Cada 17 de mayo, el calendario ambiental nos invita a reflexionar sobre el reciclaje y cómo pensar un planeta más verde. Sin embargo, mientras las góndolas se llenan de productos envueltos en capas innecesarias de plástico, surge una verdad incómoda: el reciclaje es apenas un parche en un sistema diseñado para el descarte.
Día Mundial del Reciclaje: por qué "separar la basura" ya no es suficiente para salvar el planeta
En el marco del 17 de mayo, el ingeniero químico Hugo Notaro advierte que si bien los residuos son un problema acuciante, reciclar es un "parche" para un problema sistémico. Con una tasa global de recuperación que no alcanza el 10%, la urgencia vira hacia rediseñar productos y servicios para el consumo, y así que el residuo deje de existir antes de llegar al cesto.


En diálogo con El Litoral, el ingeniero químico y especialista en Gestión Ambiental, Hugo Notaro, advirtió que centrar la discusión solo en qué hacemos con el residuo es "llegar tarde". Para el experto, el corazón de la sostenibilidad no está en la gestión de la basura, sino en la economía circular, un paradigma que propone eliminar el residuo antes de que se produzca.

El reciclaje como "final de tubería"
La creencia de que reciclar es el pilar de la economía circular es uno de los errores conceptuales más comunes. Según Notaro, el reciclaje es la última estrategia, no la principal. "El reciclaje recupera una parte del valor de algunos los materiales, pero llega cuando el problema ya está generado. La economía circular apunta a pensar desde el diseño cómo evitar residuos y contaminación antes de que aparezcan", explicó.
Muchas veces el problema no es el material en sí —el plástico es versátil, higiénico y resistente— "sino la lógica de su uso", dijo Notaro. Según la ONU, cada año se producen en el mundo más de 400 millones de toneladas de plástico, la mitad de las cuales están diseñadas para utilizarse una sola vez. De esa cantidad, menos del 10% se recicla.
Se calcula que 11 millones de toneladas acaban cada año en lagos, ríos y mares, lo cual equivale aproximadamente al peso de 2200 torres Eiffel juntas. Además, el costo social y medioambiental anual de la contaminación por plásticos oscila entre 300.000 y 600.000 millones de dólares. Si la tendencia continúa, para 2050 habrá acumuladas más de 12.000 millones de toneladas de plásticos contaminando el entorno natural.

La ineficiencia de un modelo lineal
Los datos que manejan los especialistas son contundentes y revelan un modelo de producción "extraer-producir-tirar" que ha llegado a su límite. Un informe de la OCDE indica que entre 2000 y 2019 la producción mundial de plásticos se duplicó, alcanzando las 460 millones de toneladas anuales.
- 70% del plástico histórico fue diseñado para ser usado una sola vez.
- 1 millón de botellas de plástico se venden por minuto en el mundo.
- 40% de la producción se destina exclusivamente al packaging de alimentos, descartándose minutos después de su uso.
"Reciclar basura para hacer basura nueva no solucionará la crisis", sostiene Notaro. El especialista destaca que la industria ha logrado trasladar gran parte de la responsabilidad al consumidor, instalando la falacia de que todos los plásticos son reciclables cuando, en la práctica global, la tasa de recuperación no llega al 10%.

Hacia una verdadera circularidad
Para transformar esta realidad en el caso puntual de los envases y el packaging, el enfoque debe cambiar hacia el ecodiseño y nuevos modelos de negocio. Notaro propone tres ejes fundamentales:
- Sustitución estratégica: esto implica rediseñar envases para eliminar materiales de un solo uso.
- Modelos de reúso y refill: para fomentar sistemas de recarga que mantengan los envases en circulación.
- Circularidad real: innovar para que el material utilizado nunca pierda su valor económico ni funcional.
Aunque en Argentina el desarrollo de estas políticas es incipiente y enfrenta desafíos como la falta de financiamiento y marcos legales claros, el cambio también empieza en la góndola. "El consumidor tiene más poder del que cree. Elegir productos a granel, sueltos y con menos packaging o plásticos de un solo uso es un primer paso para dejar de correr atrás del problema", concluye el especialista.

El peligro invisible
Más allá de las islas de plástico que flotan en los océanos, existe una amenaza directa que ya ingresó al organismo humano: los microplásticos. Estas partículas microscópicas no solo alteran los ecosistemas, sino que ya fueron halladas en la sangre.
La evidencia científica reciente es contundente. Un estudio de la Universidad Médica de Viena reveló que los nanoplásticos pueden traspasar barreras biológicas y llegar al cerebro apenas dos horas después de ser ingeridos, aumentando el riesgo de inflamación y trastornos neurológicos. En paralelo, investigadores de la Università Politecnica delle Marche, en Italia, detectaron por primera vez estas partículas en leche materna, encendiendo las alarmas sobre el impacto de la contaminación en los recién nacidos.
Una botella que usamos durante 5 minutos tardará más de 200 millones de minutos en degradarse. La transición hacia un modelo circular ya no es una opción de innovación corporativa o un ideal ecologista; es, fundamentalmente, una necesidad de supervivencia.








