El 25 y el 26 de julio de 1966, en el salón de actos del Colegio San José, un abogado y novelista subió a un estrado santafesino para hablar de la novela y de Dios. Se llamaba Federico Peltzer, tenía 42 años y ya había publicado "Tierra de nadie", la obra que en 1955 le había valido el Premio Emecé.
Federico Peltzer en Santa Fe: el escritor que habló de Borges, Dios y el futuro de la novela
Entre el 25 y el 26 de julio de 1966, el autor de “Tierra de nadie” brindó dos conferencias y una extensa entrevista a El Litoral. En ambos casos, reflexionó sobre literatura, religión, el centralismo cultural y el compromiso del escritor.

El Litoral registró el paso de aquel escritor porteño por la ciudad, invitado por el Colegio de la Inmaculada Concepción, en una crónica y una entrevista.
Quién era Peltzer en 1966
Cuando llegó a Santa Fe, Peltzer era juez, profesor de Introducción a la Literatura en la Universidad del Salvador y crítico literario, además de colaborador de La Nación. Había publicado "Tierra de nadie" (1955), "Compartida" (1958) y "Con muerte y con niños" (1961), y tenía lista para editar en Emecé una nueva novela: "La noche".
Llegaría a ser miembro de la Academia Argentina de Letras y a sumar distinciones como la Faja de Honor de la SADE, la Pluma de Plata del PEN Club Internacional y el Konex de Platino. Pero en julio de 1966, era un narrador en maduración, admirador de Jorge Luis Borges, Eduardo Mallea, Marco Denevi y Carmen Gándara.

Una biografía de la novela
La primera disertación, según consignó El Litoral, propuso lo una "pequeña biografía de la novela", un recorrido desde sus formas más antiguas hasta la narrativa contemporánea.
Peltzer explicó las causas de la aparición tardía del género y el desdén con que preceptistas y autoridades lo recibieron en sus orígenes, al punto de adoptar medidas para frenar su difusión.
El eje de la charla, sin embargo, estaba en otro lado. Peltzer describió cómo el escritor había pasado de una humildad inicial a ejercer una tutela casi absoluta sobre el lector, "especie de dios omnisciente".
Para luego ceder terreno a lo que él mismo llamó "la hora del lector", el llamado a la colaboración del público que identificaba como rasgo distintivo de la narrativa contemporánea.

Pese a los pronósticos que anunciaban el agotamiento del género, Peltzer sostuvo que seguiría vigente por una necesidad humana, la de proyectar en personajes imaginarios los deseos frustrados, la sed de aventuras y el desencanto.
Dios en la narrativa argentina
La segunda conferencia llevó como título "Dios en la narrativa argentina". Peltzer planteó un fenómeno que consideraba cada vez más frecuente en la literatura contemporánea, la presencia creciente de lo religioso.
Advirtió que en América ese tema resultaba poco habitual porque el hombre, todavía enfrentado a la lucha con el medio, disponía de poco tiempo para preguntarse por su destino trascendente.
Entre los precursores argentinos de esa búsqueda, se detuvo en Roberto Arlt, a quien reivindicó frente a la lectura que lo encasillaba únicamente como cronista de lo social, dejando de lado su dimensión metafísica.

Analizó en detalle "El banquete de Severo Arcángelo", de Leopoldo Marechal, y la obra de Carmen Gándara, antes de recorrer una generación más joven: Héctor A. Murena, David Viñas, Dalmiro Sáenz, Ada Donato y María Esther de Miguel.
Cerró la charla vinculando la soledad, tema central de la literatura de su tiempo, con una posible necesidad del hombre contemporáneo de escuchar el llamado de Dios.
La entrevista
El 30 de julio, El Litoral publicó el diálogo que había mantenido con Peltzer. Consultado sobre qué representaba "Compartida" para él, el escritor respondió: "representa un pasado que me es querido, como nos pasa siempre a los escritores. Un escritor siempre se libera de algo con sus libros. Clausuré una etapa".
Sobre el Premio Emecé que lo había dado a conocer afirmó que "fue la apertura de un mundo, pues, gracias a él, pude hacerme conocer. Antes de 'Tierra de nadie' no había publicado nada". Y defendió el rol de los concursos literarios como una vía de acceso a la publicación para autores desconocidos.

Ante la pregunta sobre el escritor del interior frente al de Buenos Aires, sostuvo que Buenos Aires era "un monstruo que absorbe", y advirtió sobre el riesgo de una literatura excesivamente ciudadana en un país rico en temas regionales.
Le llamaba la atención, dijo, que la Argentina no tuviera una novelística regional tan desarrollada como la de México, Perú o Brasil, "una novela muy unida al suelo".
Consultado por el concepto de "escritor comprometido", entonces en pleno debate en la cultura argentina, Peltzer dijo que "ningún escritor puede dejar de estar comprometido con su tiempo, con el hombre y sus problemas”.
"Para mí no hay literatura comprometida. Para mí están tan comprometidos Borges como Sábato. El escritor es testigo y testigo es el que ha visto algo y lo refleja".

Paz y amigo
La entrevista terminaba con un pedido inusual: que Peltzer definiera las palabras "paz" y "amigo". "La paz es un don, el don evangélico por excelencia. No es conformidad. Es una meta que se alcanza con la dicha", dijo el escritor.
Sobre el amigo, subrayó que "es alguien capaz de adivinarnos la soledad y de vivirla con nosotros, de darnos o pedirnos todo aunque ese todo se vista de nada".
Federico Peltzer murió en Buenos Aires el 3 de agosto de 2009 y sus restos descansan en el Cementerio de la Recoleta. Su paso por Santa Fe quedó fijado en las páginas de El Litoral como fragmento de una conversación más amplia del siglo XX cultural argentino.








