancando cada uno con la última frase del otro, con el humano recibiendo los cuestionamientos de la máquina.
Reunida la banda fue el turno de “Esplín”; la gente coreo el nombre de Roberto que agradeció y anticipó “Gaucho Power”, prolongando el momento con “Cinturón gris” y sus visuales animadas. Dejaron que la audiencia cante la primera vuelta de “Invierno del 92”.
“Llegó el momento de la última canción del Cuarteto en la noche de hoy”, avisó Musso y agradeció a los presentes, antes del final explosivo con “Yendo a la casa de Damián” y sus rimas al límite.
Navegar emociones
El Plan de la Mariposa salió a revalidar su crecimiento de público en la ciudad, después de dejar chicos muchos venues. La familia ampliada necochense abrió con “El ángel del 152” en las voces de Sebastián y Camila Andersen, y se fueron a “Mar argentino” en la melodía compartida de violín, teclados y guitarra (Santiago, Máximo y Valentín, los otros hermanos).
El baterista Julián Ropero (miembro adoptivo de la familia danesa, junto con el bajista Andrés Nör) despertó al acordeón folk para “Un mal delito entre confiar o morir”, con la danza derviche de la valkiria saltarina.
Bajaron a “Gigante”, llevada por las teclas: un ejemplo de la sensibilidad convocante de la banda. Sebastián se colgó la acústica y pidió “Abrime los ojos”, antes de tocar esa canción, con pasaje para Mila y solo de Valen.
De “El cantar de los anzuelos” fueron a “La vida cura”, entre imágenes de una deidad de seis pechos, sumando colores celtas entre el violín y el acordeón. Camila tomó el centro, agradeció por lo construido juntos y tomó la voz líder en “Abrazame”, con ella misma como sacerdotisa en la pantalla.
A guitarra y violín saltaron a “Serenata de una ruta larga”, con otro solo del violero zurdo. Pasaron por la bailable pero sentida “Incandescente” (“las despedidas son por un rato”), con el violín surfeando el groove, y Valentín rematando en rol protagónico.
Las gargantas replicaron las estrofas de “Es por ahí”, disparadas por el vocalista desde la pasarela, entre las también coreables melodías de Santiago. La romántica “Esquina de la sombra” trajo más coros, y subieron con “Túnel de la vida”.
Seba hablo de los momentos que uno se debate entre “regalarse” o contar sus problemas antes de “Pulpo”, que arranca electrónica desde las teclas y el bombo y crece para llegar al estribillo con el “Estoy buscando tu ayuda”.
Salieron de la oscuridad con “Romance con el desapego”, invitando a saltar y corear desde el acordeón y el violín. Para el final quedó la emblemática “El riesgo”, su contrapunto vocal y el rubio fiddler ganando el pasillo.
Angelada
Ángela Torres salió al frente de un cuarteto de bailarines (tres chicos, una chica) más banda con vibráfono electrónico. Pequeña, simpática y querible, en vestido negro, botas y mitones de cuero, empezó con “Dondestanmisamigos” y siguió con “Friki”. Destacó lo contenta coquetear estaba de estar ahí antes de “Demasiado”.

“Hoy me comí una boga a la parrilla espectacular, aguante Santa Fe”. A los enamorados les dedicó “Vértigo”, entre escenas de infatuación famosas del cine (muy aplaudida).
Presento una canción “a la que vuelvo como un lugar seguro”: era “La vida rosa”, a pura secuencia bailable. “Esta la saben”, dijo, antes de “Ven conmigo (Solamente tú)”, de Christina Aguilera.
Se emocionó cuando corearon su nombre, y convocó a Kastiello en guitarra (hijo de Cucuza) para cantar “La niña de fuego”, del repertorio de su abuela Lolita. Sentados en la escaleta móvil (ahora puesta en el medio) Angelita peló sus dotes de cantaora flamenca con total solvencia.

En ese plan de homenajes se metió con “Qué ganas de no verte nunca más”, clásico en la voz de Valeria Lynch. Desde arriba de la escalera abordó la cumbiera “Sinvergüenza” (que supo hacer originalmente junto a Emanero, Karina y J-Mena).
“Quedan pocas, no quiero irme. La vida es una y está para vivirla”, dijo al contar el gusto que se iba a dar”: “Lloviendo estrellas”, del repertorio de Cristian Castro.
Volvió a lo suyo con “No me olvidés”. “Estoy por abrirme una barra e irme a Babasónicos”, largó antes de “Torpe” y “21 de agosto”. Recordó: “Hoy se cumple un año de mi primer show en el Teatro Margarita Xirgu. Eran 600 personas, pero fue el día más feliz de mi vida. Y hoy estamos con toda esta gente”.
Antes de cerrar con “Tu favorita” anticipó a capella “Mi nombre”, una canción pronta a salir. De ahí fue al hit, frente a los celulares que salieron a inmortalizar el momento, entre volutas de humo y papelitos en el borde de escenario.

Cancioneros veteranos
Adrián Dárgelos en traje de campesino ruso del siglo XIX, con collar de chamán) encabezó el comienzo de Babasónicos, sin buscar tanto impacto: fue con “Revelaciones aparte”, envuelta en las teclas de Diego Tuñón. Diego “Panza” Castellano tocó en la batería la base de la sinuosa “Tiempo off”, y empezaron a calentar motores con “Pijamas”, con los coros de Diego Uma.

Llegó “Yo anuncio” antes de “Fizz”, con Uma como multiinstrumentista, pasado al güiro metálico. Regresaron a los contoneos en “Miau”, viajando a “Las demás” y de ahí a “Risa” y “Once”. La guitarra vaquera de Mariano Roger trajo “El maestro”; hubo un amague de que venía “Putita” pero encararon “En privado” con sus sintetizadores etéreos.

Dieron el volantazo para la cruda y acelerada “Estoy rabioso”; “Advertencia”, con redoblante electrónico, Diego en palmas y percusión electrónica y Adrián metiendo bailecitos sugestivos; y “La pregunta”, un salto a una EDM oscura.
Mariano reivindicó el sonido analógico en “Mimos son mimos”, llevada por la gola de Dárgelos. La pegaron con “Paradoja”, cantada un poco para adentro; el segmento remató en “Como eran las cosas”.
Subieron el tempo y la intensidad con “Bye Bye”, y redondearon el tramo final con “Carismático”, en la primera excursión de Adrián a la pasarela, seguida de “Yegua”.
Se fueron del escenario, pero volvieron para un segmento de bises. Abrieron con “¿Y qué?” y eligieron para irse “El colmo”, con intimidad en las estrofas y su estribillo para arriba. Adrián fue el último en irse, pidiendo más ovaciones.
A bailar
El cierre de la velada quedó a cargo de Peces Raros, el proyecto que fusiona cierta idea cancionera con la música electrónica bailable, creado por Marco Viera y Lucio Consolo en voz, guitarra y sintetizadores; ahora en formación ampliada, con bajo o a cuatro teclados y batería, como en el caso de “Nada para siempre”.
En El Galpón, la Fiesta Polenta agitaba a pura “Danza Kuduro”. Así cerraba la primera jornada de un encuentro ya convertido en cita anual para diferentes expresiones musicales.








