Benjamin Netanyahu reapareció este jueves y anunció que Israel se abstendrá, por el momento, de volver a atacar el yacimiento de gas South Pars, uno de los nodos energéticos más sensibles de Irán.

Benjamin Netanyahu aseguró que Israel frenará por ahora nuevos ataques sobre el yacimiento gasífero South Pars, después de un pedido de Donald Trump. También afirmó que Irán no puede hoy enriquecer uranio ni fabricar misiles balísticos.

Benjamin Netanyahu reapareció este jueves y anunció que Israel se abstendrá, por el momento, de volver a atacar el yacimiento de gas South Pars, uno de los nodos energéticos más sensibles de Irán.
La definición llegó después de que Donald Trump le pidiera postergar nuevas ofensivas sobre esa infraestructura, en un contexto de fuerte volatilidad en los mercados internacionales por el impacto de la guerra sobre el petróleo y el gas.
El primer ministro israelí también afirmó que Irán no tiene actualmente capacidad para enriquecer uranio ni para fabricar misiles balísticos. Esa evaluación fue presentada como parte de los resultados militares obtenidos por Israel y Estados Unidos durante las últimas semanas, aunque no todos los actores internacionales coinciden con ese diagnóstico sobre el programa nuclear iraní.
La decisión de pausar nuevos ataques sobre South Pars aparece vinculada al temor de una escalada todavía mayor en la crisis energética global. El primer bombardeo israelí sobre ese yacimiento ya había desencadenado una reacción iraní sobre instalaciones petroleras y gasíferas en distintos países del Golfo, con impacto directo en precios y abastecimiento.
South Pars no es un objetivo menor. Se trata de uno de los mayores yacimientos de gas del mundo y su afectación alteró de inmediato el tablero energético regional. El golpe israelí sobre esa zona abrió una nueva fase de la guerra, en la que la infraestructura de energía pasó a ocupar un lugar central dentro de la cadena de represalias.

En su conferencia de prensa, Netanyahu sostuvo además que Israel actuó solo en el ataque inicial sobre South Pars y rechazó las versiones según las cuales su gobierno habría presionado a Estados Unidos para empujarlo a la guerra con Irán. Según dijo, Trump toma decisiones exclusivamente en función de lo que considera conveniente para su país.
Ese punto aparece en medio de versiones cruzadas entre Washington y Jerusalén. Mientras públicamente Trump buscó tomar distancia del bombardeo sobre el gas iraní y dijo que había pedido no repetirlo, distintas informaciones conocidas en las últimas horas señalan que Estados Unidos al menos estaba al tanto del ataque antes de que se ejecutara.

La pausa sobre South Pars también deja ver una diferencia de enfoque entre Estados Unidos e Israel. Desde Washington, la prioridad viene siendo contener el impacto sobre el mercado energético y evitar una disrupción mayor en la región. Israel, en cambio, viene ampliando sus blancos y empujando una campaña más agresiva sobre la estructura militar, política y estratégica de Irán.
Esa lectura surge del contraste entre las declaraciones públicas y los hechos de las últimas jornadas.
Netanyahu, de todos modos, no bajó el tono general del discurso. Al hacer un repaso de los frentes abiertos por Israel en Gaza, Líbano, Siria e Irán, prometió transformar Medio Oriente “hasta hacerlo irreconocible” y planteó un horizonte regional completamente reconfigurado tras la guerra.
La postergación de nuevos ataques sobre South Pars no significa una desescalada general del conflicto. Lo que queda en pausa, según lo expuesto por Netanyahu y Trump, es un tipo muy específico de operación sobre un punto energético especialmente delicado, después de que su bombardeo inicial desatara una ola de represalias y encendiera nuevas alarmas globales.
En ese marco, la atención internacional quedó dividida entre dos planos: por un lado, el militar, donde Israel insiste en que degradó capacidades centrales de Irán; por otro, el energético, donde cualquier nuevo golpe sobre gasoductos, refinerías o puertos puede seguir empujando la crisis. La pausa sobre South Pars busca contener ese segundo frente sin alterar la lógica general de la ofensiva.