Dos peces remo, una especie extraña y poco habitual en la superficie, aparecieron varados en una playa de Cabo San Lucas y sorprendieron a un grupo de turistas que caminaba por la orilla del mar. El hallazgo fue registrado en video y rápidamente se convirtió en un fenómeno viral por el tamaño de los animales y por la fama inquietante que rodea a esta especie.
Según los reportes difundidos por medios internacionales, dos hermanas fueron quienes advirtieron primero un brillo extraño en el agua. Al acercarse descubrieron a uno de los ejemplares y, poco después, notaron que había un segundo pez sobre la arena, también en dificultades. Con ayuda de otros presentes, lograron empujarlos nuevamente hacia el mar.
El episodio llamó todavía más la atención por la rareza del pez remo, un animal de cuerpo alargado, plateado y con cresta rojiza, que habita en aguas profundas y que muy pocas veces se deja ver cerca de la costa. Esa condición excepcional fue uno de los factores que disparó la repercusión del video en redes sociales.
No pasó mucho tiempo antes de que reapareciera la leyenda. En Japón, al pez remo se lo conoce desde hace tiempo como un presunto mensajero de terremotos o tsunamis, una creencia popular que volvió a circular con fuerza cada vez que uno de estos ejemplares aparece fuera de su hábitat natural. Por eso, el hallazgo en México fue leído por muchos usuarios como una posible señal de desastre inminente.
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El increíble hallazgo de dos peces remo que sorprendió en MéxicoSin embargo, la explicación científica va en otra dirección. Verificadores y especialistas señalaron que no existe evidencia que respalde una relación entre la aparición de estos peces y fenómenos geológicos. En la misma línea, un análisis estadístico difundido por la Seismological Society of America concluyó que la supuesta asociación entre peces de aguas profundas y terremotos no puede confirmarse y responde más a una correlación ilusoria que a una señal real.
Las hipótesis más aceptadas apuntan a otras causas: desorientación, debilidad, cambios en la temperatura del agua o alteraciones en las corrientes marinas. Aun así, cada nuevo avistamiento reactiva el mismo mecanismo: fascinación por una criatura poco común, circulación masiva en redes y un renovado choque entre la superstición y los datos. Esta vez, todo ocurrió con dos ejemplares a la vez y con una playa mexicana como escenario.