Cantante lírica y popular, Cecilia Gauna tiene una historia de vida impactante. Integró el Coro Polifónico Nacional, el Coro Estable del Teatro Colón y cantó junto a Mercedes Sosa, Ariel Ramírez, Jairo, José Carreras, Néstor Marconi.
Una "Ofrenda" de folclore y luchas sociales
A veinte años de su debut discográfico, la cantante y compositora presenta su sexto álbum, con ocho canciones que enlazan las raíces del folclore argentino, la memoria familiar y las reivindicaciones ambientales y sociales.

Por si esos logros fueran pocos, editó discos musicalizando textos de poetas latinoamericanas y compuso canciones propias sobre ritmos del folclore argentino. Se dejó influir por el jazz y buscó nuevas sonoridades.
El primer día de este mes de octubre, puso a disposición del público “Ofrenda”, su sexto disco, que coincide con los 20 años de su disco debut. Incluye ocho temas propios y una versión a piano y voz de "Barro tal vez" de Luis Alberto Spinetta.

En el nombre del padre
En sus composiciones, homenajea a referentes como el Cuchi Leguizamón y Manuel Castilla, reivindica el carnaval jujeño, pone en valor los humedales, rinde homenaje a las infancias originarias, a su padre y a Deolinda Carrizo, dirigente del Movimiento Campesino de Santiago del Estero.
"Fui descubriendo desde que comencé mi camino como cantautora, que me interesaba mucho el trabajo artístico de las mujeres poetas, así como la historia de sometimiento y exterminio de nuestros pueblos originarios, tema que toqué en mi segundo disco", dijo en una entrevista.
"También en ese disco el Cuchi Leguizamón, Raúl Carnota y Atahualpa fueron mis referentes con su música. Sin embargo, con la pandemia empecé a interesarme más en los temas referidos a los desmontes, al extractivismo minero y la lucha de las mujeres por defender sus territorios", añadió.

"Mi padre, entrerriano de La Paz, me dejó su amor por la naturaleza y la lectura. Todas las canciones de 'Ofrenda' se unen en este agradecimiento a quienes me han conmovido por su resistencia y su arte", señaló luego.
Una cuna para proyectarse
-En tus discos anteriores exploraste el jazz, la música experimental y las sonoridades electrónicas. En Ofrenda hay un regreso al folklore. ¿Hubo algo de tu propia búsqueda musical que necesitabas recuperar y que hasta ahora había quedado en segundo plano?
-El folklore es mi cuna. Lo canto desde niña. Siempre aparece, aunque no me lo proponga cuando compongo o improviso, solo que me gusta transitar otros caminos.
Desde que empecé a estudiar canto y piano de adolescente, tomé contacto con la ópera, la música electrónica, el jazz, el rock y el blues. No hay segundos planos, solo van rotando mis búsquedas y se van renovando.
De lo íntimo a lo colectivo
-En el disco hay canciones que nacen de experiencias personales y otras que remiten a conflictos colectivos, como el desmonte o la defensa de los humedales. ¿Cómo trabajás para que esas preocupaciones no queden reducidas a un tema o un mensaje, sino que encuentren una forma genuina en la música?
-Cada tema que escribo nace de una conexión genuina, ya sea con una experiencia amorosa a nivel personal o colectiva en relación a conflictos ambientales, territoriales o de derechos humanos.
No sería capaz de escribir un tema como “Agua” o “Deolinda Carrizo” (dirigenta del Movimiento Campesino de Santiago del Estero) sin informarme exhaustivamente y conmoverme ante ciertas realidades que me cuesta entender por su alto grado de injusticia y crueldad.

No pretendo dar lecciones, ni mensajes, solo retratar en forma de canción lo que me atraviesa como ser humano que vive en este planeta y en este tiempo.
El desafío
-Transitaste ámbitos musicales muy diferentes, desde el Coro Estable del Teatro Colón hasta los proyectos de experimentación vocal. Después de veinte años de carrera solista, ¿hay algo que todavía te resulte incómodo, difícil o desafiante a la hora de cantar y componer?
-Si, busco un cantar y una composición mas despojados, que reflejen la sabiduría popular. Eso es realmente desafiante.








