Guerra de gas y armas: el enfrentamiento entre Argelia y Francia que sacude a Europa
Tras la ruptura de relaciones diplomáticas, el gobierno argelino elevó el tono contra París con movimientos militares en la costa norte. El histórico conflicto por el pasado colonial y el apoyo francés a Marruecos en el Sahara Occidental detonaron una crisis que amenaza la estabilidad energética de Europa.
Lo que comenzó como una disputa retórica por la memoria histórica ha escalado hasta convertirse en el escenario prebélico más inesperado de 2026. Argelia, la potencia militar del Magreb, ha lanzado un desafío directo a Francia, posicionando unidades navales y sistemas de misiles en puntos estratégicos del Mediterráneo, en una clara señal de advertencia hacia el gobierno de Emmanuel Macron.
La tensión alcanzó su punto crítico tras la decisión de París de reconocer formalmente la soberanía de Marruecos sobre el Sahara Occidental, un territorio en disputa donde Argelia apoya al Frente Polisario. Para el gobierno argelino, este movimiento francés no solo es una traición diplomática, sino una amenaza directa a su seguridad nacional y a su influencia regional.
Una clara señal de advertencia hacia el gobierno de Emmanuel Macron. Crédito: Reuters.
El factor energético como arma de presión
Más allá del despliegue de tropas, Argelia cuenta con un arma que mantiene en vilo a Bruselas: el suministro de gas natural. En medio de un invierno europeo todavía dependiente de los hidrocarburos africanos tras el cierre de los grifos rusos, Argel ha amenazado con suspender los envíos a través de los gasoductos que conectan con Europa si Francia mantiene su postura "hostil".
"No permitiremos que se pisotee la dignidad de nuestro pueblo ni que se conspire contra nuestra integridad territorial", declararon fuentes militares argelinas, subrayando que sus fuerzas están en "estado de alerta máxima".
El conflicto no se limita a las costas del Mediterráneo. En territorio francés, la preocupación es máxima debido a la enorme comunidad argelina y de origen argelino.
El Ministerio del Interior francés ha reforzado la seguridad ante posibles disturbios, mientras que el Palacio del Elíseo intenta bajarle el tono a la confrontación, calificando los movimientos argelinos como "provocaciones desproporcionadas".
Sin embargo, para Argelia, la herida de la colonización y la guerra de independencia (1954-1962) sigue abierta. El gobierno de Abdelmadjid Tebboune ha utilizado este sentimiento nacionalista para unificar al país ante lo que consideran una "neocolonización" francesa a través de sus alianzas con Marruecos.
El factor energético como arma de presión.
¿Hacia una confrontación directa?
Aunque la OTAN observa con cautela, la posibilidad de un enfrentamiento armado directo en el Mediterráneo occidental dejaría de ser una fantasía si se producen incidentes navales en las rutas comerciales. Francia ha enviado patrullas de reconocimiento a la zona, mientras que los aliados europeos de París intentan mediar para evitar que el conflicto escale a una fase de no retorno.
La comunidad internacional mira con temor este "conflicto menos pensado", que une el trauma histórico con las ambiciones geopolíticas actuales, en una región que ya de por sí es un polvorín de tensiones sociales y económicas.