Una pareja de influencers y contratistas radicada en Estados Unidos quedó en el centro de un escándalo judicial tras admitir que estafó a decenas de familias con falsas promesas de remodelación y construcción de viviendas.

Un matrimonio de influencers de Texas reconoció ante la justicia haber defraudado a decenas de clientes con promesas de renovaciones y construcciones de casas que nunca completaron, en una estafa de casi cinco millones de dólares que dejó hogares incompletos y familias en crisis.

Una pareja de influencers y contratistas radicada en Estados Unidos quedó en el centro de un escándalo judicial tras admitir que estafó a decenas de familias con falsas promesas de remodelación y construcción de viviendas.
El caso, que tuvo lugar en Texas, reveló un esquema fraudulento que afectó al menos a 40 hogares y provocó pérdidas cercanas a los cinco millones de dólares, además de graves consecuencias emocionales y económicas para las víctimas.

La pareja se presentaba en redes sociales como especialistas en renovación de casas, con publicaciones cuidadas, videos de obras y un discurso que transmitía profesionalismo y éxito. A través de esa imagen, lograron captar clientes interesados en remodelar o construir sus viviendas.
Los presupuestos competitivos y la promesa de resultados rápidos resultaron claves para generar confianza y cerrar contratos.
Sin embargo, detrás de la fachada digital se ocultaba un sistema de engaño. Las familias abonaban importantes sumas por adelantado para iniciar los trabajos, pero las obras avanzaban poco o directamente quedaban inconclusas. En algunos casos, apenas se realizaban tareas básicas antes de que los contratistas desaparecieran o dejaran de responder.

Las consecuencias del fraude fueron devastadoras. Varias familias quedaron con casas a medio construir, sin servicios esenciales o con estructuras inseguras que les impidieron habitarlas. Otras debieron afrontar gastos adicionales para reparar daños, contratar nuevos profesionales o, incluso, alquilar una vivienda mientras intentaban resolver su situación.
Para muchos afectados, la estafa significó la pérdida de ahorros de toda una vida y la imposibilidad de concretar el sueño de la casa propia. El impacto no fue solo económico, sino también emocional, con familias sumidas en la incertidumbre y el estrés.

Según la investigación judicial, gran parte del dinero recibido no fue utilizado para comprar materiales ni pagar mano de obra. En cambio, los fondos habrían sido destinados a gastos personales, lujos y consumo cotidiano, mientras los clientes esperaban avances que nunca llegaban.
El esquema se sostuvo durante meses gracias a la constante captación de nuevos clientes y a la imagen de éxito que la pareja mantenía en redes sociales, donde continuaban promocionando proyectos y mostrando un estilo de vida próspero.

El caso volvió a poner en debate el papel de las redes sociales como herramienta para generar confianza sin controles formales. La exposición digital, los seguidores y la estética cuidada funcionaron como una carta de presentación que muchos clientes tomaron como garantía de seriedad, sin verificar antecedentes profesionales ni licencias.
Especialistas advierten que este tipo de estafas evidencia los riesgos de contratar servicios costosos basándose únicamente en la reputación online.
Tras admitir su responsabilidad ante la justicia, la pareja enfrenta cargos federales por fraude y conspiración, delitos que podrían derivar en penas de prisión. Mientras se espera la sentencia, las autoridades buscan mecanismos para resarcir, al menos parcialmente, a las familias afectadas.
El caso se convirtió en una advertencia sobre la necesidad de mayor control, transparencia y precaución frente a ofertas que, aunque atractivas, pueden esconder engaños de alto costo.