Irán afirmó este lunes que encara la segunda ronda de conversaciones nucleares indirectas con Estados Unidos, previstas para mañana en Ginebra, con iniciativas concretas orientadas a lograr un entendimiento “justo y equilibrado”.

El ministro de Exteriores iraní, Abbas Araghchi, aseguró que Teherán participa en la nueva ronda de negociaciones nucleares con Estados Unidos en Ginebra con propuestas “reales” para alcanzar un acuerdo, aunque advirtió que no aceptará amenazas ni exigencias que impliquen renunciar a su programa estratégico.

Irán afirmó este lunes que encara la segunda ronda de conversaciones nucleares indirectas con Estados Unidos, previstas para mañana en Ginebra, con iniciativas concretas orientadas a lograr un entendimiento “justo y equilibrado”.

“He venido a Ginebra con iniciativas reales para alcanzar un acuerdo justo y equilibrado. Lo que absolutamente no está en la agenda: rendirse ante las amenazas”, escribió Araghchi en la red social X, sin detallar el contenido de las propuestas.

El jefe de la diplomacia iraní llegó acompañado por un equipo que incluye expertos políticos, jurídicos, técnicos y económicos. Está previsto que mantenga un encuentro con el director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, junto con especialistas nucleares iraníes, para abordar cuestiones técnicas relacionadas con el programa atómico.
El encuentro se produce en medio de los pedidos del OIEA para inspeccionar instalaciones iraníes dañadas durante la reciente escalada militar con Israel y Estados Unidos, una solicitud que Teherán ha rechazado hasta ahora.
Antes del inicio formal de las conversaciones, Araghchi se reunirá con su homólogo omaní, Badr bin Hamad al Busaidi, cuyo país actúa como mediador en el proceso.

Desde Teherán, el viceministro de Exteriores, Majid Takht Ravanchi, señaló en declaraciones a la BBC que un acuerdo es posible si Washington actúa “con sinceridad”. No obstante, dejó claras las líneas rojas iraníes: rechazó la exigencia estadounidense de “enriquecimiento cero” y descartó cualquier negociación sobre el programa de misiles balísticos.

Irán, sin embargo, se mostró dispuesto a “examinar compromisos” en el ámbito nuclear, incluida la posibilidad de diluir el uranio enriquecido al 60 % —nivel cercano al 90 % necesario para uso militar—, siempre que Estados Unidos avance en el levantamiento de sanciones económicas.
En paralelo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, reiteró que cualquier acuerdo debería incluir límites estrictos al alcance de los misiles iraníes —no más de 300 kilómetros— y el desmantelamiento completo de la infraestructura de enriquecimiento, condiciones que Teherán considera inaceptables.
Desde Washington, el secretario de Estado, Marco Rubio, reconoció que alcanzar un acuerdo será “muy difícil”, aunque aseguró que la administración del presidente Donald Trump prioriza la vía diplomática.

Trump ha advertido en reiteradas ocasiones que podría ordenar un ataque militar si no se logra un entendimiento, y recientemente reforzó la presencia naval estadounidense en Oriente Medio con el envío de un segundo portaaviones.
Irán y Estados Unidos retomaron el diálogo el 6 de febrero en Mascate, capital de Omán, en su primer contacto tras la llamada “guerra de los 12 días”. Aunque ambas partes calificaron esa reunión inicial como “constructiva”, persisten diferencias profundas en torno al alcance del programa nuclear, el sistema de sanciones y el apoyo iraní a actores regionales armados.

La ronda de Ginebra aparece así como una prueba decisiva para medir si la diplomacia puede imponerse a la escalada de presiones y amenazas cruzadas en uno de los frentes más sensibles del tablero geopolítico global.