Un reciente informe de El Litoral sobre los relojes públicos de la ciudad de Santa Fe derivó en una pregunta que costó encontrar respuestas: ¿Quién arregla estos aparatos? Fue así que en el marco del ciclo "Oficios", se buscó la palabra de Hugo Corti, un artesano del tiempo que le dedica su vida a las tuercas, las agujas y la mecánica.
Un artesano del tiempo: un relojero santafesino que desafía el olvido con precisión y pasión
En una nueva entrega del ciclo “Oficios”, un relojero santafesino repasa casi seis décadas entre engranajes, herencias familiares y una pasión que resiste al paso del tiempo.

Entre engranajes, herencia y vocación temprana
Con casi 60 años de trayectoria, su historia es la de un oficio que sobrevive. Entre relojes mecánicos, piezas diminutas y clientes que buscan recuperar recuerdos, su voz refleja experiencia y una convicción intacta.
—¿Cuántos años hace que sos relojero?
—Y casi 60. Tengo 60 y voy a cumplir 67. Empecé a trabajar a los 8 o 9 años. Toda la vida en esto.

—¿Cómo fue ese comienzo? ¿La profesión te encontró?
—Arranqué mirando a mi papá. Me fascinaban esos mecanismos. Un día le pedí un reloj para desarmar. Me dio un despertador, que era lo más grande y práctico.
—¿Y cómo te fue con ese primer intento?
—Mal. Lo armé mal y lo tiré contra la pared. Entonces le pedí un reloj de bolsillo. Ahí empecé de verdad, desarmando y armando. Después pasé a los más chicos.

Un oficio en riesgo, pero con futuro
El paso del tiempo no solo cambió la tecnología, también modificó la relación con los objetos. Sin embargo, la relojería resiste en nichos donde la memoria pesa más que la inmediatez.
—¿Cuándo empezaste a trabajar profesionalmente?
—A los 9 años ya arreglaba unos 10 relojes por día. Hacía desarme, limpieza y armado. La parte más delicada la terminaba mi viejo.
—¿Cómo evolucionó la relojería con los años?
—En los ‘60 y ‘70 llegaron los automáticos, los suizos y los japoneses. Los japoneses simplificaron todo: una sola máquina para varios modelos. Eso cambió el mercado.

—¿Y hoy, en un mundo descartable, qué significa reparar un reloj?
—Hoy hay muchos relojes sellados. No se pueden desarmar, hay que cambiar la máquina completa. Pero siguen existiendo los mecánicos y electromecánicos.
—¿Qué busca hoy la gente cuando llega a tu taller?
—Muchos traen relojes heredados. Del padre, del abuelo. Quieren recuperarlos. También hay fanáticos de los relojes antiguos. Y otros que prefieren lo clásico frente al smartwatch.

—¿Qué fue lo más difícil en tu carrera?
—Nunca me pasó de no poder solucionar algo. Siempre me gustó el desafío y la tecnología.
—¿Imaginaste que esto iba a ser tu vida?
—Sí, desde el principio. Igual hice otras cosas, pero la relojería siempre fue lo que me dio de vivir.

Una mirada hacia adelante
—¿Está en peligro el oficio?
—Sí, porque quedan pocos relojeros. Hay pocas escuelas. Antes habría una en Rosario y otra en Buenos Aires pero no sé cómo están hoy.
—¿Qué te enseñó tu papá más allá de la técnica?
—A trabajar y a ser honesto. Decir la verdad, hacer lo que corresponde y cobrar lo justo. Eso te sostiene toda la vida.

—¿La relojería tiene futuro?
—La mecánica no va a morir. Siempre va a existir. Hay un resurgimiento de lo vintage. La gente valora eso.
—Si pudieras volver atrás, ¿elegirías lo mismo?
—Sí. Es una pasión. Es un trabajo tranquilo, aunque sedentario. Pero vale la pena.









