El recuerdo sigue intacto. Aunque pasaron cinco décadas, Mario Cáffaro todavía puede describir el impacto que provocó ver un avión de Aerolíneas Argentinas detenido en medio de los campos santafesinos. Tenía apenas 15 años cuando el Boeing 737 secuestrado por Montoneros descendió en una zona rural cercana a Angélica, Susana y Colonia Cello, tras el ataque al Regimiento de Infantería de Monte 29 de Formosa.
“Era la primera vez que veía un avión de cerca”: el recuerdo intacto del secuestro aéreo que conmocionó al oeste santafesino
El 5 de octubre de 1975 un Boeing secuestrado por Montoneros aterrizó de emergencia entre Angélica y Susana. Cincuenta años después, el periodista Mario Cáffaro revive cómo aquel episodio quedó grabado para siempre en la memoria de los pueblos rurales. .

La escena parecía imposible para aquella época. Un avión comercial en medio del campo, rodeado de caminos rurales, tambos y vecinos que intentaban entender qué había ocurrido. “Era la primera vez que veía un avión de cerca”, recordó Cáffaro en diálogo con El Litoral, reconstruyendo una historia que todavía hoy mezcla memoria, impacto y leyenda popular.

Aquel 5 de octubre de 1975 la Argentina atravesaba uno de los momentos más violentos y convulsionados de su historia reciente. El secuestro del avión formó parte de un operativo coordinado por Montoneros luego del ataque al regimiento formoseño. Pero en el oeste santafesino la dimensión política del episodio quedó eclipsada por otra imagen: la de una enorme aeronave detenida durante años en medio de una cañada.
Un avión en medio de los tambos
Cáffaro recuerda que cursaba tercer año de la secundaria y que escuchó las primeras noticias por radio. Sin embargo, el verdadero impacto llegó días después, cuando empezó a pasar cerca del lugar junto a su padre, que tenía un campo en la zona.

“Usábamos caminos rurales para llegar y siempre pasábamos enfrente. Más de una vez le pedí a mi viejo parar para ver cómo era eso. Lo veíamos de lejos, en medio del potrero, pero ahí estaba el avión”, contó.
La aeronave permaneció allí durante años por disposición judicial. Según recordó el periodista, el Boeing quedó retenido entre tres y cuatro años en esa zona rural ubicada al oeste de la Ruta 34 y cerca de la Ruta 19.
En aquellos pueblos pequeños, donde casi nunca se veía una aeronave sobrevolando tan bajo, la imagen se transformó rápidamente en tema obligado de conversación. “Era el comentario de toda la zona. Los tamberos, los rurales, todos tenían alguna historia de ese día", relató.

Entre la memoria y las leyendas
Con el paso del tiempo, el episodio empezó a mezclarse con rumores y relatos transmitidos de boca en boca. Cáffaro reconoce que muchas versiones nunca pudieron confirmarse, pero quedaron incorporadas a la memoria popular de la región.
“Todos tenían historias, pero eran fábulas, anécdotas que no tenían precisión histórica”, explicó. Entre esos relatos aparecía incluso la figura de un hombre oriundo de Angélica, señalado por algunos vecinos como uno de los supuestos responsables de marcar la zona para el aterrizaje clandestino.
“Eso es parte de la historia o de lo que cuentan los vecinos. Pero el avión cayó ahí y estuvo muchísimo tiempo”, insistió.
La falta de fotografías también terminó alimentando el carácter casi mítico del episodio. “Las cámaras eran muy limitadas y además nadie pensaba en sacar fotos. Todo quedó en el registro de la memoria”, recordó.

El impacto de una historia que todavía sobrevive
La escena del Boeing detenido en medio del campo se convirtió en una imagen imborrable para quienes vivían en esa región santafesina. En una época sin redes sociales, sin celulares y con escasa circulación inmediata de información, el episodio tomó dimensiones enormes entre los habitantes rurales.

“Vos te sentabas un sábado en un bar y todos tenían un relato distinto”, recordó Cáffaro. El secuestro aéreo, el aterrizaje improvisado y las posteriores versiones construyeron durante años una especie de relato colectivo que todavía hoy sobrevive entre los vecinos más antiguos.
A cincuenta años del hecho, aquella aeronave ya no existe en el paisaje. Tampoco quedan rastros visibles del aterrizaje. Pero el recuerdo sigue apareciendo cada vez que alguien menciona aquella tarde en la que un avión secuestrado rompió la tranquilidad del oeste santafesino y transformó para siempre la memoria de toda una región.









