Venezuela: abrirían el ingreso de familiares al penal donde está detenido Nahuel Gallo
Familiares de detenidos comenzaron a ingresar este domingo al penal El Rodeo I, en el estado Miranda, tras meses de restricciones. Allí permanece el gendarme argentino Nahuel Gallo y, en paralelo, continúan las liberaciones parciales en otras cárceles venezolanas. A las afueras del complejo, allegados sostienen vigilias en busca de información y contacto.
El caso del gendarme argentino Nahuel Gallo sigue bajo seguimiento diplomático.
Las rejas de la prisión El Rodeo I de Venezuela volvieron a tener un movimiento que no era habitual en los últimos meses: familiares de detenidos comenzaron a ser autorizados a ingresar al penal, en un contexto de tensión política y expectativa por nuevas excarcelaciones. El cambio, todavía con reglas poco claras, reactivó la esperanza de quienes esperan noticias desde la ruta.
El Rodeo I está ubicado en el estado Miranda y forma parte de un sistema penitenciario con fuertes restricciones para los presos considerados “políticos”. En esa cárcel está detenido el gendarme argentino Nahuel Gallo, cuyo caso se volvió un punto sensible para la relación bilateral y para el seguimiento internacional de las detenciones en Venezuela.
El Rodeo I, en Miranda, concentró vigilias en medio de la expectativa por visitas. Foto: Reuters
Puerta abierta
Según TN, la autorización de ingresos familiares se dio en una jornada marcada por la incertidumbre: listas incompletas, información fragmentada y horas de espera en las inmediaciones del penal. Para quienes llegaron desde temprano, el objetivo inmediato fue obtener una confirmación básica: saber si el detenido está allí, cómo está y si existe posibilidad de contacto real.
En otros centros de detención del país se vivió un clima similar durante los últimos días, con familias acampando o aguardando durante horas. La promesa de liberaciones alimentó la expectativa, pero el ritmo fue menor al esperado y sin un parte oficial que detalle cuántas personas serán excarceladas ni bajo qué condiciones.
El Rodeo I, en Miranda, concentró vigilias en medio de la expectativa por visitas. Foto: Reuters
Vigilia familiar
En El Rodeo I, la espera tiene rostros concretos. Entre quienes se instalaron en la zona figura la madre de María Gómez, pareja de Nahuel Gallo, que desde hace días permanece cerca del penal para intentar obtener información del gendarme argentino. La escena se repite: bolsas, agua, teléfonos y una rutina de ansiedad que depende de un permiso.
El gesto de permitir ingresos no despeja, por sí solo, las dudas que arrastra el caso. La posibilidad de visita puede ser episódica, limitada o condicionada a protocolos estrictos. En Venezuela, las familias describen sistemas de control que incluyen revisiones, cupos y tiempos de contacto que no siempre se cumplen, incluso cuando la autorización existe.
Liberaciones parciales
La apertura en El Rodeo I ocurre luego de excarcelaciones puntuales registradas en otras cárceles, como El Helicoide y complejos de Yare. Pero los números se mantuvieron bajos en relación con el universo de detenidos que organizaciones de derechos humanos contabilizan como presos políticos, un dato que mantiene la presión social en las puertas de los penales.
En las vigilias, el punto más duro es la falta de información: familiares que viajan cientos de kilómetros y pasan el día sin novedades, abogados que no consiguen confirmaciones formales y detenidos que, en algunos casos, se enteran tarde de los cambios políticos del país. En ese clima, una visita habilitada funciona como una señal mínima de vida.
Caso argentino
El nombre de Nahuel Gallo aparece en ese mismo mapa de incertidumbre. Su entorno insiste en que se trata de una detención arbitraria, con dificultades para acceder a datos sobre su situación y con períodos de incomunicación. En los últimos meses, la dinámica del penal y la ausencia de canales claros de contacto sostuvieron un escenario de angustia para sus allegados.
En las puertas de El Rodeo I, la pregunta es concreta y urgente: si esta apertura marca un cambio de etapa o si será un episodio aislado dentro de un sistema que, hasta aquí, funcionó con restricciones severas. Para quienes esperan, la visita no es un trámite: es la posibilidad de confirmar estado de salud, de entregar insumos y de sostener el vínculo humano en el encierro.